jueves, 16 de abril de 2015

PAZ EFÍMERA Y COSTOSA VS. PAZ DURADERA

por Gustavo Bolívar

Mucho se jactan los uribistas del período de tranquilidad que vivió el país durante buena parte de los ocho años en que ocupó la presidencia el hoy senador Alvaro Uribe Vélez. En buena parte tienen razón, es innegable que se recuperó la seguridad de las carreteras y que, como dicen ellos mismos, la gente pudo volver a sus fincas con tranquilidad. Pero sus contradictores nos preguntamos siempre ¿a qué precio?

Un precio muy alto. porque al tiempo con el que se asestaban golpes a las guerrillas, que en virtud de los falsos positivos, hoy ya no sabemos si fueron tan ciertos y tan contundentes, se mantenía una complacencia y laxitud, probadas ya por la justicia, frente a los grupos paramilitares que cometían masacres a lo largo y ancho del país con total impunidad, primero desde el monte, luego desde la escuela criminal de Ralito a donde fueron a parar varios capos del narcotráfico y, por último, de las cárceles a las que fueron remitidos los altos mandos paramilitares gracias a la ley de justicia y paz.
Si revisamos cifras, el país mantuvo entre 2002 y 2010, tasas promedio de muertes violentas de 22.000 personas. Hoy, en un período que los uribistas critican por “haberle devuelto el control del país a las guerrillas” las tasas de asesinatos han disminuido en casi un 50%. El año pasado estuvo cercana a las 13.000 muertes violentas.

Luego, la paz de Uribe fue relativa, efímera, parcial, paliativa. Porque aplicó analgésico al cáncer, que son las FARC, pero no extirpó el tumor definitivamente y el otro cáncer que trató de extirpar, el de los paramilitares, hizo metástasis en las peligrosas bandas criminales que hoy nos azotan en todo el territorio nacional. La muestra es que el cáncer de las FARC atacó antes de ayer y mató a 11 soldaditos humildes, muchachitos del pueblo, de apellidos populares.
En Colombia matan aproximadamente 400 militares al año. ¿Cuántos son hijos de ministros, presidentes, magistrados, congresistas o cacaos? Ni uno solo. Sin embargo buena parte de esos mismos altos dirigentes, políticos e industriales del país pregonan la guerra con saña. Guerra en cuerpo ajeno.

Luego la paz de Uribe es una paz basada en caravanas de viajeros acompañadas por el Ejército, cientos de miles de soldados en las carreteras haciendo la señal de víctoria a los conductores de vehículos, un gasto militar exorbitante que le quita recursos a la educación. Y me pregunto si esa costosa parafernalia es sostenible en el tiempo. ¿Podemos seguir cuidando los campos y las carreteras y las industrias y a miles de particulares en peligro de secuestro o de asesinato con recursos del Estado? ¿Sí?  ¿Y por cuántas décadas más?

Sería mejor, muchísimas veces mejor una paz real, duradera, estable, definitiva. Que la gente pueda volver a sus fincas y viajar libremente de por vida sin el acompañamiento del ejército. Que esa plata que se escurre a chorros a las Fuerzas Armadas se invierta a chorros y con urgencia en educación. Que los fusiles se silencien para siempre. Que el cáncer de la guerrilla sea extirpado para siempre pero también las condiciones sociales, las injusticias y la corrupción que las hicieron nacer y crecer.
Esa es la paz que queremos. Y la única manera de alcanzar esa paz definitiva es por la vía del diálogo. Que si pagan cárcel o no pagan cárcel. Ese es un debate que se está dando y se decantará solo. Si no pagan cárcel y la gente está inconforme, pueden votar negativamente el acuerdo en el referendo aprobatorio que contempla la ley para refrendar los acuerdos.
Lo cierto es que nadie con un poco de sensatez debemos deducir que es preferible que los jefes guerrilleros impongan sus ideas a través de la política y no de la milicia. La Lucha armada es obsoleta, ya no tiene cabida en este siglo.

En Colombia sí cupo una revolución, corruptos y oligarcas abusan con descaro de la gente. Todo está corrompido. Dónde uno toca sale pus. En la justicia, en la contratación estatal, en las Fuerzas Armadas, las alcaldías y gobernaciones, los concejos, las asambleas y especialmente el Congreso de la República. Da rabia la forma como se enriquecen entrando a saco en un erario sin dolientes. Da rabia la forma como logran impunidad para sus fechorías comprando jueces o haciéndose favores mutuos. Da rabia la manera como las mafias del poder se blindan entre sí otorgándose fueros e inmunidades.

Hay en verdad muchos motivos, pero el tiempo de la lucha armada ya se quedó del bus de la historia. Aunque se mantienen las restricciones democráticas con un sistema electoral corrupto y cerrado a la participación ciudadana, se puede intentar un cambio, a través de la política. Tardaremos mucho tiempo en ver un electorado consciente y educado pero se puede intentar. Hoy los electores son, en su gran mayoría (80%) o perezosos, o indiferentes, o ignorantes, o interesados, hablando de aquellos que venden sui voto. Pero de todos, la democracia es el menos imperfecto de los sistemas políticos. Vale la pena intentarlo. Lo que si no vale, ni valdrá la pena, nunca jamás, será tratar de imponer las ideas a punta de bala.

