sábado, 11 de abril de 2020

ME DA TRISTEZA DEJAR A COLOMBIA ASÍ

 

El  17 de marzo recibí una llamada de Gustavo Petro. No es usual que llame. Casi nunca lo hace. Petro es una persona bastante sigilosa y desconfiada. No es para menos, fue chuzado por el DAS de Uribe y ahora por el Ejército de Duque. Por eso, sus cercanos siempre nos comunicamos con él por escrito, a través de una de esas plataformas que, creemos, aun no han sido descifradas por los chuzadores del gobierno. Cuando observé que la pantalla del celular estaba alumbrando con su nombre sentí que algo no andaba bien. Nunca llama. Entonces pensé: Si está llamando es porque pasó algo.

Tomé la llamada y al otro lado de la línea estaba él, con su misma voz tranquila y pausada de siempre. Me contó que viajaba a Cuba con el fin de someterse a un tratamiento porque le habían detectado un cáncer en etapa temprana. Un frío recorrió mi cuerpo. Le pregunté si lo iba a hacer público y me respondió que estaba esperando un segundo examen para confirmarlo. Lo lamenté sinceramente y me puse a sus órdenes. Me dejó algunas indicaciones y me encomendó un par de misiones. Tuve que esforzarme mucho para que no me notara afectado. Le deseé suerte y hasta me ofrecí, en un mensaje de texto a acompañarlo pero me respondió “No, el virus lo va a impedir”. Luego escribió una frase muy corta que me rompió el corazón: “Me da tristeza dejar a Colombia así”. Quienes amamos a Colombia sabemos lo que esas cortas palabras encierran. Con un nudo en la garganta le escribí textualmente “Aquí tiene un ejército defendiendo sus ideas, Tocayo. Vaya tranquilo y por su bien, olvídese por unas semanas de esta podredumbre para que se pueda sanar rápido”.

Creo en Petro cuando dice: Me da tristeza dejar a Colombia así. ¿Cómo no creer en la sinceridad de las palabras de una persona que desde su adolescencia empezó a luchar contra la opresión y a los 18 se echó al hombro la construcción de un barrio para desposeídos en Zipaquirá, la ciudad que lo adoptó durante su bachillerato?

¿Cómo dudar de sus palabras, si en medio de esa impotencia que muchos hemos sentido ante las injusticias que suceden en este país, tomó la decisión, equivocada o no, de ingresar a las filas del M-19 a sabiendas de que sus posibilidades de sobrevivir eran mínimas?

¿Cómo poner en tela de juicio su amor por Colombia si, luego de ser  capturado y torturado, decide seguir en la lucha política durante 35 años a pesar de una cruenta persecución, tres atentados contra su vida y una larga lista de calumnias, amenazas, denuncias penales, sanciones y multas por proteger los intereses de los más débiles?

Pues yo le creo y sé que muchos de ustedes también. Gustavo ama a Colombia y ese amor a su país y a su familia lo mantendrá vivo, en pie de lucha contra su enfermedad y le permitirá sortear con éxito y enteresa su tratamiento. Pero ante todo, porque Gustavo Petro es un guerrero. Se enfrentó casi solo, en un comienzo, a un ejército de 30 mil paramilitares, liderado por sanguinarios narcotraficantes y políticos corruptos y poderosos que por respeto con su dolencia hoy no vale la pena mencionar. Se enfrentó a la horda de hampones, incluso a uno de su propio partido de esa entonces, que robó más de 2 billones de pesos a Bogotá. Fue el primero en alertar al país sobre los tentáculos corruptos de Odebrecht. Nunca le ha temblado la mano para señalar, siempre con pruebas, a quienes se enriquecen a costa del erario, a quienes matan a los líderes sociales, a quienes fomentan la desigualdad social.

En el campo político sorprendió al país durante las pasadas elecciones con un discurso estructurado, intelectual, moderno y premonitorio que cada día cobra más vigencia. Nos alertó sobre los peligros del cambio climático, nos enseñó a mirar hacia el agro y su actual improductividad, nos hizo reflexionar sobre las energías limpias y la imperiosa necesidad de recobrar nuestra productividad dejando atrás las energías fósiles. Nos advirtió sobre la debacle del sistema de salud por culpa de la  ley 100 que promete derogar y ha luchado por las minorías saqueadas y masacradas de este país. Desde que dejó su arma, ha hecho honor al pacto firmado por Pizarro y nunca ha dejado de luchar por la paz grande, como le llama él a un acuerdo que incluya a todos los actores armados bajo la premisa de una reivindicación social a gran escala.

No es perfecto, aunque no sea oportuno decirlo, pero lo hago por ese equilibrio que deben tener las cosas para no caer en la adulación. Lo que sí tiene de sobra, y quizá forme parte de su perfecta imperfección, es una absoluta carencia de cálculo político. Nunca mide las consecuencias de sus palabras. Puede perder la presidencia por un tuit, incluso el cielo, pero no le importa. Primero la coherencia, primero la autenticidad, primero la franqueza. Y eso es lo que lo ha mantenido vigente por casi cuatro décadas y eso es lo que le granjea las antipatías de los tibios, el odio de los sectarios de ultraderecha, pero también las simpatías de millones de jóvenes que entienden su irreverencia y su importaculismo a la hora de decirle al que sea, lo que sea, cuando sea y donde sea.

Si durante varios periodos de su carrera se ha quedado solo, no es por soberbia o por petulancia o porque sea un dictador como algunos dicen. Es porque simplemente, Petro es un incomprendido. ¿Cómo no serlo, si por su constante necesidad de aprender, su enfermiza manía de devorar libros de economía, su obsesión por prepararse, su visión global de las cosas y su intuición para adelantarse a los acontecimientos, vive varios años delante de algunos de quienes lo rodean?

