El nuevo reto se llama: 52, 92.

 52/92

Por Gustavo Bolívar

 

Hasta el 20 de junio de 2026, el Congreso de la República tendrá 296 congresistas distribuidos así: 108 senadores y 188 representantes a la cámara.

Pero a partir del 20 de julio de este mismo año, serán 286 padres de la patria porque desaparecen, para siempre, las 10 curules que se les entregaron a las Farc en virtud del acuerdo de paz de 2016. No se les entregó el país a las Farc como decía la publicidad contra el plebiscito que impulsaron el Centro Democrático y los medios de comunicación de la época. El Partido Comunes, como ahora se llama, termina en paz los dos períodos constitucionales que les concedió el Acuerdo de Paz a cambio de entregar las armas.

 

Y aunque Uribe le gritó a Petro, en una plenaria de abril de 2019 que prefería 80 veces al guerrillero en armas, al tiempo que le gritaba tres veces “sicario, sicario, sicario”, la verdad es que el país debe reconocer que no 80, sino un billón de veces, es mejor el exguerrillero disparando leyes en el Congreso que balas en los campos adoloridos y desangrados de nuestra patria. Porque, a decir verdad, las bancadas de Senado y Cámara del partido Comunes, aunque no brillaron, sí cumplieron, presentaron leyes, votaron, participáron en debates y no se conocieron, por parte de ellos, actos de corrupción o de abuso de poder o de ausentismo.

 

Hay más casos de desmovilizados en la vida pública. Participaron en la Constituyente de 1990, Vimos desfilar por el Congreso a personajes como Vera Grave, hoy jefa negociadora con el ELN, Antonio Navarro fue gobernador de Nariño, Everth Bustamante del Centro Democrático fue ministro del deporte, Rosemberg Pabón, también uribista fue alcalde de Yumbo, Antonio Sanguino es hoy ministro de trabajo y, para no ir tan lejos Gustavo Petro es hoy el presidente de Colombia. Es decir, Colombia ha tenido buenas experiencias con el otorgamiento de curules a desmovilizados de las guerrillas por lo que seguramente, en futuras negociaciones con el ELN y las disidencias no se descarta que reaparezca la figura.

 

El caso no es exclusivo de Colombia. En Sudáfrica Nelson Mandela llegó a ser presidente, en El Salvador, Salvador Sánchez también llegó a la presidencia al igual que Dilma Ruosseff en Brasil y el gran Pepe Mujica en Uruguay, entre otros.

 

El caso es que, con la Salida de los 10 congresistas de comunes y la incorporación de las 16 curules de paz, en el período pasado, el senado quedará compuesto por 103 miembros y la Cámara de Representantes por 183. De modo que las nuevas mayorías ya no serán 55/86, sino 52/92. Menos senadores, pero más representantes.  

 

Los 103 Senadores están distribuidos así:

—100 por circunscripción nacional,

—2 por la circunscripción especial indígena y

—1 curul para quien ocupe el segundo lugar en la elección presidencial.

 

Los 183 Representantes salen de esta fórmula:

—161 curules por la circunscripción electoral de los 32 departamentos más Bogotá.

—16 curules de paz (CTEP)

—2 curules afrodescendientes

—1 curul indígena

—1 curul raizal

—1 curul colombianos en el exterior

—1 curul segunda fórmula vicepresidencial

 

Es decir, la mitad más uno de 103 es 52 y la mitad más uno de 183 es 92.

 

 

¿Cómo obtener el 52/92?

 

Sin entrar a considerar la importancia y la urgencia de obtener las mayorías en el Congreso, gracias a la reciente y nefasta experiencia de gobernar con un congreso en contra, miremos las cifras. En términos numéricos, para obtener la mitad de las curules se necesita sacar la mitad de la votación. En 2002 para el Senado se depositaron 18.261.024 votos con 1.072 en blanco, 740.139 anulados 530.581 no marcados para un total de 15.917.903 votos válidos. Si nos atenemos a esta cifra, el 50% de los votos serían 7,958.951 votos aproximadamente, descontando que las dos curules indígenas, por lo regular, votan con el progresismo.

 

¿Difícil? Sí, muy difícil.

¿Imposible? No.

 

Aquí empiezan los problemas. Es posible que el número de votos válidos sea mayor, digamos unos 17 millones lo que supondría que para obtener la mitad de las curules necesitamos 8.5 millones de votos, una cifra gigantesca pero que de todas maneras es inferior en un 30% a los votos obtenidos por Gustavo Pétro a la presidencia en 2022, que fueron 11.3 millones.

 

De modo que la campaña única posible es que quienes queremos seguir con el proyecto del Cambio, ahora encarnado en Iván Cepeda, debemos votar masivamente por las listas del Pacto Histórico, tanto para Cámara como para Senado. Iván no podrá profundizar los cambios y las reformas que necesita el país con un congreso en contra.