¡Viva la paz! ¡La verdadera paz!

martes, 13 de enero de 2015

Samper y Serpa: Narcopolíticos

Samper y Serpa: narcopolíticos 
Por: Gustavo Bolívar

William Rodríguez, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, máximo cabecilla del Cartel de Cali, acaba de romper 21 años de silencio. Un pacto que, según él, su padre y su tío Gilberto siempre respetaron, a pesar de que Ernesto Samper les incumplió los acuerdos que habían convenido a cambio de financiar su campaña.

Lo que cuenta William Rodríguez a la periodista Yolima Celis de RCN es gravísimo. Dice, entre otras cosas, que se reunió con Horacio Serpa en dos ocasiones; que Samper sabía del ingreso de 10 millones de dólares a su campaña; que pagaron entre 5 mil y 150 mil dólares a varios congresistas para que no aprobaran la ley de enriquecimiento ilícito en favor de terceros y otras leyes; que a Heine Mogollón, representante investigador de Samper, le compraron la absolución de su investigado presidente por 100 millones y hasta reta a los protagonistas del proceso 8.000 a someterse a una prueba de polígrafo, con la advertencia de que si pierde, es decir, que si es mentira lo que está diciendo, se devuelve a Colombia y pierde los privilegios que la justicia norteamericana le está brindando luego de pagar 5 años de condena en ese país.

Las acusaciones no son nuevas. Todos las conocíamos. Lo relató Santiago Medina, tesorero de la campaña Samper Presidente en su libro “la verdad sobre las mentiras”. Lo había confesado ante las cámaras de televisión Fernando Botero Zea, Jefe de debate de la campaña. Lo iba a contar a la Fiscalía el chofer de Horacio Serpa pero lo asesinaron tres días antes de que tuviera una indagatoria al respecto en la Fiscalía. Lo iba a contar la Monita Retrechera, famosa por regalar un anillo de diamantes a la esposa de Samper, pero la asesinaron dos días antes de sus declaraciones ante la Fiscalía. Lo contó Enrique Parejo González, exministro de justicia, en un libro que el país no quiso leer. Lo notificaron los gringos al cancelar la visa a Samper (Qué vergüenza, tuvimos un presidente sin Visa a los Estados Unidos). Lo había contado Rasguño. Lo advirtió Álvaro Gómez antes de que lo mataran. Lo denunció Andrés Pastrana con los llamados narcocasetes en los que el país escuchó horas de conversaciones entre miembros de la campaña de Samper, los Jefes del cartel de Cali y el Loco Giraldo, periodista que sirvió de intermediario entre la campaña y los narcotraficantes de El Valle del Cauca. Lo dejó escrito el mismo Loco Giraldo en sus memorias.

Todos lo sabíamos. Lo novedoso en este caso, es que las acusaciones provengan, en tono sereno y creíble, del hijo del Jefe del Cartel de Cali que por dos décadas se negó a delatar al Presidente. William Rodríguez cuenta que Samper los mantuvo callados bajo la amenaza de que si hablaban los podía extraditar por vía administrativa.

Obviamente, los acusados, Ernesto Samper y Horacio Serpa saldrán a decir, el primero con cinismo y el segundo con su famoso vibrato, que el país no puede hacer eco de las acusaciones de un delincuente. Y el país les creerá. Y la gran prensa los cubrirá con su manto de solidaridad hacia los poderosos. Y la Fiscalía dirá que el caso está cerrado. Y los electores los volverán a elegir como eligieron a Serpa el año pasado al Senado. Y la izquierda, que cada vez me desilusiona más, postulará a Samper a cargos como el que ahora ocupa de Secretario general de UNASUR.

¿Y este país mentiroso, encubridor, indigno, ciego, sordo, mudo, masoquista, sucio, cochino, arrodillado, podrido, impune, injusto, es el que aspira a consolidar una paz duradera? Permítanme reír con tristeza. Porque Está lejos de alcanzar la tranquilidad una nación donde los hampones se meten en la misma cobija con los jueces, los poderosos y los medios de comunicación.

Y mientras la izquierda pide a gritos la captura de María del Pilar Hurtado por las chuzadas desde el DAS, o la de Luis Carlos Restrepo por las falsas desmovilizaciones, cosa que ojalá suceda y pronto, calla sobre las declaraciones de William Rodríguez, como calló en su momento ante las aberraciones de Samuel Moreno. Todo porque en este país todos nos creemos impolutos. Los hampones son los otros, los de la otra orilla. En la derecha no hay hampones porque los hampones son los de izquierda. En la izquierda no hay hampones porque los hampones son los de la derecha. Y así se viven tapando los unos a los otros, con un servilismo tan triste, que quienes optamos por la independencia terminamos crucificados en el medio. Este, sin duda, no es el país más feliz del mundo, esa es una máscara con la que fingimos y disfrazamos nuestras penas. Estos episodios sórdidos de impunidad de los de arriba y asombrosa lealtad de los de abajo, nos convierten en el país de las tristezas. Y si no es el más triste, por lo menos si tenemos asegurado el título del país con más idiotas útiles.