He vivido a su lado episodios felices, como sus triunfos en la consulta interpartidista y su paso a segunda vuelta durante las elecciones de 2018. He vivido a su lado momentos de angustia, como aquellos que pasamos en el interior de una camioneta en Cúcuta mientras francotiradores le disparaban desde edificios aledaños al Parque General Santander. Recuerdo que mantuvo tanto la calma, que mientras hablaba, y ahí están los videos para constatarlo, los tiros pegaban en el vidrio blindado y por no habernos inmutado, por haber mantenido la calma, requisito sine quanon para grandes timoneles,  la gente pensó que se trataba de un montaje.

También he vivido momentos tristes como el de aquella noche en el teatro del Down Town Majestic, cuando a las 7 de la noche apareció con su familia y un gesto melancólico para reconocer su derrota y el triunfo de Iván Duque. Hoy cuando las evidencias nos muestran a través de la confesión de Aida Merlalo los audios del Ñeñe Hernández y miles de actas adulteradas que el triunfador era él, siente en su alma que esas multitudes que lo acompañaron a lo largo y ancho del país merecían un mejor país que este que estamos padeciendo desde el regreso del uribismo. Pero Petro va a volver, de eso no nos cabe duda a quienes lo conocemos y lo estaremos esperando. Porque si hay alguien que pueda derrotar a las maquinarias del clientelismo y a las mafias de la corrupción con total independencia es él. No digo que nadie más pueda hacerlo, pero sí digo que nadie más podrá hacerlo sin aliarse con el establecimiento.

También viví a su lado momentos desagradables como uno reciente, cuando a raíz de una información de inteligencia, de esas que el gobierno le pasa a los pasquines uribistas, la gente empezó a preguntar #DondeEstáPetro con una andanada de suposiciones odiosas. Ese día le pregunté si salíamos a contar lo de su enfermedad o dejábamos morir el Hashtag. “Dejemos que se muera”, me respondío con esa pasmosa tranquilidad de quien está acostumbrado a que le den palo día y noche sin inmutarse porque su conciencia está tranquila.

Pero la peor experiencia que viví a su lado fue la de aquella noche cuando Petro y Robledo tenían al Uribismo y a Nestor Humberto Martínez contra las cuerdas, por los sobornos de Odebrecht, y de la nada una senadora uribista puso a rodar, en medio del debate en la plenaria, el famoso video en el que lo vemos recibiendo 20 millones de pesos que le había enviado el reconocido arquitecto Simón Vélez. Además lo pasaron sin audio porque sabían que mudo hacía más daño. Y porque el audio, en el que se escucha decir que son 20 millones, que son un aporte y en el que Petro se queja por la baja denominación de los billetes, lo absolvía. Pasaron tres horas desde que rodaron el video y no le dieron el derecho a réplica, todo un crimen contra el derecho a la defensa, el derecho a responder agravios consagrado en la ley 5ª. Una "jugadita" más de la mesa directiva.

Ese día, al verlo impotente ante la arremetida cobarde del uribismo, sentí la necesidad de defender al Jefe y casi me voy a las manos con el senador Eduardo Pulgar por haberle negado arbitrariamente la palabra. El uribismo logró desviar el debate de Odebrecht pero la historia es implacable. En los anales quedará que Uribe les firmó el contrato, que sus hijos se reunieron con Odebrect en Panamá, que Andrés Felipe Arias recibía un sueldo de Odebrect y que su viceministro de transportes recibió un soborno por 6.5 millones de dólares, exactamente, a precios de hoy, 1.300 veces lo que Petro introdujo en aquella bolsa, que no niego se ve desagradable, porque el entrampador, quien firmó el video con segundas intenciones, se cuidó de entregarle esa pírrica suma en billetes de dos y cinco mil pesos para que se vieran varios fajos.  Recibir donaciones no reviste delito alguno, y menos si vienen de personas reconocidas. Lo constatará la Corte Suprema de Justicia que lleva el caso.

En Miami, cuando aceptó venir a mi casa con su esposa, en enero de 2018, nos tomamos unas cervezas y me pidió que le pusiera una canción de Silvio Rodríguez. Luego otra y luego otra. Tres canciones del cantautor cubano por cada cerveza. Y cuando sonó una que se llama “Preludio a Girón” cantó en voz baja, porque es muy tímido: “Nadie se va a morir, menos ahora que el canto de la patria es nuestro canto”…


Lo conozco lo suficiente para saber que está tranquilo preparándose para una nueva batalla, una más, más no la última, mientras recuerda las palabras de Jaime Bateman, uno de sus referentes revolucionarios: “Somos mujeres y hombres hechos para las dificultades”.


Gustavo Bolívar Moreno
10 de abril de 2020

domingo, 16 de febrero de 2020

LAS MENTIRAS DE URIBE

LAS 3 MILLONES 380 MIL MENTIRAS DE URIBE

Si tiene tiempo, vaya al buscador de Google y escriba: las mentiras de Uribe. Le aparecerán 3,380,000 entradas. Nada exagerado para la avalancha de mentiras, calumnias y difamaciones con las que suele enlodar a quienes lo controvierten y las imprecisiones y tergiversaciones con las que vive enredando a su fanaticada, que en realidad es grande.

Por ejemplo, Uribe dijo que el periodista Daniel Coronel de la revista Semana era un narcotraficante. Dijo también que el columnista de El Espectador Yahir Akerman era del ELN. Ha dicho que el periodista y ahora concejal Hollman Morris era un terrorista de las FARC. Al periodista Jorge Ramos de Univisión lo dejó plantado cuando este no le preguntó lo que él quería que le preguntaran. Del Periodista Francés Romeo Langlois dijo que le daba mucha desconfianza. Del periodista Julián Martínez de Noticias Uno dijo que era de las Farc. Al corresponsal Salvador Castellanos de Univisión se le escapó de una entrevista en curso por preguntas “incómodas”. Ahora le dice al columnista de Revista Semana Daniel Samper Ospina que es un violador de niños. La tapa de todas las calumnias. 

