LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES

Por Gustavo Bolívar

En las campañas presidenciales suele decirse que las fórmulas vicepresidenciales son simples cálculos electorales: alianzas para sumar votos, acuerdos regionales o equilibrios burocráticos. Pero esa idea es profundamente equivocada. La fórmula vicepresidencial no es un adorno de campaña. Es el plan B del poder.

Si el presidente falta —por muerte, renuncia o incapacidad— quien asume el mando del país es el vicepresidente. Es decir: el país puede terminar gobernado por esa persona. Por eso las fórmulas no deberían ser una mezcla improvisada de conveniencias políticas. Deberían ser coherentes con el proyecto de país que se propone el candidato y por el que votan hasta millones de personas.

Algunas candidaturas parecen haber entendido ese principio, otras no.

El senador Iván Cepeda Castro escogió como fórmula vicepresidencial a la lideresa indígena Ayda Quilcué. No es una decisión cosmética. Quilcué ha sido durante décadas una de las voces más fuertes del movimiento indígena y de la defensa de los derechos territoriales. La fórmula expresa una visión de país que reconoce la diversidad étnica y cultural del país y la deuda histórica con los pueblos originarios. No parece una alianza oportunista sino una coincidencia política, ética y programática. Ayda representará a todo el movimiento social. Luego el mensaje de esta campaña es que el salto social seguirá siendo el eje de los gobiernos del Pacto Histórico.

Algo similar ocurre con la fórmula de Sergio Fajardo. Su campaña ha girado durante años alrededor de una idea central: la educación como motor de transformación social. Por eso la escogencia de Edna Bonilla, exsecretaria de Educación de Bogotá, resulta coherente con ese discurso. Es una fórmula que refuerza la narrativa que Fajardo ha construido durante dos décadas. El mensaje de esta campaña es que el eje de ese gobierno sería la educación.

También hay fórmulas que responden a una lógica programática distinta. El candidato Abelardo de la Espriella ha planteado una campaña centrada en la estabilidad económica y el manejo fiscal. Su decisión de escoger como fórmula a un exministro de Hacienda, independientemente de sus cuestionables resultados, durante el gobierno Duque, encaja con esa narrativa. El mensaje es que el eje del gobierno sería la economía.

Hasta ahí la lógica democrática parece funcionar: cada candidatura propone una visión de país y escoge una fórmula que la representa. Por ejemplo, Claudia elige a quien quedó segundo en su consulta de dos, Murillo a Luz María Zapata, una empresaria con muy buena reputación y exdirectora ejecutiva de asocapitales y Roy a la exfiscal Martha Lucía Zamora quien trabajó en el gobierno Petro como directora de la agencia nacional de defensa jurídica del Estado. Hasta aquí todo normal. Pero no todas las decisiones parecen obedecer a ese principio de juntanza entre iguales.

La fórmula del exdirector del DANE Juan Daniel Oviedo con la senadora Paloma Valencia plantea una contradicción difícil de ignorar. Oviedo ha sido visto como un tecnócrata de centro derecha, que sin embargo ha dicho que respalda el proceso de paz, la implementación del acuerdo y la jurisdicción creada para juzgar los crímenes del conflicto. También es defensor de la diversidad sexual, el matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas gays. Valencia, en cambio, es todo lo contrario. Todo.

Ha sido una de las opositoras más firmes a ese mismo proceso. No solo votó por el “No” en el plebiscito de 2016, sino que promovió iniciativas políticas para desmontar la Jurisdicción Especial para la Paz y ha prometido acabar con la política de paz total desde el primer día de su eventual gobierno. No se trata de una diferencia menor de matices. Es una diferencia estructural sobre cómo debe cerrarse el conflicto armado en Colombia. Mientras uno ha defendido la implementación del acuerdo, la otra ha hecho de su desmonte una bandera política.

Y en el tema del respeto por la diversidad sexual, no pueden ser más distantes. Son agua y aceite. No está de acuerdo con la educación de género ni con la adopción por parte de parejas gays.

En lo social no pueden ser peor. Valencia tiene demandada la reforma pensional que tiene frenada la Reforma social más justa y progresiva de la historia. Esa que permitirá a las mujeres pensionarse a las 1.000 semanas para compensar su doble esfuerzo por trabajar en la casa en el cuidado de sus hijos y esposos y luego en la calle para llevar comida a esa casa. Esa que permitirá a 3.100.000 viejos y viejas en extrema pobreza recibir un bono pensional de 230 mil pesos, que sin la Reforma seguirá siendo de 80.000 pesos y solo para la mitad de esos 3 millones cien mil ancianos.

Oviedo había dicho que los temas de paz y de diversidad sexual eran inamovibles de cara a aceptar la postulación, pero la dignidad le duró 48 horas. Finalmente aceptó y la candidata fue clara en afirmar que no variaría sus posturas para que Oviedo aceptara. Eso supone que aquel arrió sus banderas por un cargo. En pocas palabras vendió su coherencia.