Por eso, y aunque la Comisión de Acusaciones de la Cámara lo haya absuelto, luego de que sus miembros se enriquecieran con las prebendas del Cartel de Cali y del mismo gobierno, gritaré siempre, a los mil vientos que Ernesto Samper y su nefasto escudero Horacio Serpa son narcopolíticos. Y que venga lo que tenga que venir porque el día que acatemos fallos corruptos, ese día, seremos igual de corruptos y la nuestra será una bandidocracia.

jueves, 27 de noviembre de 2014

CÓMO PAGAR EL METRO DE BOGOTÁ

CÓMO PAGAR EL METRO DE BOGOTÁ

Le siguen lloviendo peros al metro de Bogotá.  La veedora distrital, por ejemplo, dice que está desfinanciado en 9 billones porque el presidente Santos ofreció 6 billones para una obra que cuesta 15. Con todo respeto creo que Adriana está equivocada.  El metro sí cuesta 15 billones pero,  según al ley de Metros, a la nación le corresponde financiar el 70%, o sea 10.5  billones y a Bogotá los 4.5 billones restantes. Es decir, los 6 billones que ofreció el Presidente Santos son, o deben ser, solo un anticipo de lo que debe poner el gobierno central para financiar la obra.

Coinciden la Veedora y varios concejales de la oposición en que el alcalde Gustavo Petro no puede usar el cupo de la deuda porque aquel tiene una destinación específica (Troncal de la Boyacá, cable de Ciudad Bolívar, parques, educación, etc), y en esto pueden tener razón. En este sentido, indican que el alcalde solo podría contar con 800 mil millones. Si esto fuera cierto, estaríamos hablando de un faltante de solo 3.7 billones que, con más creatividad que esfuerzo, podemos pagar los bogotanos durante los 7 años que puede tardar la obra en ejecución.

Porque no es que la ciudad tenga que sacar ya los 3.7 billones que le faltan. Los puede prorratear en el tiempo que dure la construcción de la obra. Por ejemplo, si fueran cinco años, tendría que buscar 740 mil millones anuales. Nada imposible para una ciudad que maneja un presupuesto de 15 billones de pesos. Es decir, el costo del metro solo impactaría las finanzas del distrito en un 5%. Pero si la obra dura 7 años, el panorama es muchísimo más despejado porque al distrito solo le correspondería pagar 528 mil millones cada año. La mitad de lo que recauda por impuesto de rodamiento y sobretasa a la gasolina.

En un escenario optimista, incluso puede sobrar dinero y convertir el Metro en un gran negocio. Si reduce la inversión en un 10% y la burocracia en otro 10%, Bogotá podrá obtener un ahorro adicional de 400 mil millones anuales. Si se cobra  plusvalía a todos los predios por donde pasará el metro, podría hacerse a otra platica cuyo monto desconocemos aún pero que no se antoja despreciable. Sin contar con la valorización que tendrían que pagar en mayor o menor medida los propietarios de los predios que afecte la obra según su cercanía o lejanía con la misma.

Lo anterior sin perjuicio de que en el Congreso, dentro de la Reforma Tributaria que se discute en estos momentos, incluya una exención de impuestos a la obra del metro, lo que reduciría su costo en 2.5 billones. Es decir, a la nación solo le correspondería poner 8.75 billones y a Bogotá 3.75 billones. Que así sea.

Pero hay otro rubro que con imaginación y buena gerencia puede terminar costeando otra parte de la obra. La explotación de los locales comerciales que se construirán dentro de las 27 estaciones del metro. Por flujo de clientes, estamos hablando del metro cuadrado más caro de la ciudad. Ningún centro comercial supera el precio de un local dentro de una estación de metro que moverá en promedio entre 10 y 20 mil personas a la hora.

De modo que dejemos el pesimismo. Bogotá no es una ciudad pobre. Cada año escuchamos la noticia de que el alcalde de turno dejó de ejecutar uno o dos billones de pesos. Pues que esta vez usemos esos excedentes en una obra que ya lleva cinco o seis décadas en estudios. Bogotá es la capital de todos. La ciudad que nos ha brindado oportunidades a propios y extraños. Es quizás la única capital del mundo con más de 8 millones de habitantes, que no tiene metro.

Bogotá merece salir del atraso en movilidad. Desde hace más de una década, a sus calles ingresan, anualmente, más de 100 mil autos nuevos sin que se construya una sola avenida de importancia en los últimos 30 años. Seamos sensatos, los trancones no se los inventó Petro ni los agravará el futuro alcalde. Recuerdo que en enero de 2012, un mes después de posesionarse, ya la oposición estaba orquestando una campaña de desprestigio por la movilidad. No seamos injustos. Los trancones vienen desde la apertura, en los años 90 cuando empezaron a ingresar, sin control alguno, cientos de miles de carros importados a las calles de la ciudad, sin que se invirtiera en autopistas o, al menos, avenidas anchas. Por el contrario, las pocas avenidas de gran envergadura que existían (La Caracas, la 80 y la Av Suba, fueron tomadas por Transmilenio que las redujo a dos carriles para autos particulares. Ese es el verdadero origen de los trancones. Un millón de carros más en 10 años y  menos vías.

Es cierto que los huecos agravan el problema. Sobre todo aquellos que están situados debajo de los semáforos en intersecciones importantes, pero la máquina tapahuecos por fin despegó. Está aún lejos de la meta fijada en el contrato (60 mil huecos tapados) pero ya empieza a mostrar resultados y a un buen ritmo.