La lista es larga y tan evidente es su desprecio hacia la libertad de prensa que periodistas simpatizantes de sus ideas como Claudia Gurisatti, Hassan Nasar, Salud Hernández y Juan Lozano, ya le exigieron ponerle fin a sus excesos.  

De Santos dijo que había financiado su campaña con dinero del narcotráfico pero no interpuso la denuncia ante el Fiscal sino ante su amigo, el Procurador Ordóñez.  

A los colombianos les dijo que les iban a quitar sus pensiones para poderles pagar a las FARC, que los guerrilleros nunca iban a entregar las armas, que Timochenko sería presidente y también se fue a foros internacionales a decir mentiras sobre la economía de Colombia y a despotricar sobre el proceso de paz. En todo más serio que el que él hizo con los paramilitares, incluidas varias falsas desmovilizaciones.

A las madres de los jóvenes hechos pasar por guerrilleros, por cuya culpa (presionar a los militares por resultados) fueron asesinados más de seis mil, les dijo con toda la infamia que cabe en su boca, que ellos, los famosos falsos positivos “no estarían recogiendo Café”. Se refería a los muchachos inocentes que su ejército vistió de guerrilleros y asesinó vilmente para mostrar a la prensa que estaba ganando la guerra.

Miente, calumnia y difama a quien lo enfrenta o lo cuestiona con argumentos. Es un cínico descarado de marca mayor porque nadie como él tiene un rabo de paja tan gigante. Sus dos edecanes personales presos por narcotráfico, dos ministros presos por comprar su reelección y uno más por regalar plata a ricos terratenientes, entre ellos el mismo Uribe. Sus dos directores de el DAS presos, uno por asesinar opositores y poner el DAS al servicio de los paramilitares y la otra por chuzar a periodistas y magistrados de la Corte Suprema. Su hermano está preso por paramilitarismo, su sobrina presa por narcotráfico, sus hijos multimillonarios por el negocio de las Zonas Francas que propiciaron funcionarios suyos desde su gobierno.  Es un populista rencoroso y peligroso que soporta su vileza en una horda de tuiteros, muchos de ellos pagos, algunos periodistas sin ética y un aparato de justicia miedoso y arrodillado a sus tentáculos de poder.

Uribe hace ver como verdades sus mentiras (Postverdad). Sus casi 5 millones de seguidores en las redes sociales creen cada cosa que dice y obedecen sus órdenes sin cuestionarlo. Tanto que ya hay una campaña para elegir en 2018 a quién Uribe designe, sin importar quien sea. Su poderoso aparato de propaganda promueve sus mentiras a velocidades aterradoras pero no sus ya varias rectificaciones. De hecho la Corte Suprema sentencio que: “El lenguaje agresivo es una manifestación de violencia. Y usado por un líder político en cualquiera de las redes sociales puede llegar a ser identificado por alguno de sus seguidores como una invitación, o por lo menos, como una autorización velada al uso de la violencia física contra el destinatario del trino o del discurso descalificador”.


Entonces, señores Magistrados de la Corte Suprema, si este señor es reincidente y ahora ha vuelto a reincidir de la manera más vil, por qué no toman acciones. ¿Cuál es el miedo? ¿Es intocable? Pues díganlo de una vez por todas. ¿Es impune? Pues díganlo de una vez por todas? ¿Le tienen miedo? Es válido. Entonces renuncien a sus cargos para que jueces valientes y con pantalones llamen al orden a todos los colombianos por igual sin distingos de poder de intimidación. Basta ya de llamados de atención. Este señor, como dijo Samper Ospina, su última víctima, no está por encima de la ley. O si lo está pues conviértanlo en jurisprudencia: El señor Alvaro Uribe puede decir lo que quiera, de quien quiera, como quiera, a la hora que quiera y nada de lo que diga podrá judicializarse porque él está por encima de la  ley. 

