lunes, 25 de marzo de 2013

¿Balas o votos?


FARC en el monte o FARC en la Política.


No se termina aún de negociar el tema de la participación política de las FARC en la agenda de los negociadores de la Habana y ya muchos se están rasgando las vestiduras ante la posibilidad de que los miembros de este grupo subversivo se sienten en nuestro desprestigiado Congreso de la República.

No sería nuevo. Ya miembros del M-19 han ocupado curules en el Congreso, alcaldías, gobernaciones y 19 de ellos hicieron parte de los 72 constituyentes que redactaron nuestra Constitución actual. Y, a decir verdad, salvo contadas excepciones, no lo han hecho mal. Nadie sensato puede decir que era mejor cuando estaban en la clandestinidad tratando de imponer sus ideales por la fuerza, que ahora cuando lo hacen por medio de discursos y votos. Navarro en Nariño y Petro en Bogotá, como ejecutores, se han caracterizado por encabezar férreas campañas contra la corrupción, lo que les ha valido campañas de desprestigio y críticas de sectores afines con el clientelismo y las mafias de la contratación que han atacado. Desde el Congreso Gustavo Petro fue quien denunció la parapolítica y el Carrusel de las Contrataciones, organización criminal orquestada por los hermanos Samuel e Iván Moreno destinada a saquear a la Capital. Petro y Navarro podrán tener desaciertos y crear controversia en ciertos temas pero nadie los puede acusar de corruptos o de patrocinar grupos violentos. En la derecha, paradógicamente, milita también, sin escándalos de por medio, el exguerrillero del M-19 Everth Bustamante quien ha sido Alcalde de Zipaquirá, director de Coldeportes, Alto Consejero del gobierno del expresidente Uribe y hoy integrante de la lista al Senado por el partido Centro Democrático. También en el Uribismo ha militado el exguerrillero del M-19 Rosemberg Pabón, célebre por encabezar la toma de la Embajada de la República  Dominicana en Bogotá a comienzos de los 80. Ateniéndonos a los registros, podemos decir que todos estos exguerrilleros han desempeñado con honestidad y responsabilidad los cargos que la vida pública y democrática les ha brindado.

Nadie puede vaticinar cómo sería el comportamiento de los miembros de la cúpula de las FARC en la política pero se supone que si aceptan las reglas del juego democrático después de abandonar la lucha armada, estarán ceñidos a la Constitución Nacional. Mal harían en convertirse en el tipo de políticos que los impulsaron a constituirse en fuerza armada. Porque recordemos, las FARC no nacieron de la nada. En 1.964, cuando se fundaron, los campesinos clamaban por un pedazo de tierra en manos de terratenientes y familias prominentes de la clase política; la injusticia social y la corrupción cabalgaban sobre los pobres de Colombia y la democracia estaba cerrada para las ideas de izquierda que, por aquella época se expandían por el mundo de la mano del comunismo, por cuenta de un acuerdo excluyente entre Conservadores y Liberales para repartirse el poder durante 20 años. Quiere decir que el Frente Nacional (Alternancia del poder cada cuatro años entre conservadores y liberales entre 1.958 y 1.978) que para muchos sirvió para pacificar al país, se convirtió en un remedio peor que la enfermedad. Porque si bien es cierto apaciguó las disputas entre liberales y conservadores, cerró el espectro democrático a la izquierda, lo que provocó la conversión de grupos de izquierda, en grupos guerrilleros. Consecuencia lógica de no poder participar en política con posibilidades electorales. 

Luego, en franca lógica y echando mano de un silogismo sencillo (Si no hay Frente Nacional no hay guerrillas y si no hay guerrillas no surgen los paramilitares) podríamos endilgar al Frente Nacional gran parte de la culpa de lo que ha sucedido en Colombia en los últimos 40 años.

