LA FARSA DE LA AUDITORÍA DEL SOFTWARE
LA FARSA DE LA AUDITORÍA DEL SOFTWARE
Por Gustavo Bolívar
En Colombia el fraude electoral no es un cuento ni es una teoría conspirativa. Tampoco es una excusa de malos perdedores. Es un hecho probado judicialmente y que a mí, particularmente no me han contado. En 1998 descubrí el fraude que hizo el candidato a la cámara por Bogotá, Antonio José Pinillos para ganar la curul 18 con la ayuda de la registraduría local de Usaquén. En esa ocasión, el fraude se hizo en la transcripción de las actas E-14 a las E-24. Pueden ver la columna que escribí en 2013 con las pruebas respectivas en este link:
https://gusbolivar.blogspot.com/2013/12/asi-se-roban-las-elecciones-en-colombia.html
A lo largo de los últimos años, las altas cortes han anulado elecciones, cancelado credenciales, ordenado nuevos escrutinios y restituido curules y ordenado a la Registraduría y al CNE implementar el voto electrónico y subsanar las causas que hacen del nuestro un sistema, ALTAMENTE vulnerable al fraude electoral. Las continuas y graves irregularidades que alteraron la voluntad popular ya forman parte del ordenamiento jurisprudencial.
Recordemos algunos pocos casos:
En la elección al Senado 2006–2010, el Consejo de Estado (Rad. 11001-03-28-000-2006-00115-00, sentencia del 6 de julio de 2009) declaró la nulidad de la resolución que había declarado la elección de senadores y ordenó nuevo escrutinio tras comprobar irregularidades como suplantación de electores y doble votación.
En 2018, el Consejo de Estado devolvió tres curules al Partido MIRA (Rad. 2014-00117 y 2014-00109, sentencia del 8 de febrero de 2018) luego de encontrar inconsistencias graves en los escrutinios de 2014. Hubo 1.412 mesas saboteadas y más de 236.000 votos que habían sido excluidos injustificadamente. El Consejo de Estado conminó a la Registraduría a desprivatizar las elecciones. Es decir a dejar de alquilar el software, que para la época y aún hoy, pertenece a la firma Tomás Greg and Sons. A la fecha esta orden del CDE no se cumple y el Estado no cuenta con un software propio para garantizar unas elecciones limpias y transparentes. Nos han engañado diciendo que el Estado sí compró un Software pero el que adquirió es solo para consolidación de datos, es decir, los datos que ya podrían venir corruptos.
Y en el plano penal, el caso de Aída Merlano reveló una estructura organizada de compra masiva de votos en 2018. La llamada “Casa Blanca” en Barranquilla no fue un rumor: fue una operación criminal desmontada con dinero en efectivo, listados de votantes y pruebas documentales. Merlano fue condenada a más de 11 años de prisión por concierto para delinquir y corrupción al sufragante y sus cómplices Julio Gerlein y Arturo Char están siendo procesados por el mismo caso.
Para no ir tan lejos, en 2022, al Pacto Histórico le robaron cuatro curules en la lista al senado que yo encabezaba. La noche de las elecciones nos dijeron que habíamos ganado 16 curules. Pero no habían contabilizado los votos de un sinnúmero de mesas. Gracias a la labor de los testigos y ejércitos de abogados en los escrutinios se pudieron recuperar las cuatro curules.
El fraude electoral ha adoptado distintas modalidades: suplantación de votantes, doble votación, manipulación de actas, compra sistemática de votos, alteraciones en escrutinios y errores masivos en la consolidación de resultados. De esto último escribo hoy. Porque ya ustedes conocen cómo se adulteran las actas E-14 y más cuando se logra homogeneizar el jurado manipulando las listas y las convocatorias de los mismos. También han visto como ese resultado del E-14, aunque salgo puro de la mesa se puede manipular y adulterar en la transcripción de datos que se hace al formulario E-24. Pero pocos saben cómo se podría hacer el fraude adulterando el algoritmo manipulando los códigos fuente.
En este contexto histórico, el debate contemporáneo sobre el derecho de los partidos a auditar el software de la registraduría cobra sentido.
El presidente Gustavo Petro ha planteado la necesidad de permitir una auditoría forense completa a los códigos fuente del software, particularmente los que intervienen en el preconteo, la transmisión y consolidación de resultados.
Para comenzar, debemos recordar que no es un solo software, hay cuatro: El de testigos, el de preconteo, el de escrutinio y el de sorteo de jurados de votación.
El código fuente es el conjunto de instrucciones que determinan cómo funciona el software. Es la arquitectura invisible que decide cómo se suman los votos, cómo se consolidan los resultados y cómo se corrigen inconsistencias. De hecho el nuestro es obsoleto hecho en un Java viejo, pasado de moda y por cuyo alquiler cobran unas sumas tan estrafalarias que pudieran ser las más altas del mundo.