Gustavo Bolívar 

  • 15 RAZONES POR LAS QUE SE DEBE REVOCAR A PEÑALOSA URGENTEMENTE:
  1. LA PRINCIPAL. Le va a quitar a las futuras generaciones la posibilidad de un medio ambiente sano, convirtiendo la Reserva Thomas Van Der Hammen en una urbanización, una gigantesca mole de cemento, de la que solo se beneficiarán algunos de sus secretarios, que tienen predios allí, y varios contratistas que aportaron dinero a su campaña. Aunque diga que es un potrero, la VDH se respeta.
  2. Quiere vender a toda costa, y por un precio 300% inferior, nuestra Empresa de Teléfonos de Bogotá. Una empresa no solo muy rentable sino muy estratégica para las comunicaciones del futuro. Dice Peñalosa que sin esa venta se afecta el presupuesto de educación y salud. Le preguntamos entonces: ¿Cómo hizo el anterior alcalde para aumentar esos presupuestos sin venderla y al contrario, inyectando 2.6 billones para su modernización en fibra óptica?
  3. Privó a los Bogotanos de tener un metro subterráneo a la altura de los mejores del mundo, que ya tenía estudios de tercera fase, que ya estaba listo para licitar. Se atrevió incluso a vociferar, con su patanería disfrazada de sarcasmo, que lo había diseñado alguien mientras se cepillaba los dientes. Hará en cambio, si alcanza, un metro aéreo, de los que él mismo rechazó en varios tuits de años anteriores por su falta de estética. Un Metro feo que devaluará las propiedades por donde pasará y se convertirá en basurero, refugio de malhechores, y muro de varios kilómetros para los afiches de los políticos. 
  4. Quiere, contra toda lógica, meter Transmilenio por la Séptima. Eso no cabe si no en su terca cabeza. Es una avenida angosta donde ya no caben, desde hace 10 años, ni los carros particulares. Sabemos de sus vínculos con la empresa que vende los buses pero ya basta de atrasar a Bogotá. TM ya cumplió su ciclo. Es feo, está saturado, contamina, es incómodo para los usuarios, genera trancones. Por eso los están acabando en otras partes del mundo como en Chile y la India. Deje que Bogotá se modernice, señor Peñalosa. Déjenos respirar un aire más puro. Para eso están los trenes eléctricos.
  5. Quiere meter Transmilenio por las vías Férreas. Absurdo. El mundo al revés.
  6. Echó para atrás los acuerdos que tenía Bogotá con el departamento de Cundinamarca y la Nación para hacer el tren de cercanías que conectara a la capital con los municipios vecinos.
  7. Desbarató avances en la contratación de tranvías eléctricos por las avenidas 68 y 7a.
  8. Saca pecho inaugurando las obras que dejó el anterior alcalde, como el metro cable para Ciudad Bolívar y varias vías y colegios. Y aunque no tiene la gallardía de reconocer su autoría, sí critica y sin fundamento cada cosa que hizo aquel.
  9. Bajó el presupuesto de la salud. Delicado. Se ha traducido en aumento de muertes de recién nacidos y aumento en la tasa de mortalidad en menores de 5 años. Ahora hay menos ambulancias, menos camas disponibles. Pero tendremos que conformarnos con su pobre filosofía: "En todas partes del mundo la gente se muere esperando una ambulancia".
  10. Bajó el presupuesto de educación. Más delicado aún. Se traducirá en un futuro en mayor delincuencia.
  11. Ha subido tarifas de Aseo, Transmilenio, parqueaderos, luz, agua.
  12. Está otorgando contratos a varios donantes de su campaña, lo cual constituye un delito. Por ejemplo, Jesús Acosta de constructora AIC donó 20 millones a su campaña y recibió un contrato por 927 millones del Fondo de desarrollo local de Los Mártires (Los mártires son los ciudadanos que pagan impuestos). Luis Lozano de TerraFranco y Flores Ipanema, donó 40 millones y recibió dos contratos por valor de 1.215 millones. Uno de la Sec. de seguridad por 471 millones y otro por 744 millones de la Sec. de Planeación. Hay más.  
  13. Cada que la ciudadanía protesta, con justa causa, manda su escuadrón represor (Esmad) a romperles la cara. Pasó con discapacitados, con maestros y recientemente con campesinos de la zona del botador de Doña Juana quienes deben convivir con millones de moscas y ratas o quedarse callados.
  14. Es prepotente, arrogante, no escucha a la ciudadanía con la excusa de que no todos votaron por él. Se equivoca, según encuestas, lo desaprueba casi la ciudad entera (entre un 80 y un 90% de desaprobación a su gestión) lo que obliga a pensar que en ese margen están por lo menos la mitad de quienes votaron por él.
  15. Odia el arte callejero. Manda a borrar las obras que muchos artistas han regalado a la ciudad empleando meses y mucho dinero para hacerlas. Es un articidio del cual ya están dando cuenta varios medios internacionales. Y lo más grave del asunto es que en una de las fotografías del grafiticidio que circulan en tuiter aparece una niña de unos 9 años acompañando a sus padres a borrar una obra de arte. ¿Qué le están enseñando a esa criatura?
Existen más razones como la corrupción en alcaldías locales y el haber quitado el servicio de bicicletas por la séptima, o su manguala con varios Concejales de Bogotá a cambio de puestos, pero digamos que estas son las principales. Se avecina una elección para revocar al alcalde, si es que no se dilata más el proceso, y debemos salir a revocar al alcalde. Con contundencia. No podemos quedarnos en casa. Tenemos que salir a votar para alcanzar el umbral. Es el futuro de varias generaciones lo que está en juego. At: Fundación Manos Limpias Colombia.

jueves, 16 de abril de 2015

PAZ EFÍMERA Y COSTOSA VS. PAZ DURADERA

por Gustavo Bolívar

Mucho se jactan los uribistas del período de tranquilidad que vivió el país durante buena parte de los ocho años en que ocupó la presidencia el hoy senador Alvaro Uribe Vélez. En buena parte tienen razón, es innegable que se recuperó la seguridad de las carreteras y que, como dicen ellos mismos, la gente pudo volver a sus fincas con tranquilidad. Pero sus contradictores nos preguntamos siempre ¿a qué precio?

Un precio muy alto. porque al tiempo con el que se asestaban golpes a las guerrillas, que en virtud de los falsos positivos, hoy ya no sabemos si fueron tan ciertos y tan contundentes, se mantenía una complacencia y laxitud, probadas ya por la justicia, frente a los grupos paramilitares que cometían masacres a lo largo y ancho del país con total impunidad, primero desde el monte, luego desde la escuela criminal de Ralito a donde fueron a parar varios capos del narcotráfico y, por último, de las cárceles a las que fueron remitidos los altos mandos paramilitares gracias a la ley de justicia y paz.
Si revisamos cifras, el país mantuvo entre 2002 y 2010, tasas promedio de muertes violentas de 22.000 personas. Hoy, en un período que los uribistas critican por “haberle devuelto el control del país a las guerrillas” las tasas de asesinatos han disminuido en casi un 50%. El año pasado estuvo cercana a las 13.000 muertes violentas.

Luego, la paz de Uribe fue relativa, efímera, parcial, paliativa. Porque aplicó analgésico al cáncer, que son las FARC, pero no extirpó el tumor definitivamente y el otro cáncer que trató de extirpar, el de los paramilitares, hizo metástasis en las peligrosas bandas criminales que hoy nos azotan en todo el territorio nacional. La muestra es que el cáncer de las FARC atacó antes de ayer y mató a 11 soldaditos humildes, muchachitos del pueblo, de apellidos populares.
En Colombia matan aproximadamente 400 militares al año. ¿Cuántos son hijos de ministros, presidentes, magistrados, congresistas o cacaos? Ni uno solo. Sin embargo buena parte de esos mismos altos dirigentes, políticos e industriales del país pregonan la guerra con saña. Guerra en cuerpo ajeno.