Por eso, particularmente no le temo a la participación de las FARC en juego electoral. En lo que no estaría de acuerdo es en la asignación de curules automáticas como sucedió en el pasado como consecuencia de los procesos de paz con el EPL y el grupo Esperanza Paz y Libertad.  Si quieren curules que las obtengan democráticamente, conquistando votos. Y el que no los quiera ver sentados en el Congreso, una alcaldía, una gobernación o en la misma silla presidencial, sencillo: No vote por ellos.

Pero es claro que nadie abandona una lucha armada de 49 años para endosar sus ideales a la historia. Las FARC querrán seguir en la lucha para llevar a buen fin sus postulados y saben que esta vez, las garantías son mayores. Ya no existen los Gacha, Escobar y Castaño´s depredadores y genocidas de todo lo que oliera a izquierda. Las épocas han cambiado. El mundo, léase Cortes Internacionales de Justicia, ya están al tanto de lo sucedido y no van a permitir que la historia se repita. El Ejército y la Policía como instituciones están más depuradas y las épocas de generales rescatando paramilitares y oficiales apoyando paramilitares son cosa del pasado. Esperamos de buena fe que así sea.

Con sinceridad, si nos despojamos de odios y sectarismos, cerrando los ojos para visualizar el futuro de nuestros hijos, es un millón de veces mejor que la guerrilla haga política a que haga guerra. Un millón de veces mejor que echen discursos a que echen bala. Un millón de veces mejor que traten de conquistar votos por medio de la persuasión a que conquisten pueblos por medio de cilindros bomba y de terror.

Para los más recalcitrantes opositores de esta posibilidad les queda de consuelo que los exguerrilleros no irían, precisamente, a ocupar una silla digna en un templo puro. Van para el Congreso de la República y si les sirve de consuelo, ese es el nido de ratas más grande que tiene Colombia.

Para los defensores de la iniciativa, sería en justicia, una reivindicación. El genocidio de casi 7.000 miembros de la UP (Unión Patriótica) orquestada por grupos paramilitares con la complicidad de varios sectores de las Fuerzas Armadas merece una reparación. Y qué mejor que devolverles la personería jurídica como partido político (iniciativa del MIRA) ahora que el umbral amenaza con dejar a varios movimientos por fuera del espectro democrático.

Uribistas, reflexionen. No se dejen llevar por el odio. Es cierto que la guerrilla ha matado y secuestrado gente, es cierto que han sembrado el terror en muchas partes del país y que han matado inocentes en masacres como lo hizo el ELN en Machuca (84 muertos) o las FARC en el Club El Nogal (36 muertos) y Bojayá (119 muertos), pero si nos vamos de inventario, las cifras de la ultraderecha son más macabras: 1.046 masacres (Vegachí, Mutatá, Segovia, Sabanalarga, El Retiro, Miraflores, Tocaima, Honduras, la Negra, Dabeiba, Tierralta, Tibú, Chengue, El Naya, Yolombó, Yarumal, Urrao, Ovejas, El Salado, Mapiripan y otras miles); 25.747 asesinatos, 3.599 desapariciones forzadas, 1.618 casos de reclutamiento ilícito, 11.172 desplazamientos forzados, 1.916 secuestros, 1.078 extorsiones, 3.929 fosas comunes con sus respectivos miles de cadáveres dentro y 96 casos de violación sexual (datos de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación) aunque en la realidad estas cifras pueden estar por encima de lo confesado  en Justicia y Paz.

De modo que si es por odio, tanto la izquierda como la derecha tienen motivos suficientes para odiarse. Si es por cifras, no se sabe entre las guerrillas y los paramilitares quien mató más civiles. Si es por tierras, no se sabe cuál de las dos facciones despojó a más campesinos. Si es por desplazamientos, no se sabe cuál desplazó a más familias de sus parcelas. Si es por narcotráfico, tanto unos como los otros se metieron al negocio de envenenar gente a cambio de dólares. Luego el único camino es el perdón. No hay inocentes en este proceso salvo las víctimas a quienes el gobierno, mal o bien está reparando. Recordemos que el anterior gobierno se opuso y se sigue oponiendo a esta ley.