Tampoco olvidemos que la indisciplina de los conductores ahonda la situación y en esto sí que ha faltado inversión en cultura ciudadana. Ni siquiera los conductores del SITP o del Transmilenio colaboran. Los veos a diario obstruyendo las vías por cruzar el semáforo sin tener el espacio suficiente para atravesar la calle antes de que se ponga en rojo. Taxistas y particulares que no hacen fila en los cruces contribuyen al colapso de una ciudad que poco a poco abandona su fama de buen vividero.

No más trabas al metro. Hagámoslo ya. Podemos. Tenemos con qué. Y qué mejor que sea licitado por un gobierno que ha puesto especial énfasis en la transparencia de la contratación administrativa.

No es una obra imposible. En el mundo hay 186 metros en más de 60 países diferentes, muchos de ellos en ciudades con menor ingreso o menos importantes que Bogotá.

Estamos ad portas de construir una sola y modesta línea de metro de 27 kilómetros que comparadas con las 12 líneas que ya tiene el metro de Ciudad de México o los más de mil kilómetros que tiene el metro de Nueva York, nos dan una medida de la importancia y la urgencia de iniciar ya un camino que ciudades como Londres empezaron hace 152 años, Nueva York hace 146 años, Paris 114 años y muy cerquita de aquí, Medellín hace 20 años. En el vecindario tienen metro Rio de Janeiro, Caracas, Buenos Aires, Lima, Ciudad de Panamá, Montevideo, Santiago de Chile y se está construyendo el de Quito. México no solo ya tiene 12 líneas construidas que suman más de 225 kilómetros y 195 estaciones, sino que acaba de contratar la construcción de un tren de alta velocidad, el primero en América, para unir al D.F con la ciudad de Querétaro a lo largo de 210 kilómetros que los trenes recorrerán a 300 km por hora.

Como si fuera poco, en Venezuela se construyen otros tres sistemas de metro en la actualidad (Valencia, Maracaibo y los Teques)  en Brasil operan , además de el de Río, otros ocho (Brasilia, Porto Alegre, Sao Pablo, Belo Horizonte, Fortaleza, Teresina, Maceió, Recife) y en México dos adicionales al de su capital (Monterey, Guadalajara)

¿ Qué esperamos? En serio, ¿Qué esperamos?

Si no lo hacemos ahora por costoso, en 10 años va a costar el doble. La ciudad  necesita que sus legisladores, en este caso los concejales de Bogotá, se comporten a la altura histórica de las circunstancias y permitan ejecutar la obra sin necesidad de que el alcalde les otorgue una tajada del contrato.

¿ Qué esperamos? En serio, ¿Qué esperamos?