Luego la paz de Uribe es una paz basada en caravanas de viajeros acompañadas por el Ejército, cientos de miles de soldados en las carreteras haciendo la señal de víctoria a los conductores de vehículos, un gasto militar exorbitante que le quita recursos a la educación. Y me pregunto si esa costosa parafernalia es sostenible en el tiempo. ¿Podemos seguir cuidando los campos y las carreteras y las industrias y a miles de particulares en peligro de secuestro o de asesinato con recursos del Estado? ¿Sí?  ¿Y por cuántas décadas más?

Sería mejor, muchísimas veces mejor una paz real, duradera, estable, definitiva. Que la gente pueda volver a sus fincas y viajar libremente de por vida sin el acompañamiento del ejército. Que esa plata que se escurre a chorros a las Fuerzas Armadas se invierta a chorros y con urgencia en educación. Que los fusiles se silencien para siempre. Que el cáncer de la guerrilla sea extirpado para siempre pero también las condiciones sociales, las injusticias y la corrupción que las hicieron nacer y crecer.
Esa es la paz que queremos. Y la única manera de alcanzar esa paz definitiva es por la vía del diálogo. Que si pagan cárcel o no pagan cárcel. Ese es un debate que se está dando y se decantará solo. Si no pagan cárcel y la gente está inconforme, pueden votar negativamente el acuerdo en el referendo aprobatorio que contempla la ley para refrendar los acuerdos.
Lo cierto es que nadie con un poco de sensatez debemos deducir que es preferible que los jefes guerrilleros impongan sus ideas a través de la política y no de la milicia. La Lucha armada es obsoleta, ya no tiene cabida en este siglo.

En Colombia sí cupo una revolución, corruptos y oligarcas abusan con descaro de la gente. Todo está corrompido. Dónde uno toca sale pus. En la justicia, en la contratación estatal, en las Fuerzas Armadas, las alcaldías y gobernaciones, los concejos, las asambleas y especialmente el Congreso de la República. Da rabia la forma como se enriquecen entrando a saco en un erario sin dolientes. Da rabia la forma como logran impunidad para sus fechorías comprando jueces o haciéndose favores mutuos. Da rabia la manera como las mafias del poder se blindan entre sí otorgándose fueros e inmunidades.

Hay en verdad muchos motivos, pero el tiempo de la lucha armada ya se quedó del bus de la historia. Aunque se mantienen las restricciones democráticas con un sistema electoral corrupto y cerrado a la participación ciudadana, se puede intentar un cambio, a través de la política. Tardaremos mucho tiempo en ver un electorado consciente y educado pero se puede intentar. Hoy los electores son, en su gran mayoría (80%) o perezosos, o indiferentes, o ignorantes, o interesados, hablando de aquellos que venden sui voto. Pero de todos, la democracia es el menos imperfecto de los sistemas políticos. Vale la pena intentarlo. Lo que si no vale, ni valdrá la pena, nunca jamás, será tratar de imponer las ideas a punta de bala.

¡Viva la paz! ¡La verdadera paz!

martes, 13 de enero de 2015

Samper y Serpa: Narcopolíticos

Samper y Serpa: narcopolíticos 
Por: Gustavo Bolívar

William Rodríguez, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, máximo cabecilla del Cartel de Cali, acaba de romper 21 años de silencio. Un pacto que, según él, su padre y su tío Gilberto siempre respetaron, a pesar de que Ernesto Samper les incumplió los acuerdos que habían convenido a cambio de financiar su campaña.

Lo que cuenta William Rodríguez a la periodista Yolima Celis de RCN es gravísimo. Dice, entre otras cosas, que se reunió con Horacio Serpa en dos ocasiones; que Samper sabía del ingreso de 10 millones de dólares a su campaña; que pagaron entre 5 mil y 150 mil dólares a varios congresistas para que no aprobaran la ley de enriquecimiento ilícito en favor de terceros y otras leyes; que a Heine Mogollón, representante investigador de Samper, le compraron la absolución de su investigado presidente por 100 millones y hasta reta a los protagonistas del proceso 8.000 a someterse a una prueba de polígrafo, con la advertencia de que si pierde, es decir, que si es mentira lo que está diciendo, se devuelve a Colombia y pierde los privilegios que la justicia norteamericana le está brindando luego de pagar 5 años de condena en ese país.

Las acusaciones no son nuevas. Todos las conocíamos. Lo relató Santiago Medina, tesorero de la campaña Samper Presidente en su libro “la verdad sobre las mentiras”. Lo había confesado ante las cámaras de televisión Fernando Botero Zea, Jefe de debate de la campaña. Lo iba a contar a la Fiscalía el chofer de Horacio Serpa pero lo asesinaron tres días antes de que tuviera una indagatoria al respecto en la Fiscalía. Lo iba a contar la Monita Retrechera, famosa por regalar un anillo de diamantes a la esposa de Samper, pero la asesinaron dos días antes de sus declaraciones ante la Fiscalía. Lo contó Enrique Parejo González, exministro de justicia, en un libro que el país no quiso leer. Lo notificaron los gringos al cancelar la visa a Samper (Qué vergüenza, tuvimos un presidente sin Visa a los Estados Unidos). Lo había contado Rasguño. Lo advirtió Álvaro Gómez antes de que lo mataran. Lo denunció Andrés Pastrana con los llamados narcocasetes en los que el país escuchó horas de conversaciones entre miembros de la campaña de Samper, los Jefes del cartel de Cali y el Loco Giraldo, periodista que sirvió de intermediario entre la campaña y los narcotraficantes de El Valle del Cauca. Lo dejó escrito el mismo Loco Giraldo en sus memorias.

Todos lo sabíamos. Lo novedoso en este caso, es que las acusaciones provengan, en tono sereno y creíble, del hijo del Jefe del Cartel de Cali que por dos décadas se negó a delatar al Presidente. William Rodríguez cuenta que Samper los mantuvo callados bajo la amenaza de que si hablaban los podía extraditar por vía administrativa.