No hay otro camino posible para lograr una paz verdadera, duradera y sincera que apoyar decididamente la reparación integral de las víctimas, apoyar el regreso de los campesinos a sus tierras y apoyar el proceso de paz en la Habana con la segura mutación de las FARC en grupo político.

Como siempre, estaremos en el medio, esperando que nos puteen los de un lado y los del otro por lo que decimos, por revivir la historia antes de que se desdibuje, se esfume por intereses oficiales o se sesgue entre intereses partidistas. Desde Manos Limpias seguiremos llamando a la unidad, pidiendo que cese el odio, luchando para que los políticos mezquinos no nos dividan. Porque en este país no tomar partido, no ser radical, estar al lado del camino de esos intereses apasionados, es un delito peor que haber sido paramilitar o guerrillero.

Sí al perdón, a la verdad, a la paz, a la reparación de las víctimas tanto de izquierda como de derecha, al reintegro de la tierra a los desplazados, a la tranquilidad. No a la guerra, a la muerte, a la mentira, al odio, al revanchismo. Fin a una guerra que el próximo 9 de abril cumple 65 años y que ha cobrado la vida de por lo menos 1 millón de colombianos. Aceptemos el juego democrático. Al fin de cuentas es el menos imperfecto de todos los sistemas de gobierno.  Más bien dediquemos nuestras energías a derrotar a los causantes de la violencia.  Los que se han repartido el país mientras como imbéciles nos odiamos. Solo unidos, podremos derrotar a los culpables de que existan grupos guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes y  delincuentes comunes: Los políticos corruptos que se roban la educación de esos niños que cuando grandes, sin posibilidades ni oportunidades terminan enrolados en estos grupos.  Pensemos en Colombia, no en sus políticos mezquinos. Pensemos en nuestros hijos y en el país que les estamos dejando. Que la historia no nos juzgue, como a las pasadas, de ser una generación pusilánime frente al delito. La generación que legitimó con sus votos a los corruptos que están acabando con el País. Seamos la generación que construyó la paz para Colombia y no la generación que la obstruyó y postergó por un odio pendejo y pasado de moda, inoculado a través de tuits.

jueves, 14 de marzo de 2013

La violencia en TV


¿Apología o pedagogía?

1   Sobre estigmatización a la universidad pública.

He sido un defensor de la educación pública, desde siempre. De hecho me eduqué en escuelas y colegios públicos. Desde la fundación Manos Limpias que presido y desde mis cuentas personales en Tuiter y Facebook apoyé sin descanso a los estudiantes, agrupados en la MANE, en su empeño justo de tumbar el proyecto de reforma a la Ley 30 que prácticamente, con el pretexto de más recursos, privatizaba la educación. Incluso y de esto pueden dar fe ellos, asistí, disponiendo de un tiempo que no tengo, y por pura vocación y convencimiento, a dos de las tres marchas que hicieron en contra de la ley 30.  Mis tuits sobre el tema, los pueden revisar, siempre reclaman educación gratuita con calidad y cobertura. Lo anterior no me impide hacer críticas sobre cosas que no funcionan bien en la educación pública. Una de ellas, el aprovechamiento que hacen de nuestras aulas los violentos, llámense de izquierda o de derecha para crear desestabilización. Por eso me sorprende que pongan el grito en el cielo cuando en la serie reproduzco una escena de una revuelta de estudiantes contra la policía en la que se emplean papas bomba. ¿Qué hubiera pasado si esta escena la recreo en la Universidad Pontificia Bolivariana o en la Universidad Javeriana? Obviamente hubiera tenido la protesta de las directivas de estas entidades y la pérdida de credibilidad de la trama.

No tengo nada contra las personas que manifiestan su inconformismo con métodos violentos pero no los comparto. Cuando estaba en bachillerato lancé piedras contra los trolebuses del distrito en Bogotá, llevado por mi inmadurez y porque aún no construía una personalidad y un discurso frente a la vida, la violencia y la revolución.