 

Dónde se complica el asunto. En la proliferación de listas y en los primeros renglones de nuestra lista al Senado, que salvo por la cabeza de lista, Carolina Corcho, probadamente comprometida con el proyecto, está integrada por tres o cuatro personas que obtuvieron las mayores votaciones en la consulta del 26 de octubre y que para esta ocasión, se pueden llevar esos votos para otras campañas.

 

Por ejemplo, buena parte de los 185,029 votos que obtuvo el senador Pedro Florez, con toda seguridad, se irán para la candidatura de Carlos Torres, miembro del Clan Torres que está aspirando al Senado. Ellos saben el poder que da un senador y claramente querrán tener dos máxime cuando Pedro ya tiene asegurada su curul al quedar ubicado en el segundo lugar de la lista del Pacto. No es el único caso. Los 70 mil votos de Laura Ahumada, esposa del alcalde de Barrancabermeja es probable que tampoco sumen por estos lados. Se dice, y los rumores crecen, quejas me han llegado, que “presuntamente” los estarían desviando, al menos una parte, para apoyar la candidatura de Richard Aguilar quien luego de estar preso por corrupción y haber quedado libre por vencimiento de términos, vuelve al Senado. Lo veremos en el comparativo de los votos obtenidos por la señora en la Consulta del 26 de octubre. Además, si esa candidata fue recomendada por Daniel Quintero, lo más probable es que voten por él en la consulta del 8 de marzo, a la que, en teoría y por instrucciones del jefe natural de la colectividad, nadie debe votar. A propósito de Quintero, también tiene en la lista del Pacto, en un renglón elegible al otro Florez. ¿Cómo va a funcionar esa llave ahí, uno candidato al Senado por el Pacto y el otro precandidato por otro partido a la Consulta?

 

Estás y otras cosas son las que preocupan de cara al inmenso reto que significa obtener el 52/92.

 

Ahora, siendo realistas, tampoco se trata de que todas las curules progresistas las gane el Pacto Histórico. Se sabe que una parte del partido verde vota progresista y una buena parte del partido liberal también. Además, varios candidatos y candidatas con muy buenas opciones que no obtuvieron aval del Pacto o de Colombia Humana y se fueron a buscarlo a otros partidos. Al final, de cara a conformar una colaisión mayoritaria, estarán con nosotros por lo que la carga se aliviana y pienso que si ganamos 30 curules, tendríamos cómo conseguir los otros 22 votos para conformar la coalisión mayoritaria en Senado. Para conseguir esas treinta curules debemos pensar en unos 5.5 millones de votos.

 

¡Vamos por ellos!

 

Porque no basta con ganar la Presidencia, ya lo vivimos, ya lo aprendimos. El 52/92 no es una cifra fría. Es la frontera entre avanzar o retroceder. Sin mayorías no hay transformación estructural. Sin 52 en el Senado y 92 en la Cámara, cualquier proyecto se vuelve rehén del cálculo pequeño, del chantaje parlamentario y del bloqueo sistemático.

 

52/92 no es número para hacer el chance, aunque quién quita y se lo ganen. El 52/92 es una tarea colectiva, es la línea divisoria entre la posibilidad real de avanzar y el bloqueo permanente, la reforma mutilada, el chantaje disfrazado de institucionalidad. Se trata de garantizar gobernabilidad a nuestro futuro presidente para que las reformas sociales pendientes no dependan de la ambición de un puñado de congresistas que no aman a este país más que a sus cuentas bancarias.

 

Sin mayorías no hay transformación. Sin 52 y 92, el país queda en pausa por el saboteo del legislativo. Por eso, este no es un debate menor sobre listas o renglones. Es una discusión sobre responsabilidad histórica. La dispersión es derrota. La vanidad es derrota. Quien crea que esto se gana con cálculos personales no entendió el momento político.

 

52/92. No es un capricho. Es gobernabilidad. Es estabilidad. Es la diferencia entre administrar inercias o cambiar estructuras. Se trata de derrotar los intereses de quienes nunca han querido que cambie nada. Esos que desde grandes mansiones obtenidas con la corrupción, e incluso desde las cárceles ya alistan a sus esposas, hermanos, hijos, amantes, sobrinos, cuñados para seguir mandando en este país. Tenemos que derrotarlos con unión, con disciplina, uniéndonos en una sola voz.

 

Porque el poder en Colombia no se mide en aplausos. Se mide en manos levantadas.

52 en el Senado, 92 en la Cámara. Sin eso, todo será frustración. Sin eso, el cambio pierde el rumbo. De hoy en 15 días, a esta misma hora, sabremos si fuimos capaces.

 

ÑAPA. Ojo con la consulta del 8 de marzo. Nadie que se crea coherente debe pedir ese tarjetón. Nadie. No podemos entregar la candidatura de Iván Cepeda por una avivatada.

 

 


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