Obviamente, los acusados, Ernesto Samper y Horacio Serpa saldrán a decir, el primero con cinismo y el segundo con su famoso vibrato, que el país no puede hacer eco de las acusaciones de un delincuente. Y el país les creerá. Y la gran prensa los cubrirá con su manto de solidaridad hacia los poderosos. Y la Fiscalía dirá que el caso está cerrado. Y los electores los volverán a elegir como eligieron a Serpa el año pasado al Senado. Y la izquierda, que cada vez me desilusiona más, postulará a Samper a cargos como el que ahora ocupa de Secretario general de UNASUR.

¿Y este país mentiroso, encubridor, indigno, ciego, sordo, mudo, masoquista, sucio, cochino, arrodillado, podrido, impune, injusto, es el que aspira a consolidar una paz duradera? Permítanme reír con tristeza. Porque Está lejos de alcanzar la tranquilidad una nación donde los hampones se meten en la misma cobija con los jueces, los poderosos y los medios de comunicación.

Y mientras la izquierda pide a gritos la captura de María del Pilar Hurtado por las chuzadas desde el DAS, o la de Luis Carlos Restrepo por las falsas desmovilizaciones, cosa que ojalá suceda y pronto, calla sobre las declaraciones de William Rodríguez, como calló en su momento ante las aberraciones de Samuel Moreno. Todo porque en este país todos nos creemos impolutos. Los hampones son los otros, los de la otra orilla. En la derecha no hay hampones porque los hampones son los de izquierda. En la izquierda no hay hampones porque los hampones son los de la derecha. Y así se viven tapando los unos a los otros, con un servilismo tan triste, que quienes optamos por la independencia terminamos crucificados en el medio. Este, sin duda, no es el país más feliz del mundo, esa es una máscara con la que fingimos y disfrazamos nuestras penas. Estos episodios sórdidos de impunidad de los de arriba y asombrosa lealtad de los de abajo, nos convierten en el país de las tristezas. Y si no es el más triste, por lo menos si tenemos asegurado el título del país con más idiotas útiles.


Por eso, y aunque la Comisión de Acusaciones de la Cámara lo haya absuelto, luego de que sus miembros se enriquecieran con las prebendas del Cartel de Cali y del mismo gobierno, gritaré siempre, a los mil vientos que Ernesto Samper y su nefasto escudero Horacio Serpa son narcopolíticos. Y que venga lo que tenga que venir porque el día que acatemos fallos corruptos, ese día, seremos igual de corruptos y la nuestra será una bandidocracia.

jueves, 27 de noviembre de 2014

CÓMO PAGAR EL METRO DE BOGOTÁ

CÓMO PAGAR EL METRO DE BOGOTÁ

Le siguen lloviendo peros al metro de Bogotá.  La veedora distrital, por ejemplo, dice que está desfinanciado en 9 billones porque el presidente Santos ofreció 6 billones para una obra que cuesta 15. Con todo respeto creo que Adriana está equivocada.  El metro sí cuesta 15 billones pero,  según al ley de Metros, a la nación le corresponde financiar el 70%, o sea 10.5  billones y a Bogotá los 4.5 billones restantes. Es decir, los 6 billones que ofreció el Presidente Santos son, o deben ser, solo un anticipo de lo que debe poner el gobierno central para financiar la obra.

Coinciden la Veedora y varios concejales de la oposición en que el alcalde Gustavo Petro no puede usar el cupo de la deuda porque aquel tiene una destinación específica (Troncal de la Boyacá, cable de Ciudad Bolívar, parques, educación, etc), y en esto pueden tener razón. En este sentido, indican que el alcalde solo podría contar con 800 mil millones. Si esto fuera cierto, estaríamos hablando de un faltante de solo 3.7 billones que, con más creatividad que esfuerzo, podemos pagar los bogotanos durante los 7 años que puede tardar la obra en ejecución.

Porque no es que la ciudad tenga que sacar ya los 3.7 billones que le faltan. Los puede prorratear en el tiempo que dure la construcción de la obra. Por ejemplo, si fueran cinco años, tendría que buscar 740 mil millones anuales. Nada imposible para una ciudad que maneja un presupuesto de 15 billones de pesos. Es decir, el costo del metro solo impactaría las finanzas del distrito en un 5%. Pero si la obra dura 7 años, el panorama es muchísimo más despejado porque al distrito solo le correspondería pagar 528 mil millones cada año. La mitad de lo que recauda por impuesto de rodamiento y sobretasa a la gasolina.

En un escenario optimista, incluso puede sobrar dinero y convertir el Metro en un gran negocio. Si reduce la inversión en un 10% y la burocracia en otro 10%, Bogotá podrá obtener un ahorro adicional de 400 mil millones anuales. Si se cobra  plusvalía a todos los predios por donde pasará el metro, podría hacerse a otra platica cuyo monto desconocemos aún pero que no se antoja despreciable. Sin contar con la valorización que tendrían que pagar en mayor o menor medida los propietarios de los predios que afecte la obra según su cercanía o lejanía con la misma.

Lo anterior sin perjuicio de que en el Congreso, dentro de la Reforma Tributaria que se discute en estos momentos, incluya una exención de impuestos a la obra del metro, lo que reduciría su costo en 2.5 billones. Es decir, a la nación solo le correspondería poner 8.75 billones y a Bogotá 3.75 billones. Que así sea.

Pero hay otro rubro que con imaginación y buena gerencia puede terminar costeando otra parte de la obra. La explotación de los locales comerciales que se construirán dentro de las 27 estaciones del metro. Por flujo de clientes, estamos hablando del metro cuadrado más caro de la ciudad. Ningún centro comercial supera el precio de un local dentro de una estación de metro que moverá en promedio entre 10 y 20 mil personas a la hora.