Una auditoría forense implica:
–Acceso completo al código original.
–Revisión por expertos independientes en seguridad informática.
–Verificación de que el código auditado es exactamente el que se ejecuta el día de la elección.
–Análisis de vulnerabilidades y posibles funciones ocultas.
–Pruebas técnicas bajo distintos escenarios.
–Registro trazable de cualquier modificación.
Esto por sí solo no implica afirmar que exista fraude. Implica garantizar que no pueda existir sin ser detectado. En la era digital, el voto termina convertido en dato. Y cuando el voto es dato, la transparencia tecnológica no es opcional: es una obligación democrática.
Si en el pasado se probaron irregularidades manuales — actas alteradas, votos suplantados, curules arrebatadas — hoy la ciudadanía tiene derecho a exigir que los sistemas informáticos estén blindados con los más altos estándares de verificación independiente y más si se tiene en cuenta que durante los diferentes fraudes documentados y judicializados, al frente de la organización electoral estaban las mismas firmas que la manejan hoy. Inaudito.
Cada software, dependiendo la complejidad y la robustez tiene miles, o decenas de miles o cientos de miles de líneas de códigos como este que dejo aquí de ejemplo que solo tiene 22 líneas.
La famosa auditoría externa
La Resgistraduría convocó a los partidos políticos por tres días, que terminan hoy, a “revisar” los códigos fuente de los distintos softwares. Por favor, qué payasada.
Es imposible revisarlos, y probarlos en tres días. Se requeriría de un ejército de ingenieros y de computadores y celulares que no permiten ingresar. El ingeniero o los dos que van por cada partido no pueden ingresar nada, absolutamente nada a la exhibición, no pueden hacer pruebas, etc. No se puede hacer un ejercicio de “debug”, es decir probar el código fuente. El debug (o depuración) en programación es el proceso sistemático de encontrar, analizar y eliminar errores ("bugs") o comportamientos inesperados en el código fuente de un software, léase trampas. Permite ejecutar el programa paso a paso, inspeccionar variables y revisar la lógica, asegurando que funcione según lo esperado. No les permiten hacer eso a los ingenieros de los partidos. Entonces se gastan 25.000 millones de pesos en una auditoría contratando, de forma directa a pesar del monto, a una firma de Costa Rica especialista en Derechos Humanos para decir que hubo auditoría internacional.
Auditoría internacional sin experiencia
La Firma se llama IIDH (Instituto Interamericano de derechos Humanos) que es una entidad internacional pero que curiosamente hizo el contrato con un NIT colombiano y cuya sede informada es un apartamento de tipo familiar.
Al parecer ha hecho acompañamientos a elecciones, personas que se paran al lado de las urnas a vigilar que nada pase, pero no tiene una experiencia acreditada y certificada en labores de auditoría forense, revisión de código fuente, seguridad informática, biometría, que son procesos muy distintos a los de observación o acompañamiento. Tampoco tiene dicha entidad una responsabilidad patrimonial clara para respaldar el monto contratado. No puede ser esta empresa la columna vertebral de la democracia nacional en unas elecciones tan sensibles. (Tengo el contrato por si algún periodista quiere analizarlo)
Siete días para decidir el futuro
Entonces, ante la falta de confianza en el auditor “internacional” externo, les toca a los partidos adelantar la tarea de hacer la auditoria del software pero ya vimos que en tan poco tiempo, con tan pocas personas y sin herramientas es imposible.
Pero demos el caso de que pudieran hacerlo, que pudiéramos acreditar el ejército de ingenieros y que todos pudieran ingresar con sus herramientas tecnológicas a realizar las pruebas aleatorias para ver que los algortimos funcionen correctamente. ¿Qué no puede pasar entre hoy y el 8 de marzo, día de las elecciones con los códigos fuente? ¿Los pueden volver a reconfigurar para que las ordenes que se les dan a los sistemas por medio de esos códigos beneficien a unos o perjudiquen a otros? Sí. Puede pasar. O puede que no pase. No sabemos. Para eso se pide una auditoría internacional seria, confiable y lo que nos dan es una entidad sin experiencia para el caso concreto.
Entonces salen las autoridades a pedir calma y que no sembremos pánico. El Presidente Petro y los pocos que nos interesamos en el tema electoral, de tiempo atrás, parecemos loquitos solos denunciando algo que para los demás está bien. No señores. Pedir esas auditorías, con tiempo, creíbles no debilitan la democracia. La fortalece. Porque la democracia no puede ser fe ciega. Se trata de algo más profundo: que cada voto valga exactamente lo mismo y que nadie — absolutamente nadie — pueda alterarlo.