martes, 26 de agosto de 2014

CONGRESO: NIDO DE RATAS COSTOSO E INÚTIL

En los sistemas presidencialistas como el nuestro, los congresos legislativos resultan ser la pieza más importante de una democracia. Son el contrapeso a las decisiones del gobernante de turno para evitar el abuso de poder y la extralimitación de funciones.
El nuestro no. El nuestro es todo lo contrario. Es un apéndice en el que se apoya el gobernante de turno para instaurar, en la práctica, una autocracia. Entre sus funciones principales, el Congreso de la República tiene tres, que al igual que las demás, en nuestro modelo clientelista, no sirven absolutamente para nada. Una es la del control político, otra judicial, otra más una función electoral y, obviamente, la de hacer leyes, que deriva de su naturaleza legislativa.
La del control político es un chiste. O más bien una vergüenza. No, mejor una farsa. No hay debate, no hay estudio, no hay control. Todo porque los gobiernos de turno se aseguran las mayorías de cada cámara comprando los votos de los honorables padres de la patria a punta de mermelada. Ese postre inmoral y costoso con el que lubrican las maquinarias de los partidos que a cambio, se abstienen de criticar o votar en contra las iniciativas del gobierno. Es decir, los presidentes de turno montan dictaduras legislativas haciendo aprobar todo lo que les venga en gana y desaprobar todo lo que la oposición intente presentar. En este sentido, jamás ha cuajado una moción de censura, jamás ha cuajado un juicio político a ningún presidente, jamás ha sucedido que un congresista de la oposición vea aprobar un proyecto importante, de su autoría. Jamás pudieron los de la oposición detener un solo TLC, tampoco promover un proyecto educativo serio y menos tumbar a un ministro. Y no por que no quieran, ganas y capacidad les sobran. Simplemente no pueden, no los dejan, los aplastan, los borran.
Caso contrario, todos los engendros, jurídicos tributarios o económicos que presente el gobierno son aprobados a pupitrazo limpio. Los legisladores que han prevendido sus votos (congresistas prepago),  ya saben por qué y cuando deben votar a favor o en contra un proyecto. Son robots vergonzosos que esperan el sonido de la campana para salir del lobby y pasar al recinto a votar. Sin la menor duda, sin leer, sin debatir. Saben que la misión es pagar esa entidad o esos puestos que les dio el gobierno y desde el cual aumentan considerablemente sus cuentas bancarias y sus caudales electorales. Entonces, ¿para qué el Congreso?
La otra función importante del Congreso es la judicial. La ejerce a través de la no menos vergonzosa “Comisión de Acusaciones”. Muchos le dicen jocosamente, por sus nulos resultados y su estruendoso fracaso: “Comisión de absoluciones”. Y no es para menos. Se creó hace más de cuarenta  años y ha investigado más de cinco mil casos de los cuales solo ha fallado en contra uno (1). Es un nido de impunidad. Trampolín para enriquecer a sus 17 miembros. Fueron los mismos que, contra toda prueba, contra toda evidencia, incluso confesiones directas de sus protagonistas, fallaron a favor de Ernesto Samper el proceso 8.000 con el nefasto Heyne Mogollón a la cabeza, de quien se supo después, recibió, junto con los que votaron a favor de Samper, miles de millones de pesos en partidas de libre destinación para sus regiones (mermalada modelo 95). El último capítulo vergonzoso de esta comisión se dio esta semana, cuando el representante Yahir Acuña, quien llegó a la política de la mano de la Gata,  se autonombró presidente, ad hoc,  y se adjudicó en su efímero paso, los 350 casos de denuncia que existen en contra del expresidente Álvaro Uribe. Los que no estamos ciegos que, afortunadamente, cada vez somos más, sabemos con qué intenciones. Pero el problema de fondo es que con su llegada a la Comisión de Acusaciones, Yahir Acuña pasa de investigado a investigador, de sindicado a juez.
También debe el Congreso, dentro de sus facultades electorales, elegir procurador, contralor y miembros del Concejo Nacional Electoral. Una vergüenza más. Eligen a sus jueces naturales, mandando al carajo la independencia de los poderes. Y para blindarse por completo siempre votan por el más componedor. Ese que se presta para cerrar los ojos ante las hamponadas de quienes lo eligen. Con estas funciones, la separación de poderes, base primordial de cualquier democracia decente, se va a la basura. Para citar un solo caso, durante las pasadas elecciones presidenciales, los nueve miembros del Consejo Nacional Electoral pertenecían, todos, a la Unidad Nacional que eligió a Santos. ¿Dónde están las garantías? Por eso, todas las reformas electorales, solo maquillajes por conveniencia, jamás tocan de fondo el problema del fraude electoral.
También debe el Congreso aprobar los ascensos de generales y ya sabemos la manera torcida como se ha manejado el asunto. Y si a la inutilidad y pusilanimidad del Congreso sumamos su alto costo y los odiosos y multimillonarios privilegios que tienen sus miembros (25 millones mensuales, carros blindados, escoltas, armas, celular, Ipad, cuatro tiquetes aéreos por semana, 50 salarios mínimos a cada congresista para que nombre sus asesores, etc.), debemos hacernos muy en serio esta pregunta: ¿Para qué el Congreso?
En un blog anterior (Congreso Unicameral) vimos que el funcionamiento del Congreso de la República cuesta más de dos billones de pesos a los colombianos. Ese gasto se justificaría si el ente legislativo trabajara, en verdad, por el bienestar de los colombianos. Si legislaran por los débiles, para zanjar los desequilibrios económicos de los más vulnerables. Pero no es así. Ellos legislan para las mafias, para los grupos económicos, para sus amigos contratistas. Es un hecho que la democracia representativa no existe. Todo se limita a un tráfico de necesidades que comienza por la compra del voto a los más ignorantes y necesitados y termina con la asignación de becas, puestos y contratos a quienes ponen el dinero par las campañas. Y las minorías que votan por políticos decentes, es decir aquellos que no venden su conciencia al gobierno de turno y que en realidad ejercen una oposición valiente, son tan poquitos, que no alcanzan a hacer mella a la “Unidad Nacional” (Cartel de clientelismo).
Todo esto sin contar que el Congreso se ha convertido en nido de ratas, escampadero de criminales que llegó a convertirse en toda una bacrim. Dominado por quienes trataron de refundar la patria a punta de masacres, mutilaciones, desplazamientos, chuzadas a opositores y la puesta de entidades como el DAS al servicio de esta causa criminal. De hecho, se cumplieron hace pocos días, los diez años de la visita de Salvatore Mancuso, ErnestoBáezy Ramón Isaza al Salón Elíptico, gracias al salvoconducto que les expidiera el gobierno de Álvaro Uribe. Y como era de esperarse, salieron aplaudidos, de pie y durante varios minutos. Sin olvidar que Pablo Escobar también ocupó una de sus curules. ¿Bandidocracia?

Es una vergüenza nuestro Congreso de la República, pero más vergonzante es que los colombianos toleremos sus abusos, toleremos sus privilegios, su pantomima costosa y su inutilidad, sin intentar, al menos su reforma. Desde este órgano se mueven los hilos de toda la mafia política que nos humilla y somete. Por eso a esta sagrada institución llegan, con contadas excepciones, los peores, los más vivos, los más ladrones, los más matones y criminales. Y preocúpense, no llegan a pasar vacaciones, llegan a hacer, nada más y nada menos, que las leyes de un país.

domingo, 18 de mayo de 2014

CHUZADOR CHUZADO

CHUZADOR CHUZADO, ZORRO DESENMASCARADO.