De modo que dejemos el pesimismo. Bogotá no es una ciudad pobre. Cada año escuchamos la noticia de que el alcalde de turno dejó de ejecutar uno o dos billones de pesos. Pues que esta vez usemos esos excedentes en una obra que ya lleva cinco o seis décadas en estudios. Bogotá es la capital de todos. La ciudad que nos ha brindado oportunidades a propios y extraños. Es quizás la única capital del mundo con más de 8 millones de habitantes, que no tiene metro.

Bogotá merece salir del atraso en movilidad. Desde hace más de una década, a sus calles ingresan, anualmente, más de 100 mil autos nuevos sin que se construya una sola avenida de importancia en los últimos 30 años. Seamos sensatos, los trancones no se los inventó Petro ni los agravará el futuro alcalde. Recuerdo que en enero de 2012, un mes después de posesionarse, ya la oposición estaba orquestando una campaña de desprestigio por la movilidad. No seamos injustos. Los trancones vienen desde la apertura, en los años 90 cuando empezaron a ingresar, sin control alguno, cientos de miles de carros importados a las calles de la ciudad, sin que se invirtiera en autopistas o, al menos, avenidas anchas. Por el contrario, las pocas avenidas de gran envergadura que existían (La Caracas, la 80 y la Av Suba, fueron tomadas por Transmilenio que las redujo a dos carriles para autos particulares. Ese es el verdadero origen de los trancones. Un millón de carros más en 10 años y  menos vías.

Es cierto que los huecos agravan el problema. Sobre todo aquellos que están situados debajo de los semáforos en intersecciones importantes, pero la máquina tapahuecos por fin despegó. Está aún lejos de la meta fijada en el contrato (60 mil huecos tapados) pero ya empieza a mostrar resultados y a un buen ritmo.

Tampoco olvidemos que la indisciplina de los conductores ahonda la situación y en esto sí que ha faltado inversión en cultura ciudadana. Ni siquiera los conductores del SITP o del Transmilenio colaboran. Los veos a diario obstruyendo las vías por cruzar el semáforo sin tener el espacio suficiente para atravesar la calle antes de que se ponga en rojo. Taxistas y particulares que no hacen fila en los cruces contribuyen al colapso de una ciudad que poco a poco abandona su fama de buen vividero.

No más trabas al metro. Hagámoslo ya. Podemos. Tenemos con qué. Y qué mejor que sea licitado por un gobierno que ha puesto especial énfasis en la transparencia de la contratación administrativa.

No es una obra imposible. En el mundo hay 186 metros en más de 60 países diferentes, muchos de ellos en ciudades con menor ingreso o menos importantes que Bogotá.

Estamos ad portas de construir una sola y modesta línea de metro de 27 kilómetros que comparadas con las 12 líneas que ya tiene el metro de Ciudad de México o los más de mil kilómetros que tiene el metro de Nueva York, nos dan una medida de la importancia y la urgencia de iniciar ya un camino que ciudades como Londres empezaron hace 152 años, Nueva York hace 146 años, Paris 114 años y muy cerquita de aquí, Medellín hace 20 años. En el vecindario tienen metro Rio de Janeiro, Caracas, Buenos Aires, Lima, Ciudad de Panamá, Montevideo, Santiago de Chile y se está construyendo el de Quito. México no solo ya tiene 12 líneas construidas que suman más de 225 kilómetros y 195 estaciones, sino que acaba de contratar la construcción de un tren de alta velocidad, el primero en América, para unir al D.F con la ciudad de Querétaro a lo largo de 210 kilómetros que los trenes recorrerán a 300 km por hora.

Como si fuera poco, en Venezuela se construyen otros tres sistemas de metro en la actualidad (Valencia, Maracaibo y los Teques)  en Brasil operan , además de el de Río, otros ocho (Brasilia, Porto Alegre, Sao Pablo, Belo Horizonte, Fortaleza, Teresina, Maceió, Recife) y en México dos adicionales al de su capital (Monterey, Guadalajara)

¿ Qué esperamos? En serio, ¿Qué esperamos?

Si no lo hacemos ahora por costoso, en 10 años va a costar el doble. La ciudad  necesita que sus legisladores, en este caso los concejales de Bogotá, se comporten a la altura histórica de las circunstancias y permitan ejecutar la obra sin necesidad de que el alcalde les otorgue una tajada del contrato.

¿ Qué esperamos? En serio, ¿Qué esperamos?