Ya en mi adultez y luego de comprender que por la fuerza no se consigue nada bueno, he manejado un discurso pacifista. Por eso, dentro de la misma serie, construí varios personajes que se oponen a la violencia como método para alcanzar objetivos. Si los críticos no los vieron ahí están los capítulos para que los vean. Entre otras cosas dicen: “Yo también quiero hacer una revolución, yo también quiero cambiar las cosas pero no creo que las armas sean el camino”, “Quien le dijo a usted que tirar piedra lo hace a uno guerrillero” o, lo que dice el personaje Aurelio al morir “Profesor sin violencia es mejor”. Es una lástima que no hayan percibido este discurso y sólo se hayan enfrascado en criticar esos puntos que despertaron su susceptibilidad. 

Les pregunto a estos críticos. Cuando alguien dramatice el caso Colmenares dirá que los implicados en esa muerte son estudiantes de la Universidad de los Andes o inventará que los implicados estudian en la Universidad de la Sabana?. Me aventuro a creer que en sana lógica, el escritor dirá la verdad, primero porque está obligado a hacerlo y segundo porque su escrito perderá credibilidad. Esa misma disyuntiva se me presentó al momento de dramatizar el disturbio de la universidad y por eso, remitiéndome a la historia, a los hechos, a los acontecimientos de la época, la universidad donde se presentaban éstos era la Universidad de Antioquia. Ofrezco disculpas si algunos directivos y estudiantes se sintieron aludidos pero no podía faltar a la verdad escenificando esos disturbios en otra universidad donde, tradicionalmente, no ocurren estos hechos.

Sobre los alcances sociales de la serie.

Con respecto a las demás críticas, especialmente sobre el por qué de estas series en la televisión. Explico lo siguiente:

Hice esta serie buscando que los colombianos empiecen a comprender el conflicto. Comprender, distinto de entender. Comprender que las guerrillas nacieron en una época en la que la distribución de la tierra se hacia con métodos corruptos que favorecieron y convirtieron en terratenientes a familias involucradas en la política. Nacieron las guerrillas en una época de grandes y graves injusticias sociales. nacieron las guerrillas en una época en la que el comunismo dominaba medio planeta. Son hijas las guerrillas de la restricción democrática que impulsó el famoso y nefasto Frente Nacional, que pacífico a liberales y conservadores entregándoles alternadamente el poder pero sembró la semilla de la violencia que hoy, décadas después padecemos. Por esto y porque desde la política era imposible imponer las ideas, dada la restricción democrática que impuso el Frente Nacional es que nacieron las guerrillas. Y el país, quiéralo o no, debe comprender estas válidas razones.  De otro lado, debemos comprender, también, por qué nacieron los grupos paramilitares. Nacieron porque Esa guerrilla, cuyos orígenes acabamos de justificar, empezaron a secuestrarlos y a matarlos y a robar sus ganados y a sembrar el terror en el campo y carreteras al punto de alejarlos de sus fincas y propiedades. Es una verdad innegable que a mí como un hombre con pensamientos de izquierda no me duele reconocer. El estado fue incapaz de proteger a ganaderos y a agroindustriales por lo que estos, se vieron en la necesidad de crear sus propios esquemas de defensa, que, avalados por las nefastas “Convivir”, que legalizó sus armas y equipos de comunicación, terminaron convertidos en grupos paramilitares, apoyados por una parte de las Fuerzas Armadas, por varios directores de el DAS y, como lo demuestran los más de 60 congresistas sentenciados en el proceso por la parapolítica, por buena parte de la clase política corrupta de Colombia. De modo que estos señores que, en un principio, emergieron como la salvación para esa fracción de la población amenazada, terminaron convertidos en los verdugos de todo un país. El típico caso en el que el remedio resulta peor que la enfermedad. Tenemos pues, desde mi punto de vista, que no obliga al lector a compartirlo, que tanto guerrillas como paramilitares sí tuvieron una razón de ser. No nacieron estos grupos armados ilegales en Suiza, en Dinamarca o en Suecia, países estos con los mejores estándares de calidad de vida. Nacieron en un país tomado por la clase política corrupta. Nacieron en un país abusado por las mafias del poder. nacieron en un país donde los corruptos se roban la plata de su educación. Planteaba en días pasados en este tuit, el resumen de esta reflexión: “Colombia tiene 5 grandes enemigos: Narcos, Guerrilla, Paras, delincuentes comunes y corruptos, causantes de que existan los cuatro anteriores”.  Aunque el estatus de la guerrilla sea político y el de los paras simplemente delincuencial, los muertos que ponen ambos duelen. vengan de la ultra derecha, vengan de la ultra izquierda o vengan de la sociedad civil, todos los muertos deberían dolernos por igual.