La campaña uribista y Oviedo mismo ha tratado de defender esta decisión diciendo que las fórmulas pueden ser distintas para “ampliar la base electoral” y porque la diferencia enriquece la fórmula… Pero ese argumento tiene dos problemas elementales. El primero es que la base electoral no se amplía automáticamente. Gran parte de quienes votaron por Oviedo, entre ellos varios familiares míos que son petristas pero que vieron con simpatía como un tipo de centro derecha admitía que el Gobierno Petro estaba dando resultados en varios sectores importantes, no votará esta vez por Oviedo porque en primera vuelta ya estará en juego nuestro candidato Iván Cepeda. Otros no votarán por Oviedo por decepción, porque consideran que se juntó con quien representa valores distintos. La comunidad gay, por ejemplo, perseguida por el uribismo desde siempre y desconocida desde los estatutos de ese partido, no votará por Paloma Valencia, con contadas y desinformadas excepciones, por nada del mundo.

Esto aplica con los votos de los otros candidatos de esa consulta. No quiere decir, por ejemplo, que los votos de Juan Manuel Galán, ahora aliado con el uribismo que representa lo totalmente opuesto a lo que pensaba su padre, Luis Carlos Galán, vayan a endosarle a Paloma Valencia los votos que depositaron por el hijo. Al haber nacido como una consulta de centro, muchos de los votos de los ocho candidatos restantes se irán hacia Fajardo, hacia Claudia, hacia Roy, hacia Murillo e incluso y en gran proporción hacia Cepeda, si estamos hablando de los votos de izquierda que el domingo 8 de marzo inflaron a Oviedo. Es decir, el mensaje de esta fórmula es que por llegar al poder los principios son flexibles.

El segundo problema es de representación. Si el presidente faltara, quien gobernaría sería el vicepresidente. Y en ese momento ya no habría campaña, ni estrategia electoral, ni cálculo político. Habría simplemente un país gobernado por alguien cuya visión puede ser completamente distinta a la que eligieron millones de ciudadanos.

Por eso la elección de una fórmula vicepresidencial no debería ser un simple movimiento táctico. Debería ser una decisión profundamente política y programática.

Porque cuando un ciudadano vota por una fórmula presidencial no está eligiendo una persona. Está eligiendo dos posibles presidentes.

Y frente a esa contradicción inevitable surge una pregunta incómoda que la campaña tendrá que responder:

¿Vendió Juan Daniel Oviedo sus principios por un cargo, o simplemente nunca fueron tan firmes como parecían?

Siento que aquí hay dos perdedores: Oviedo y la delfina de la casa Valencia. Oviedo porque un hombre sin pasado delictivo que irrumpió en la política con mucha gracia, mucha chispa, mucha originalidad y algo muy importante en política, con mucha coherencia, coherencia que acaba de perder, termina vendiendo a sus simpatizantes algo que no es él. Y Paloma porque la ultraderecha de este país empezará a ver la suya como una campaña de derecha tibia, y más ahora que se quiere disfrazar de centro. Esto será capitalizado sin duda alguna, por Abelardo de la Espriella ese candidato que no esconde sus posturas fascistas y de ultraderecha, ese candiato que no le reconoce un solo logro al gobierno y que ha dicho incluso que viene a destripar a la izquierda.

Están hechas las apuestas. Las urnas hablarán y seguramente premiarán la coherencia.

 


Comentarios

  1. Muy buen análisis, sin embargo conozco personajes de alta academia y gays que apoyaban a Fajardo y ahora le piden que de un paso al costado y apoye a Paloma-Oviedo, porque son "el equilibrio entre lo femenino y lo masculino, ella es el eterno femenino" (palabras textuales de un antiguo director del Planetario de Medellín).

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  2. Los Cambios deben avanzar con fundamento de forma humana para todxs. Muy cierto! Gracias!

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  3. Si el comportamiento del voto libre se mueve con su analisis. Tal como estan los numeros Cepeda y Abelardo a la segunda. Cepeda presidente cuidando el voto.

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  4. Siento que Cepeda se apuró y se confió mucho con la vicepresidente. En el Cauca los que no somos indígenas hemos sufrido mucho con esos bloqueos, al final nosotros que incumplimos ? y si pagamos las consecuencias. Creo que eso le bajará apoyo a Cepeda en tierras caucanas. Oviedo aprovecha su oportunidad en política, no creo que perdió la coherencia, simplemente se la jugó, algo hará ese tipo es inteligente. La coherencia la perdió Francia cuando llegó a la vicepresidencia y solo aprovechó la teta del estado, nada mas hizo, por que con la señora indígena será diferente?. A Bolivar lo respeto (y admiro) es de la izda que tienen valor, inclusive más que el populista de Petro, pero esto solo hace notar que está asustado.

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  5. Ganó 70 hptas ustedes los que la izquierda nunca más vende patria i ojo que estados unidos le tiene los ojos enzima a ust narco terrorista 💯💯💯💯💯💯💯

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  6. SOY LIBERAL POR SER GALANISTA Y VOTE POR CESAR GAVIRIA .;SERPA Y SANTOS .PERO LA POLITICA CAMBIO Y YA CON ESTA SON 3 VECES POR LA IZQUIERDA Y SIENTO QUE SOY FIEL A MI PENSAMIENTO MIL GRACIAS.

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    Respuestas
    1. TOTALMENTE DE ACUERDO
      LA POLÍTICA HA CAMBIADO MUCHÍSIMO; QUE LÁSTIMA QUE A PALOMA SE LE FUERON LAS LUCES METIENDO AL TIPEJO OVIEDO
      POR ESO ABELARDO EL TIGRE PRESIDENTE

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  7. Perdió su dignidad, su ética y identidad como político y persona, se humillan y permite que le humillaen a cambio de poder

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