Petro: de 26 a 49% en dos años.

 Petro: de 26 a 49% en dos años.

Por Gustavo Bolívar.

 

La popularidad se asemeja a una chequera que los gobernantes se empiezan a gastar Desde el primero hasta el último día de gobierno. La constante en el mundo es que los gobiernos se van desgastando. Todos. Es natural, normal. Las promesas envejecen, las equivocaciones pasan factura, los escándalos decepcionan a la gente y el poder erosiona. Lo usual es descender y enfrentar el último año con el sol acuestas.

Por eso, cuando un presidente pasa de 26% de favorabilidad a 49% en menos de dos años, no estamos ante una fluctuación estadística: estamos ante una anomalía, un extraño fenómeno político, refrendado por tres encuestadoras distintas.

En diciembre de 2023 la popularidad del presidente Petro cayó al 26%. Hoy, según Invamer la aprobación del presidente llega a 49,1%. El CNC lo ubica en 48,8%.

Más de 23 puntos de recuperación, en los últimos meses de gobierno, no son coincidencia, son un brutal, consistente y paciente y, porqué no decirlo, inteligente trabajo político basado en resultados reales.

No ocurrió en silencio. Ocurrió en medio de confrontaciones diarias, reformas bloqueadas, titulares adversos, tergiversaciones, calumnias y advertencias diarias de colapso inminente.

Subir enfrentando el desgaste es difícil. Subir enfrentando oposición institucional es excepcional.

Hace dos años, Petro tocó el infierno con un 26% de aceptación, explicado en gran parte en dos hechos concretos:

—el ajuste acumulado de 3.600 pesos en el precio de la gasolina,

— el escándalo de corrupción en la UNGRD.

Una decisión económica impopular pero necesaria y responsable y una crisis institucional severa. La opinión pública castigó. La democracia funciona así.

Pero, como dicen por ahí, en juego largo hay desquite. Durante dos años se anunció el desastre: hiperinflación, dólar disparado, fuga masiva de capitales, colapso productivo, baja ejecución, derroche. Nada de eso se cumplió. Los datos muestran un panorama más complejo y menos dramático:

— La economía creció 2,6% el último año.

— La inflación descendió al 5,1%frente a los picos superiores al 13% de 2022.

— El dólar se estabilizó debajo de los $3.800 tras episodios de volatilidad.

— La pobreza monetaria cayó más de cuatro puntos porcentuales según cifras oficiales.

— Las incautaciones de cocaína alcanzaron cifras históricas reportadas por el Ministerio de Defensa.

—La Reforma Agraria alcanzó cifras emocionantes. Casi un millón de hectáreas entregadas a los campesinos y casi dos millones de hectáreas formalizadas.

Se desmoronó de esta forma la narrativa del derrumbe inminente porque cuando el miedo anunciado no se materializa, pierde eficacia política.


Poder adquisitivo Vs miedo.

Pero, más allá de la macroeconomía, hay decisiones que impactan directamente el bolsillo de la gente que ha visto cómo su presidente lucha contra todos los poderes para mejorarles la vida:

– El salario mínimo ha aumentado más de 60% durante el cuatrienio.

– Más de 3 millones de adultos mayores reciben bono pensional.

– 46 mil madres comunitarias fueron formalizadas.

– Se mejoraron ingresos en Fuerzas Armadas y Policía.

—Los maestros y los pensionados de las FFAA gozan hoy de la mesada 14.

—Millones de pensionados se benefician del alza del salario mínimo.

Se puede debatir la sostenibilidad fiscal, la velocidad de implementación o la eficiencia del gasto, eso es legítimo. Lo que no se puede desconocer es que millones de hogares percibieron cambios concretos.

En economía, la redistribución de la riqueza, cristalizada en el aumento del poder adquisitivo de la gente más excluida, es más persuasivo que cualquier discurso político.


El golpe Blando

Hay otro fenómeno que explica la impresionante curva ascendente en la acpetación del presidente Gustavo Petro: Tras cada gran choque institucional, la favorabilidad no cayó: subió.

Cuando se hundió la Reforma Laboral, subió varios puntos.

Cuando la Corte recortó la Tributaria, subió, un par de puntos.

Cuando se congeló la Pensional, subió más.

Cuando en el Congreso de la República le bloquearon dos Leyes de financiamiento y la discusión del presupuesto de 2025, volvió a subir.

Cuando el Consejo de Estado intentó bajar el alza del 23,7% en el salario de los trabajadores que ganan el mínimo, la popularidad del presidente, que se plantó a defenderlos, creció, esta vez, exponencialmente.

 

Porque la gente no es boba. Identificaron en todas estas trabas, no la aplicación de la ley, no la aplicación de la constitución sino un patrón. Un evidente patrón de bloqueo institucional.

 

Una parte significativa del electorado interpreta esos bloqueos como frenos a reformas que consideran urgentes y propias y responde respaldando a quien lucha por ellas. Y responde dando la espalda a quien intenta detenerlas. Por eso, en lugar de desgaste, hubo reacción.

 

De ahí que Gustavo Petro, en sus últimos meses de gobierno, casi dobla en popularidad a los dos últimos expresidentes a esta misma altura del juego. Ni Juan Manuel Santos ni Iván Duque se aproximaron al umbral del 50% que hoy roza, Petro.

 

Eso no lo hace invulnerable, pero sí contradice la tesis de un pésimo gobierno o de un gobierno terminal. Corrobora esta precepción el hecho de que Iván Cepeda, candidato del cambio, obtiene hoy 20 puntos de ventaja sobre el segundo candidato en las encuestas. Una distancia muy difícil de contrarrestar en dos meses.

 

 

Conclusión

 

Veintitrés puntos no aparecen debajo del sombrero de un mago. Son el resultado de tener carácter para defender al pueblo, son el producto de asumir decisiones polémicas, confrontaciones intensas y de insistir casi que tercamente en la aprobación de las reformas sociales.

 

Se puede cuestionar el estilo del presidente. Se puede debatir su modelo económico. Se puede discrepar de su narrativa. Pero el dato es indiscutible: la favorabilidad subió.

 

De 26 a 49 no hay un milagro. Hay paciencia política. Hay resistencia. Hay una ciudadanía que evalúa con lupa quién está en favor de sus necesidades y quien se opone a ellas con mezquino cálculo político. Y cuando la realidad contradice el presagio del derrumbe, la curva se mueve. Esa curva —la que nadie anticipó— es hoy el dato más elocuente del momento político colombiano.

 

Y si nada extraordinario ocurre, el 7 de agosto, el presidente Petro le impondrá la banda presidencial a otro de los nuestros. Iván Cepeda está a siete puntos de ganar en primera vuelta y aventaja al segundo por 20 puntos. Ya no es una utopía, es una posibilidad real y latente. Solo queda algo pendiente por resolver: Cuidar las elecciones. Los votos están, pero no hay testigos electorales suficientes.

 

#VolveremosAGanar

 

 


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