martes, 26 de agosto de 2014

CONGRESO: NIDO DE RATAS COSTOSO E INÚTIL

En los sistemas presidencialistas como el nuestro, los congresos legislativos resultan ser la pieza más importante de una democracia. Son el contrapeso a las decisiones del gobernante de turno para evitar el abuso de poder y la extralimitación de funciones.
El nuestro no. El nuestro es todo lo contrario. Es un apéndice en el que se apoya el gobernante de turno para instaurar, en la práctica, una autocracia. Entre sus funciones principales, el Congreso de la República tiene tres, que al igual que las demás, en nuestro modelo clientelista, no sirven absolutamente para nada. Una es la del control político, otra judicial, otra más una función electoral y, obviamente, la de hacer leyes, que deriva de su naturaleza legislativa.
La del control político es un chiste. O más bien una vergüenza. No, mejor una farsa. No hay debate, no hay estudio, no hay control. Todo porque los gobiernos de turno se aseguran las mayorías de cada cámara comprando los votos de los honorables padres de la patria a punta de mermelada. Ese postre inmoral y costoso con el que lubrican las maquinarias de los partidos que a cambio, se abstienen de criticar o votar en contra las iniciativas del gobierno. Es decir, los presidentes de turno montan dictaduras legislativas haciendo aprobar todo lo que les venga en gana y desaprobar todo lo que la oposición intente presentar. En este sentido, jamás ha cuajado una moción de censura, jamás ha cuajado un juicio político a ningún presidente, jamás ha sucedido que un congresista de la oposición vea aprobar un proyecto importante, de su autoría. Jamás pudieron los de la oposición detener un solo TLC, tampoco promover un proyecto educativo serio y menos tumbar a un ministro. Y no por que no quieran, ganas y capacidad les sobran. Simplemente no pueden, no los dejan, los aplastan, los borran.
Caso contrario, todos los engendros, jurídicos tributarios o económicos que presente el gobierno son aprobados a pupitrazo limpio. Los legisladores que han prevendido sus votos (congresistas prepago),  ya saben por qué y cuando deben votar a favor o en contra un proyecto. Son robots vergonzosos que esperan el sonido de la campana para salir del lobby y pasar al recinto a votar. Sin la menor duda, sin leer, sin debatir. Saben que la misión es pagar esa entidad o esos puestos que les dio el gobierno y desde el cual aumentan considerablemente sus cuentas bancarias y sus caudales electorales. Entonces, ¿para qué el Congreso?
La otra función importante del Congreso es la judicial. La ejerce a través de la no menos vergonzosa “Comisión de Acusaciones”. Muchos le dicen jocosamente, por sus nulos resultados y su estruendoso fracaso: “Comisión de absoluciones”. Y no es para menos. Se creó hace más de cuarenta  años y ha investigado más de cinco mil casos de los cuales solo ha fallado en contra uno (1). Es un nido de impunidad. Trampolín para enriquecer a sus 17 miembros. Fueron los mismos que, contra toda prueba, contra toda evidencia, incluso confesiones directas de sus protagonistas, fallaron a favor de Ernesto Samper el proceso 8.000 con el nefasto Heyne Mogollón a la cabeza, de quien se supo después, recibió, junto con los que votaron a favor de Samper, miles de millones de pesos en partidas de libre destinación para sus regiones (mermalada modelo 95). El último capítulo vergonzoso de esta comisión se dio esta semana, cuando el representante Yahir Acuña, quien llegó a la política de la mano de la Gata,  se autonombró presidente, ad hoc,  y se adjudicó en su efímero paso, los 350 casos de denuncia que existen en contra del expresidente Álvaro Uribe. Los que no estamos ciegos que, afortunadamente, cada vez somos más, sabemos con qué intenciones. Pero el problema de fondo es que con su llegada a la Comisión de Acusaciones, Yahir Acuña pasa de investigado a investigador, de sindicado a juez.
También debe el Congreso, dentro de sus facultades electorales, elegir procurador, contralor y miembros del Concejo Nacional Electoral. Una vergüenza más. Eligen a sus jueces naturales, mandando al carajo la independencia de los poderes. Y para blindarse por completo siempre votan por el más componedor. Ese que se presta para cerrar los ojos ante las hamponadas de quienes lo eligen. Con estas funciones, la separación de poderes, base primordial de cualquier democracia decente, se va a la basura. Para citar un solo caso, durante las pasadas elecciones presidenciales, los nueve miembros del Consejo Nacional Electoral pertenecían, todos, a la Unidad Nacional que eligió a Santos. ¿Dónde están las garantías? Por eso, todas las reformas electorales, solo maquillajes por conveniencia, jamás tocan de fondo el problema del fraude electoral.
También debe el Congreso aprobar los ascensos de generales y ya sabemos la manera torcida como se ha manejado el asunto. Y si a la inutilidad y pusilanimidad del Congreso sumamos su alto costo y los odiosos y multimillonarios privilegios que tienen sus miembros (25 millones mensuales, carros blindados, escoltas, armas, celular, Ipad, cuatro tiquetes aéreos por semana, 50 salarios mínimos a cada congresista para que nombre sus asesores, etc.), debemos hacernos muy en serio esta pregunta: ¿Para qué el Congreso?
En un blog anterior (Congreso Unicameral) vimos que el funcionamiento del Congreso de la República cuesta más de dos billones de pesos a los colombianos. Ese gasto se justificaría si el ente legislativo trabajara, en verdad, por el bienestar de los colombianos. Si legislaran por los débiles, para zanjar los desequilibrios económicos de los más vulnerables. Pero no es así. Ellos legislan para las mafias, para los grupos económicos, para sus amigos contratistas. Es un hecho que la democracia representativa no existe. Todo se limita a un tráfico de necesidades que comienza por la compra del voto a los más ignorantes y necesitados y termina con la asignación de becas, puestos y contratos a quienes ponen el dinero par las campañas. Y las minorías que votan por políticos decentes, es decir aquellos que no venden su conciencia al gobierno de turno y que en realidad ejercen una oposición valiente, son tan poquitos, que no alcanzan a hacer mella a la “Unidad Nacional” (Cartel de clientelismo).
Todo esto sin contar que el Congreso se ha convertido en nido de ratas, escampadero de criminales que llegó a convertirse en toda una bacrim. Dominado por quienes trataron de refundar la patria a punta de masacres, mutilaciones, desplazamientos, chuzadas a opositores y la puesta de entidades como el DAS al servicio de esta causa criminal. De hecho, se cumplieron hace pocos días, los diez años de la visita de Salvatore Mancuso, ErnestoBáezy Ramón Isaza al Salón Elíptico, gracias al salvoconducto que les expidiera el gobierno de Álvaro Uribe. Y como era de esperarse, salieron aplaudidos, de pie y durante varios minutos. Sin olvidar que Pablo Escobar también ocupó una de sus curules. ¿Bandidocracia?

Es una vergüenza nuestro Congreso de la República, pero más vergonzante es que los colombianos toleremos sus abusos, toleremos sus privilegios, su pantomima costosa y su inutilidad, sin intentar, al menos su reforma. Desde este órgano se mueven los hilos de toda la mafia política que nos humilla y somete. Por eso a esta sagrada institución llegan, con contadas excepciones, los peores, los más vivos, los más ladrones, los más matones y criminales. Y preocúpense, no llegan a pasar vacaciones, llegan a hacer, nada más y nada menos, que las leyes de un país.