De modo pues que, aunque nos cueste, desde nuestra orilla ideológica, comprender las razones que obligaron a muchos colombianos a engrosar las filas de grupos guerrilleros y paramilitares, debemos hacerlo si pretendemos algún día albergar en nuestros corazones esa dosis de tolerancia que hace falta para que alcancemos una paz verdadera, duradera y sincera.

Veremos entonces si al culminar los diálogos de Paz que se desarrollan en La Habana, la sociedad ya está lo suficiente madura como para aceptar lo que allí se acuerde, entre otras cosas, la posibilidad de que los guerrilleros participen en política electoral. Y tendremos que decidir si los preferimos en el monte

Sobre si la TV, es la causante de la mala imagen de Colombia en el exterior.

Muchos creen que la televisión es la causante de la violencia en Colombia. De hecho llegan a la postura simplista de culpar a los escritores de lo que pasa en Colombia y de la mala imagen de nuestro país en el exterior. Según estos expertos y filósofos, no son los secuestradores sino Sergio Alvarez con su novela “La lectora” el causante de la mala imagen de Colombia en el exterior. No fueron los marimberos de la época sino Juan Gossain con su novela “La Mala Hierba” el causante de la mala imagen de Colombia en el mundo. No fue Pablo Escobar sino García Márquez y Alonso Salazar con sus obras “Noticia de un Secuestro” y “La Parábola de Pablo”, los causantes de la mala imagen de Colombia en el Exterior. No son los narcotraficantes sino Fernando Vallejo con su obra “La Virgen de los Sicarios” y El suscrito con “Sin tetas no hay Paraíso” los causantes de la mala imagen de Colombia a nivel internacional. 

Hasta donde yo sabía, la mala imagen se la dan a los países sus peores hijos. No escritores, guionistas o periodistas. Si en un tiempo Alemania fue estigmatizada y hasta odiada no fue por los historiadores y directores de cine y escritores que convirtieron el Holocausto Judío en libros, películas y seriados de televisión, sino por Adolfo Hitler, el responsable de este genocidio. Podría enumerar muchos casos para decir que en Colombia, y lo afirmo con categoría, no somos los escritores, guionistas, periodistas y directores de cine y televisión los causantes de esa mala imagen. Esa mala imagen la dan los políticos corruptos, los mas de 100  congresistas que han desfilado por las cárceles en las últimas décadas, los narcotraficantes capturados en muchos países, la guerrilla con sus atentados terroristas y secuestro de colombianos y extranjeros, los paramilitares con sus masacres y la infiltración que hicieron de todo el estamento. Esa mala imagen la dan los más de 18 mil presos colombianos que pueblan las cárceles de todo el mundo.


Sobre si la TV, como industria privilegia este tipo de temáticas.

Al respecto tengo que decir, primero que no es cierto que la televisión sea modelo de imitación para los delincuentes.  Si lo fuera, Pablo Escobar, Chepe Santacruz, Los hermanos Rodríguez Orejuela, El hombre del Overol y cuanta figura siniestra irrumpió en los años 70 y 80 hubieran sido mansas palomas porque en esa época la televisión estaba proyectando novelas como Pinina, Esmeralda, Topacio y María.