La verdadera grandeza de una democracia consiste en que el sistema sea tan transparente que nadie tenga que creer por fe… sino confiar por evidencia. Si algo nos enseñan las sentencias del pasado es que el fraude ha existido. Si algo nos exige el presente es que no vuelva a ocurrir. Defender la transparencia electoral no es sembrar dudas, es sembrar garantías para todos los partidos, no solo para el nuestro. Y la democracia se construye con vigilancia ciudadana, con instituciones abiertas y con un principio innegociable: el voto es sagrado.
El Pacto Histórico, lo voy a disculpar por ser un partido nuevo, no tiene una clara estrategia electoral para defender los votos. Comenzando porque confía este departamento en manos de políticos y abogados, que no digo que no deban estar ahí, pero minimiza la participación de los actores más importantes: Ingenieros de sistemas y analistas de datos. Y segundo porque faltando unas semanas, sobre la marcha empezamos a hacer llamados angustiosos para que la gente se inscriba como testigos electorales para poder cuidar las elecciones. O sea, reaccionamos a la bulla de los cocos. Porque hay elecciones. ¿Y qué hicieron los miembros de la bancada más grande que hemos tenido (51 congresistas) para consolidar una base de testigos electorales durante los tres años y medio que llevan de elegidos? Entonces no somos un partido. Somos un archipiélago con muchas islas, cada una de ellas pretendiendo ser más grande o mejor que las otras. Cero trabajo en equipo y esto es por falta de liderazgos en las distintas instancias en las que actuamos.
No pasa en México con Morena. El mismo Andrés Manuel López Obrador, después del Fraude se fue pueblo por pueblo de México, durante varios años, con un grupo de ingenieros a construir la base de datos de testigos electorales y la actual presidenta Claudia Sheimbaun fue la auditora de Morena durante varios años. Por eso ganaron la presidencia y por eso la pudieron sostener nuevamente.
La confianza en unas elecciones es algo que se construye. Luego, no se entiende porque el establecimiento cierra filas a defender un sistema que ha demostrado ser corrupto y vulnerable. Más bien, deberíamos hacer causa común entre todos, medios, partidos, organizaciones como la MOE para ver cómo se mejora el sistema para que todos podamos tener garantías. Porque aquí no se están pidiendo garantías para un solo partido sino para todos.
Negar el fraude es desconocer la propia jurisprudencia del país, negar los riesgos de un fraude es ingenuidad, pero reconocerlo es aceptar que en Colombia no existe democracia plena. Esa es la verdad. Cuando el deseo de un votante no se traduce en un resultado transparente, no existe democracia plena.
Termino entrecomillando el concepto de una Veedora ciudadana que en pocas líneas nos dice unas cuantas verdades:
“YA NO NECESITAN AL PUEBLO. Es lo que concluyo como veedora ciudadana. Cuando el país normalizó el “siempre ha sido así” para seguir en el letargo ciudadano y no insistir en que las instituciones investiguen casos de corrupción, ahí perdimos todo, hasta nuestra democracia.
Que, durante años y décadas, la evidencia de anomalías en las votaciones haya estado a la vista de todos y no haya salido a la luz lo demuestra. Si, podemos culpar a la MOE, al CNE, a la registraduría a la Procuraduría, pero como ciudadanos también debemos asumir nuestra parte de culpa: con nuestros sesgos personales normalizamos el discurso de odio para desacreditar al que no vota como nosotros – y ahí nos manipularon los que mientras tanto se apoderaron de todo a manos llenas con la excusa de una transformación tecnológica. Era tan fácil como pedir una AUDITORÍA FORENSE DE LOS DATOS y que publicaran los resultados de forma abierta al país. Pero nadie lo hizo, era tan fácil como tabular los boletines, pero nadie lo hizo.
Y no fueron los partidos, ni los candidatos, fuimos los ciudadanos los que HICIMOS LA TAREA, CHOFERES DE TAXI QUE APENAS HACEN LO DEL DÍA, ABOGADOS, MATEMÁTICOS, AMAS DE CASA, ESTUDIANTES, ENFERMERAS, POLICIAS a quienes por haber destapado corrupción los pensionaron, AUDITORES a quienes les callaron con cláusulas de confidencialidad y SI TAMBIEN INGENIEROS DE SISTEMAS. FUE EL CONSTITUYENTE PRIMARIO el que sacó a la luz esta desgracia, y fue el presidente Gustavo Petro el ÚNICO que, en nuestro último aliento, cuando ya estábamos por tirar la toalla, al primer intento nos escuchó desde su conocimiento de estadística, pero sobre todo desde su amor terco e incontrovertible por reestablecer el lugar del pueblo; el lo vió todo.
