martes, 13 de enero de 2015

Samper y Serpa: Narcopolíticos

Samper y Serpa: narcopolíticos 
Por: Gustavo Bolívar

William Rodríguez, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, máximo cabecilla del Cartel de Cali, acaba de romper 21 años de silencio. Un pacto que, según él, su padre y su tío Gilberto siempre respetaron, a pesar de que Ernesto Samper les incumplió los acuerdos que habían convenido a cambio de financiar su campaña.

Lo que cuenta William Rodríguez a la periodista Yolima Celis de RCN es gravísimo. Dice, entre otras cosas, que se reunió con Horacio Serpa en dos ocasiones; que Samper sabía del ingreso de 10 millones de dólares a su campaña; que pagaron entre 5 mil y 150 mil dólares a varios congresistas para que no aprobaran la ley de enriquecimiento ilícito en favor de terceros y otras leyes; que a Heine Mogollón, representante investigador de Samper, le compraron la absolución de su investigado presidente por 100 millones y hasta reta a los protagonistas del proceso 8.000 a someterse a una prueba de polígrafo, con la advertencia de que si pierde, es decir, que si es mentira lo que está diciendo, se devuelve a Colombia y pierde los privilegios que la justicia norteamericana le está brindando luego de pagar 5 años de condena en ese país.

Las acusaciones no son nuevas. Todos las conocíamos. Lo relató Santiago Medina, tesorero de la campaña Samper Presidente en su libro “la verdad sobre las mentiras”. Lo había confesado ante las cámaras de televisión Fernando Botero Zea, Jefe de debate de la campaña. Lo iba a contar a la Fiscalía el chofer de Horacio Serpa pero lo asesinaron tres días antes de que tuviera una indagatoria al respecto en la Fiscalía. Lo iba a contar la Monita Retrechera, famosa por regalar un anillo de diamantes a la esposa de Samper, pero la asesinaron dos días antes de sus declaraciones ante la Fiscalía. Lo contó Enrique Parejo González, exministro de justicia, en un libro que el país no quiso leer. Lo notificaron los gringos al cancelar la visa a Samper (Qué vergüenza, tuvimos un presidente sin Visa a los Estados Unidos). Lo había contado Rasguño. Lo advirtió Álvaro Gómez antes de que lo mataran. Lo denunció Andrés Pastrana con los llamados narcocasetes en los que el país escuchó horas de conversaciones entre miembros de la campaña de Samper, los Jefes del cartel de Cali y el Loco Giraldo, periodista que sirvió de intermediario entre la campaña y los narcotraficantes de El Valle del Cauca. Lo dejó escrito el mismo Loco Giraldo en sus memorias.

Todos lo sabíamos. Lo novedoso en este caso, es que las acusaciones provengan, en tono sereno y creíble, del hijo del Jefe del Cartel de Cali que por dos décadas se negó a delatar al Presidente. William Rodríguez cuenta que Samper los mantuvo callados bajo la amenaza de que si hablaban los podía extraditar por vía administrativa.

Obviamente, los acusados, Ernesto Samper y Horacio Serpa saldrán a decir, el primero con cinismo y el segundo con su famoso vibrato, que el país no puede hacer eco de las acusaciones de un delincuente. Y el país les creerá. Y la gran prensa los cubrirá con su manto de solidaridad hacia los poderosos. Y la Fiscalía dirá que el caso está cerrado. Y los electores los volverán a elegir como eligieron a Serpa el año pasado al Senado. Y la izquierda, que cada vez me desilusiona más, postulará a Samper a cargos como el que ahora ocupa de Secretario general de UNASUR.

¿Y este país mentiroso, encubridor, indigno, ciego, sordo, mudo, masoquista, sucio, cochino, arrodillado, podrido, impune, injusto, es el que aspira a consolidar una paz duradera? Permítanme reír con tristeza. Porque Está lejos de alcanzar la tranquilidad una nación donde los hampones se meten en la misma cobija con los jueces, los poderosos y los medios de comunicación.

Y mientras la izquierda pide a gritos la captura de María del Pilar Hurtado por las chuzadas desde el DAS, o la de Luis Carlos Restrepo por las falsas desmovilizaciones, cosa que ojalá suceda y pronto, calla sobre las declaraciones de William Rodríguez, como calló en su momento ante las aberraciones de Samuel Moreno. Todo porque en este país todos nos creemos impolutos. Los hampones son los otros, los de la otra orilla. En la derecha no hay hampones porque los hampones son los de izquierda. En la izquierda no hay hampones porque los hampones son los de la derecha. Y así se viven tapando los unos a los otros, con un servilismo tan triste, que quienes optamos por la independencia terminamos crucificados en el medio. Este, sin duda, no es el país más feliz del mundo, esa es una máscara con la que fingimos y disfrazamos nuestras penas. Estos episodios sórdidos de impunidad de los de arriba y asombrosa lealtad de los de abajo, nos convierten en el país de las tristezas. Y si no es el más triste, por lo menos si tenemos asegurado el título del país con más idiotas útiles.


Por eso, y aunque la Comisión de Acusaciones de la Cámara lo haya absuelto, luego de que sus miembros se enriquecieran con las prebendas del Cartel de Cali y del mismo gobierno, gritaré siempre, a los mil vientos que Ernesto Samper y su nefasto escudero Horacio Serpa son narcopolíticos. Y que venga lo que tenga que venir porque el día que acatemos fallos corruptos, ese día, seremos igual de corruptos y la nuestra será una bandidocracia.