Uribe y su partido el Centro Democrático ya no pueden seguir burlando a los colombianos y a la justicia de nuestro país. La revelación de un video en el que su candidato comparte informaciones de inteligencia de exclusiva propiedad del estado, sin siquiera inmutarse, ni salir a denunciarlo, como corresponde, constituye la prueba reina de un delito grave por el que tiene que responder ante la justicia.

Así las cosas, el candidato Zuluaga, cuyos asesores hacen llamar subliminalmente “El Zorro” (aunque no sé qué tan zorro sea al dejarse grabar en una actividad ilícita a menos de dos metros de distancia, debe renunciar inmediatamente a su candidatura. No puede aspirar a que el país lo elija. Sería ingenuo de su parte creer que puede asumir la presidencia, en caso de triunfar en las elecciones, mientras afrenta un proceso judicial por espionaje, encubrimiento, concierto para delinquir y quizá, traición a la patria.

Es muy triste para la democracia de nuestro país que un ser de estas calidades aspire a la presidencia y más triste aún que vaya punteando en las encuestas, pero más triste aún, que sus seguidores justifiquen cada hamponada suya haciendo eco de frases mecánicas enseñadas por su máximo líder para cada caso en particular: es un montaje, es una filtración de la campaña, es una persecución, no hay garantías. Lemas estos bajo los cuales impidieron la acción de la justicia en casos como los de María del Pilar Hurtado y Luis Carlos Restrepo o, más recientemente, la del propio Uribe negándose a presentar pruebas ante la Fiscalía de un delito que él mismo denunció días atrás.

Negando cada cosa contraria a la ley que hacen, haciendo ver como “normales” algunas acciones penales y fomentando en las redes sociales que, “el fin justifica los medios”, es decir, que con tal de acabar con el enemigo que son las FARC, podemos arrodillar el estado de derecho, a la usanza de lo que pasó en el gobierno anterior, uno ya no sabe si la de Zuluaga es una campaña política o una Bacrim. Frases como esta, dicha por el hacker, nos muestran lo desalmados que se pueden llegar a volver estas personas enfermas por el poder:

“Esta (página) también necesitamos moverla pero lastimosamente necesitamos una acción de las Farc para empezar a mover este material”

“Andrés, entonces qué golpe nos va a dar Santos de acá al 25 (de mayo) como su tabla de salvación. Queda un mes para dar un golpe, hermano”

¿Si estos diálogos no son propios de mafias, qué lo son?

Estamos ante un modo atroz de hacer política. Corremos el peligro de caer nuevamente en manos de quienes creen que el odio, las armas, la fuerza, la violación de derechos humanos, la venganza, el ojo por ojo diente por diente, son el camino para conseguir la reconciliación. Y lo más grave es que una buena parte del país, (25%) según últimas encuestas, creen ciegamente en las tesis guerreristas y fanáticas de esta peligrosa secta política que se quiere atravesar al anhelo de paz de 47 millones de colombianos.

Todo porque se creen los dueños del rechazo a las FARC. No señores, el resto de colombianos también despreciamos a esos señores que han sembrado muerte, dolor, viudas, huérfanos, mutilados y desplazamiento en nuestra patria. Todos desaprobamos a quienes han secuestrado personas, asesinado niños, mutilado personas con sus minas antipersonales y a quienes han destruido pueblos enteros con sus cilindros bomba. El ciudadano que diga estar de acuerdo con estas prácticas salvajes no es colombiano o está loco. Todos estamos hartos de las FARC, todos repudiamos su accionar terrorista, si es la palabra que quieren escuchar, pero no todos creemos que el camino para acabar ese grupo sea la guerra. No queremos otros 50 años de dolor, sangre y muerte. Estamos avanzando hacia la civilización, esto es, hacia la evolución de la raza humana, no ante su involución. Queremos la paz para nuestros hijos y nietos y biznietos y los biznietos de ellos. Todos los conflictos de la tierra han terminado por medio del diálogo. Los que no, solo han sido triunfos militares pegados con babas que se reproducen luego por las cadenas de venganza y resentimiento que desatan. Queremos una paz duradera, firme, convincente. Tampoco queremos impunidad. Pero para meter a los terroristas a la cárcel hay que ir por ellos. Hay que ir a la selva, apresarlos y llevarlos a juicio. Pero como ni Lleras Camargo, ni Valencia, ni Lleras Restrepo, ni Pastrana 1, ni López 2, ni Turbay, ni Betancurt, ni Barco, ni Gaviria, ni Samper, ni Pastrana 2, ni Uribe 1, ni Uribe 2, ni Santos pudieron capturarlos, debemos negociar con ellos. Porque ni un tonto se sienta a dialogar para que le pongan las esposas. Menos si llevan casi 50 años en el monte luchando, equivocados o no, por un ideal. 

Ahora bien, no perdamos la lógica y el sentido histórico, las guerrillas aparecieron por la injusta repartición de la tierra, los constantes abusos de las castas políticas, el robo continuado al erario, la trampa electoral, la injusticia social, la mala educación. Los fenómenos de guerrilla, paramilitarismo y delincuencia común nacieron en el país de la desigualdad y la falta de oportunidades, no en Suecia, ni en Dinamarca ni en Finlandia. ¿Y si quienes como Zuluaga, que tuvieron la oportunidad de estudiar en las mejores universidades del mundo cometen delitos, qué podemos esperar de esos niños a quienes los que estudiaron en Harvard les robaron el dinero de la educación?. Y si de volver o seguir en el salvajismo se trata, pues propongamos un duelo armado a 12 pasos entre Iván Márquez y Alvaro Uribe en el estadio El Campín, el Pascual o en el Atanasio, ante 50 mil espectadores y transmisión en directo a 200 países. Ahí sabremos quién es el cobarde. 