ALERTA ESTADÍSTICA, SE NECESITA AUDITORIA. Cada procesamiento de datos tiene una huella estadística. La de sumar votos es lo que se llama ruidosa y en el caso colombiano lo es más porque los votos no solo se suman en las mesas para crear los E-14, sino que de ahí pasa un patinador, que después lo envía a un lugar donde dictan los e-14 por teléfono y de ahí se digitan. Es decir, hay muchos puntos donde es difícil controlar el orden en que los datos llegan hasta el momento en que se vuelven digitales. Es por esta razón que uno esperaría que la curva de ese procesamiento fuese una curva con muchos picos tipo sierra independiente de si un candidato es el amplio favorito o no. Pues eso no pasa en Colombia. Revisamos más de 50 elecciones, incluyendo las más recientes, y en todas pasa lo mismo hay un rastro de uniformidad que no es compatible con un proceso orgánico de suma de los votos. Eso por si solo ya es una alerta para pedir auditoria del funcionamiento del programa que hace el preconteo, que no necesariamente quiere decir revisión del código fuente, pero si hacer pruebas con el programa en vivo de todos los posibles escenarios creados con números al azar para asegurar que el programa hace lo que dice hacer. La Registraduria no deja hacer eso, sus contratistas llevan sus propios datos y así muestran que sacan el resultado. Eso no es suficiente prueba, pues los datos podrían estar precargados, por ejemplo. Los auditores deben llevar datos o se les debe permitir cambiarlos y hacer múltiples pruebas para concluir que el programa hace lo que debe hacer siempre en todos los casos
NO HAY METADATA. El otro tema es lo que pasa con la METADATA de las fotos digitales de los E-14 en PDF. Por trasparencia y para que la ciudadanía las consulte, la registraduría está obligada a postear en el web durante las 24 horas después de cerrar las urnas las fotos digitales de los E-14. Sin embargo, postea los esos PDF de los E-14 sin metadata. En la metadata está la información de cuando fue creado un archivo, cuando se modificó. Sin ella no hay trazabilidad de si el contenido del PDF fue por ejemplo cambiado”
Espacios en blanco
Sobre esto último debo advertir de la fiesta que harán en las zonas de riesgo electoral con los formularios E-14 si, como se instruyó desde la Registraduría, se dejan los espacios en blanco. Si han hecho fiestas conviertiendo en números los asteriscos, las equis, los guiones y otros sínmbolos usados para impedir que se adulteren las cifras, qué no harán con los espacios en blancos. Es como decirle a un ladrón, tome las llaves de mi apartamento o de mi negocio.
En resumidas cuentas, para que no se roben las elecciones un partido necesita 128.588 mil testigos para igual numero de mesas y unos 3.500 abogados para el día de los escrutinios. Solo así se puede generar un resultado paralelo, sumando las 128.588 actas E-14, para comprarlo con el que Thomas Greg and son nos muestre.
Cuidar las elecciones no es solo tarea del gobierno. No es solo tarea de la oposición. Es tarea de todos. Porque garantizar que la voluntad popular expresada en un voto limpio se respete, es garantizar la democracia para todos, incluso para quienes piensan distinto. Hoy puede beneficiarte a ti. Mañana puede proteger a tu adversario.
El voto limpio es la base de la soberanía popular. Sin voto confiable, no hay legitimidad.
Sin legitimidad, no hay estabilidad. Sin estabilidad, no hay democracia. Por eso este no es un debate para fanáticos. Es un debate para todos los ciudadanos.
NOTA: Gracias por leer este trabajo. Espero lo hagan circular. Es parte de la pedagogía que impartirá la escuela de formación política Semilla, que hemos creado y que empezará a funcionar tan pronto pasen las elecciones.

Excelente, Gustavo , mil gracias.
ResponderEliminar🙏🏼 gracias.
ResponderEliminarCifras de cuánto vale ese sistema y el zoológico de quienes son los de firma temporal.
ResponderEliminarCuánto recurso destinan los partidos a auditoria de software? Cómo así que 25.438 millones a firma extranjera que no nos da la. Cara ni demuestran como lo hacen?
Y como que el CNE se gasta 438.000 millones en alquilar acreditar testigos ... Porque el silencio?
ResponderEliminarMuy chimba la “investigación” en su libro aparece Gustavo petro y todo. Ya nos veremos amiguito, en los jueces, done a los del pacto les pica.
ResponderEliminarJajaja tanto saben de derecho electoral y las listas jodidas.
ResponderEliminarBueno y von Que Cara sale a hablar? Después de estos cuatro años; el Dr pinillos con una ley hizo más por la gente de Bogotá que su dps
ResponderEliminarPobre pendejo
ResponderEliminarUuuu pero el PH y la CH tiene muchos de esos E-14 así (que además todo el mundo puede recoger); naaaa jajajaj chimbo como Todo lo del DNP
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