Y si queremos ir más lejos, remontémonos al año de 1.948 cuando explotó esta oleada de violencia que el 9 de abril entrante completa 65 años. En esa época, luego de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, liberales y conservadores empezaron a matarse de la manera más brutal. Empalaban al adversario y le sacaban la lengua por la garganta (el llamado corte de franela). Pues para infortunio de quienes creen que la televisión es causante de la violencia, tengo que recordarles que en esa época concreta la televisión aún no existía. Y ni qué decir de lo que pasaba en los siglos VI y VII cuando los inquisidores hacían descuartizar a los herejes atando sus extremidades a cuatro caballos.  Señores analistas, en esa época no solo no existía la televisión sino tampoco la electricidad.

Y ni qué decir del caso mexicano. En ese país se vive, lastimosamente, una cruenta guerra por cuenta del narcotráfico. La prensa registra a diario masacres con un nivel de sevicia terrible sin que la televisión abierta de ese país haya emitido, jamás, oigan bien, nunca, una sola novela o un solo seriado sobre el tema narco. ¿Entonces allá a quien culpan? A los que son. Los mimos de aquí: Una clase política corrupta que en su empeño de devorarse los recursos públicos se olvidaron de la gente humilde.

Porque culpar a la televisión, a los guionistas y a los escritores de la violencia en el país y la mala imagen en el exterior, exonera, automáticamente, a los verdaderos culpables de la debacle. Esos culpables no son otros que los miembros de la clase política corrupta que nos gobierna hace décadas. Son los corruptos los culpables de la violencia porque ellos roban las posibilidades de educación a esos miles de niños que en su adolescencia, sin posibilidades de ser alguien en la vida, pasan a engrosar las filas de la delincuencia, el narcotráfico, la guerrilla o el paramilitarismo. No se equivoquen. El análisis no es tan simple.

Por eso, Antes de la salida de cualquier programa de televisión, los encargados del proyecto convocan a un “focus group” para medir el grado de aceptación de ese programa entre la población. El “focus” está compuesto por el mismo porcentaje de hombres, mujeres y niños de los estratos 1 al 6 que componen la audiencia nacional. Es como si fuera una encuesta con una muestra en vivo. Se trata de proyectar, si está hecho, o de leer si aún no se graba, un proyecto próximo a salir para medir las reacciones del público. Es una técnica que se practica en todos los países del mundo donde se produce televisión. Al final del “focus” la gente dice si desea o no desea ver el programa en televisión. Es la gente la que dice si rechaza o acepta el producto. Conozco proyectos que han sido archivados porque la gente los rechazó. Luego no es cierto que el canal ponga los programas por puro capricho. Obvio que como industria, están obligados a poner en la parrilla de programación aquellos productos que sus clientes (los televidentes) quieren ver. Y si los televidentes quieren ver programas de denuncia social o programas con alto contenido histórico, que si es la historia de un país violento necesariamente deben contener violencia, pues esa empresa está en la obligación de brindarle a ese público lo que ese público desea ver. Para corroborar lo que digo sobre el “focus” están los rating. Esa medida de audiencia no es un invento de IBOPE. Esa medición refleja lo que la gente está viendo. Por qué, por ejemplo “Amo de Casa” un producto bien escrito, bien actuado, bien producido, muy entretenido, con diálogos inofensivos etc., marca 20 puntos de rating y los mismos “Tres Caínes” marcan 30 puntos? Por qué Escobar el patrón del mal y Sin tetas no hay Paraíso aparecen como los programas de mayor rating en la historia? La respuesta es la misma: porque la gente las quiere ver. A nadie se le obliga, a nadie se le pone un revolver en la cabeza para que las vea. Es más los poseedores de los “people meters” aquellos aparaticos que miden el rating están en el completo anonimato. Ningún canal de tv puede saber dónde están.  Así que, como no estamos en Cuba o en Venezuela, países donde el gobierno dice lo que tienen que ver los televidentes, respetemos también el derecho que tienen ellos de ver lo que desean ver. Otra cosa es la responsabilidad social que debe tener cada canal a la hora de fijar su oferta de programación y si el estado tiene que entrar a regular esa oferta, por ejemplo obligando a que ambos canales pasen programas culturales en el “prime time”, o si las 10 de la noche no es un buen horario para pasar programas sobre la realidad nacional, o, si en el horario estelar debería existir, por obligación, un programa de opinión en ambos canales, pero eso ya es materia de otro debate.