Finalmente, si Zuluaga gana y se posesiona, cosa nada extraña en un país de borregos tontos ciegos sordomudos, donde los escándalos hacen subir en las encuestas a los implicados, ojalá el Procurador actúe en este caso con la prontitud, la eficacia y la severidad con la que suele fallar los casos de sus enemigos políticos. Porque si dejar basuras en las esquinas por tres días dan 15 años de inhabilidad, denunciar delincuentes en Medellín da 12 años, imagino que chuzar al presidente, sabotear el proceso de paz, manejar material de inteligencia confidencial del Estado, podrían dar unos 45 años de inhabilidad.


Esperamos pues, la renuncia de Zuluaga. Si no por la contundencia de la prueba, sí debe renunciar por haber perdido el antifaz. Si se autonombró como “El Zorro” en sus comerciales, debió saber que la regla, para no perder la condición de héroe, era no perder su máscara y Zuluaga ya perdió el antifaz, ha sido desenmascarado, el chuzador ha sido chuzado.

miércoles, 19 de marzo de 2014

EL TRIUNFO DE LA BANDIDOCRACIA

CRÓNICA DE UNA DESTITUCIÓN ANUNCIADA

Con la destitución fulminante y en inusual tiempo record, de Gustavo Petro, ignorando una orden de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Presidente Juan Manuel Santos, en representación de los intereses de las mafias del poder, terminó de cerrar los caminos democráticos para quienes creemos en una Colombia digna, justa, libre y en paz.

Con la decisión del Presidente Santos queda claro, clarísimo, que no hay otra forma de gobernar, sin provocar la furia implacable de las mafias del poder, distinta a la bandidocracia. El gobierno de los hampones. El mensaje es claro: O robas y dejas robar, o no tienes posibilidades, o te perseguimos, o te hacemos gavilla y te sacamos.

Y le hicieron gavilla y lo sacaron. Además, a juzgar por la pena (15 años), como el peor hampón. Si nos atenemos a la proporcionalidad de la pena, como a un ser tan bajo, tan vil, tan ladrón, tan cínico y tan despreciable como 15 Samueles Moreno, a quien, a pesar de atracar el erario en compañía de miembros de todos los partidos políticos, solo recibió 12 meses por parte del mismo Procurador. Todo porque Samuel es un delfín, como lo es Santos, como lo es Vargas, como lo es Peñalosa, por nombrar solo a los que aspiran a la Presidencia. Samuel es uno de los suyos. Es del sistema. Es de la red de solidaridades pícaras que han tejido los amos del poder.

El Procurador todo poderoso y arbitrario, los oscuros empresarios del aseo y sus periodistas fletados, el uribismo en pleno, el santismo en pleno, porque en esto no se diferencian, los amantes de masacrar toros en medio de aplausos y botas licoreras al aire, los amantes de portar armas, los enemigos de la educación, los enemigos de la paz, las mayorías del corrupto concejo de Bogotá que cohonestó y comió del carrusel de la contratación y quienes desde la ignorancia y la manipulación de los medios los apoyamos y aplaudimos, todos, todos, deben estar muertos de risa y brindando a esta hora por la destitución del alcalde de Bogotá.

Pero no es el alcalde de Bogotá lo que está en juego. No es Gustavo Petro a cuyo movimiento no pertenezco, lo que está en juego. No es un puesto lo que está en juego. Lo que está en juego es, nada más ni nada menos que la democracia y la paz de Colombia. Y no estoy haciendo fatalismo. Las cuentas son claras. Les pedimos a las guerrillas que se desmovilicen y que tomen el camino democrático. Les pedimos que dejen de echar bala y se sometan al juego electoral. Les pedimos que cambien las armas por votos. Les pedimos que seduzcan a los colombianos con ideas y no con violencia.

Si ellos aceptan y se someten al juego de la democracia, empiezan a vivir un calvario similar o peor al vivido en el monte. Ya no serán los helicópteros del ejército los que los persigan sino los que autorizan la compra de esos helicópteros, con jugosas comisiones de por medio, quienes los empezarán a perseguir. Llega la primera elección. Si tienen suerte y el fraude electoral los deja pasar, llegan a un cargo de elección popular. Y como la paz no es sincera, nunca ha sido sincera, sus enemigos empiezan a buscar venganza y a perseguirlos. La crónica ya está escrita en el caso Petro. 