Sobre la mención a la carrera de sociología en la serie, tengo que ofrecer disculpas a los profesionales de esta área, porque fue una desafortunada interpretación del libreto porque no es el escritor el que dice que el novio de Romualda es un sociólogo sino el hermano de ella el que pregunta con curiosidad si, por casualidad, ese muchacho no tendrá esa profesión.  Conozco sociólogos amigos y, como en toda profesión hay entre ellos excelentes personas y de las otras. Me hubiera ocurrido lo mismo si el hermano de Romualda pregunta si su novio es un historiador, arquitecto o médico. Tomo nota de que no estamos preparados para asimilar la ficción que existe en la televisión. Como sociedad no maduramos aún el que se nos nombre, se nos involucre, se nos señale porque lo tomamos como algo personal. Sé que es frase de cajón pero los Norteamericanos, los españoles, incluso argentinos y brasileros se autocuestionan en sus producciones, se burlan de ellos mismos y se mofan de sus defectos y de sus instituciones  sin que cada sector que se nombra en ellas salga a protestar. Otra cosa es que se haga a nivel de noticia e incluso documental lo que ya pasaría a tener visos de denuncia directa.

Y ya para terminar, respondo a la pregunta de si estamos preparados para vernos reflejados en nuestra propia realidad.  Vale recordar que aún con buena parte de los escombros sin recoger y el dolor intacto de un país por la caída de las torres gemelas, Oliver Stone estaba llevando al cine con muy buena respuesta del público una cruda, pero majestuosa película que aborda ese tema y en el mismo orden de ideas se proyecto en todas las salas del mundo el film vuelo 93, en el que angustiados pasajeros son tomados rehenes para al igual que los aviones del World Trade Center y el pentágono estrellarse contra otra objetivo. Y la lista es infinita en los géneros cinematográficos y televisivos. Todas sin lugar a dudas y vale decir que no está fuera de esa intención tres caínes, tienen el mismo efecto: Una suerte de espejo en el que aquellos que decidan verse, puedan conocer su historia reciente y no repetirla. Eso lo decide cada cual comprando un ticket para el cine o manejando su control remoto. Creo en la libertad, creo en el derecho que tienen las personas de ver lo que quieran y considero que es peor el escenario de las prohibiciones. Algunos dicen que es muy pronto. Otros dicen que se abren heridas. Otras personas alegan que se revictimiza a las víctimas y en ese sentido me disculpo ante quienes lo consideran así pero en mi caso lo veo como un homenaje a su sacrificio, como un faro sobre sus dramas para que proyectos como el de “reparación de víctimas” que adelanta el Gobierno Santos, obtengan mayor apoyo y comprensión y dejen de tener tanta resistencia entre los adversarios de la otra orilla ideológica. De hecho en la serie haremos énfasis en víctimas anónimas y víctimas célebres de guerrilleros y paramilitares. Una víctima anónima es la propia madre de los Castaño quien `perdió a 8 de sus 12 hijos en esa guerra cruel e inútil en la que se metieron sus hijos. Una víctima célebre será, dentro de la serie el humorista Jaime Garzón. De él contaremos parte de sus últimos años y lo qué hizo tan bien,  para merecer la muerte a manos de los paramilitares.

Otras voces aseguran que se victimiza a los victimarios. En este último punto debo confesar que, estoy de acuerdo. Lo resumí en otro tuit que escribí el 4 de marzo, con el que cierro esta columna muy agradecido por su lectura: “Hay una gran diferencia entre el malo víctima de corruptos que no tuvo para educarse y el malo que pasó por Harvard”.