Crónica de una destitución anunciada

No se había posicionado cuando ya estaban demandando su elección por haber sido condenado en el pasado. Al mismo tiempo lo estaban crucificando por haber hablado de la manera como manejaría las empresas públicas. Y al mes de estar gobernando ya lo estaban culpando de la inmovilidad de la ciudad, como si de Petro fuera la culpa de no haber construido una sola avenida en 30 años, mientras entraba un millón de carros nuevos a la ciudad. ¿Y los huecos? Qué alcalde tan malo, ¡la ciudad está llena de huecos! Como si los huecos físicos y morales heredados a la alcaldía de Samuel Moreno y su Polo Democrático se pudieran tapar en dos meses. Y el Polo Democrático, culpable de la debacle hace mutis por el foro, se lava las manos y se distancia del mal alcalde Petro, en venganza porque él denunció el robo monstruoso que estaban cometiendo los hermanos Moreno, alcalde y senador respectivamente de ese partido.

¿A los dos meses, los taurinos lo demandaron por no permitir asesinar más toros en la Santamaría y al poco tiempo de estar gobernando, con la silla aún tibia, el nieto de Laureano Gómez empezó a hablar de revocatoria.  Y fue cuando decidió meter en cintura los desventajosos contratos del aseo, cuando firmó su sentencia de muerte política. Es cierto que, por las ganas de ahorrarle a Bogotá esos 500 mil millones de pesos de más que estaban cobrando los operadores del aseo, no se preparó adecuadamente, delegó mal y cometió errores de improvisación que hicieron lento el arranque del nuevo modelo de aseo, pero jamás para merecer 15 años de sanción.

Tocar los poderes corruptos y sagrados le cuesta la vida a algunos, el prestigio a otros y el cargo a muchos. Desde entonces, tan solo a un año después de empezar a gobernar, Petro  tuvo que defenderse, al mismo tiempo, de la gavilla más terrible: Los contratistas, los políticos interesados en su puesto, los revocadores bajo el mando del nieto de Laureano Gómez, los periodistas amigos de los contratistas y el peor de todos: El Procurador General de la Nación. La misión, escalonada y sin tregua era la de tumbar al alcalde. No solo por los dos años que le quedaban de gobierno sino por los siguientes 15 años pues su popularidad amenaza a los delfines que hacen cola por la presidencia. 

Las 24 horas más agitadas de la última década.

En vista de la cantidad de armas sucias que emplearon sus enemigos al alcalde no le quedó otro camino que buscar la protección internacional de sus derechos. Y lo logró. Agotados todos los recursos ante los tribunales y el Consejo de Estado que falló en contra todas las tutelas interpuestas por el alcalde y sus electores, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó suspender la destitución de Gustavo Petro, solo 4 horas después de las tutelas negadas por el Consejo de Estado.  Algo oscuro, algo turbio debieron observar en el proceso los magistrados de la CIDH para dictar esta medida.  Celebraron los progresistas. Pero la celebración duró menos de un día. Esta noche, Juan Manuel Santos, como nunca lo había hecho otro presidente frente a medidas cautelares similares, desconoció la orden de la CIDH y destituyó al alcalde.

Ni el atrevido y antidemocrático Chávez, con cuyas prácticas de censura nunca estuve de acuerdo, se atrevió a tanto. Cuando la CIDH tuteló los derechos políticos de líder opositor Leopoldo López, el Presiente Venezolano acató la orden. Ni Uribe, archienemigo de Petro se atrevió a tanto. Nadie nunca se atrevió a desafiar un mandato de un organismo internacional que aceptamos en nuestro derecho desde 1.969. Ni el mismo Santos pensaba atreverse a tanto cuando manifestó lo siguiente:

"Cuando la Comisión Interamericana (de Derechos Humanos, CIDH) nos preguntó (...): usted qué opina sobre este caso en particular, le respondí: no opino, yo respeto lo que ustedes como Comisión determinen", dijo Santos en una entrevista con Noticias Caracol.

Mentiroso, no respetó su propia palabra. Borró esta noche, de un tajo, los 721.308 votos limpios con los que Petro derrotó los 559.307 votos clientelistas de Peñalosa, su principal contradictor en la alcaldía y quien hizo campaña de la mano del expresidente Uribe. Con su decisión Santos privilegió el odio y el revanchismo de aquellos que se eligen con votos comprados, votos cooptados, votos untados de narcotráfico, votos untados de mermelada y de contratos sucios.

La democracia queda agotada como camino, queda prohibida como opción de transparencia, queda golpeada y de luto. El voto ha quedado devaluado. El voto ha quedado proscrito como expresión ciudadana. Clausuran todos los caminos democráticos y nos conducen y nos abocan a la violencia porque ese negocio de la guerra les gusta. Ese negocio de la guerra los enriquece.

Este día pasará ala historia como la fecha infame en la que el Presidente Santos  mató la justicia, mató la democracia y se mató él mismo. Porque es claro que su canallada, su solidaridad con las fuerzas oscuras que manipulan el poder le costará su reelección. Estamos tristes, estamos furiosos. (Ojo con la rabia Presidente). Aún así seguimos creyendo en la paz y, si no media otro fraude electoral, vamos a cobrar en las urnas su atrevimiento. Vamos a triplicar esfuerzos por hacerle ver al país, hoy más que nunca, que el voto en blanco tiene un valor de protesta enorme contra lo que usted representa. Ojo con la rabia, Presidente. Usted acaba de cerrarle el camino a la democracia y sin democracia no hay paz,  sin Justicia no hay Paz, sin honestidad no hay Paz. Las tres premisas violadas por el Presidente Santos esta noche, deben retumbar en la Habana. Esta paz es pura retórica electoral.