domingo, 23 de febrero de 2014

SÍ HAY POR QUIÉN VOTAR

Sí hay por quién votar. Eso nos dijeron cuando Ernesto Samper aspiraba a la Presidencia. Eso nos dijeron cuando Samuel Moreno estaba de candidato a la Alcaldía de Bogotá. Eso nos dijeron cuando Uribe irrumpía en su primera elección presidencial. Eso nos dijeron cuando los indígenas con Francisco Rojas Birry a la cabeza irrumpieron en el concierto político. Eso les habrán dicho a nuestros padres cuando Turbay era candidato y cuando Alfonso López representaba la izquierda en Colombia. Lo mismo que les habrán dicho a nuestros abuelos cuando Laureano Gómez fascinaba con sus grandes y elocuentes discursos. Lo mismo nos han dicho muchas veces. Y muchas veces nos hemos equivocado. Por ignorancia, por necesidad, por hambre, por no perder los favores de Dios, por mantener un puesto, por no perder un contrato, por miedo, por no dejar ganar a otro malo, o por indiferencia.
Otras veces hemos acertado. Es claro que hay en el Congreso y en la vida pública nombres que merecen nuestra confianza. Personajes sin prontuario que luchan por quebrar el muro de la infamia en la que se convierte cada Congreso, cada cuatro años, gracias a los favores que la mayoría de sus miembros reciben del gobierno de turno.  La lista no es muy larga, pero que los hay los hay.
Uno de esos senadores que merece nuestro voto es el senador Robledo. El senador Robledo un buen congresista y un gran candidato que, sin embargo, está cayendo en prácticas antidemocráticas. Y no solo él, también otros candidatos con buena hoja de vida y sin tacha en la vida pública que atacan al voto en blanco como Juan Manuel Galán, Claudia López y Ángela Robledo. Da tristeza porque uno esperaría que esas posturas antidemocráticas fueran más propias de politiqueros preocupados porque los vamos a despojar de privilegios, sueldos y pensiones millonarias. Y lo peor es que quienes defienden, legítimamente sus campañas, llevados por el desespero a que los conduce el avance firme del voto en blanco, están apelando en las redes sociales y en las calles a mentiras y a infamias contra los movimientos y personas que lo promovemos. Ayer en Tunja estábamos en la Plaza de Bolívar y unos jóvenes del Polo en plena campaña decían a los transeúntes que nosotros estábamos ahí porque nos íbamos a ganar un mundo de plata con el voto en blanco.

También lo dicen algunos medios con claro interés de desinformar. Pero eso es falso. Ni nosotros ni ningún movimiento ganará nada con el voto en blanco. Solo basta conque llamen a la Registraduría o averigüen en su página web y allí les tendrán que decir esta verdad: no hay grupos de voto en blanco inscritos ante la Registraduría.

Al contrario, esas personas estaban ahí de manera voluntaria, a sol y agua haciendo patria, aportando tiempo y dinero a una revolución pacífica que esta alcanzando unos tintes místicos de un alcance imposible de explicar: Una niña que en un pueblo de Sucre, sin ninguna posibilidad de conseguir un voto en blanco a menos que lo pague, como se lo han insinuado quienes la escuchan, sale con un megáfono a pregonar la existencia de una herramienta que les servirá a sus paisanos para liberarse de la politiquería y la corrupción que cada cuatro años les pone precio a sus conciencias y los envilece. En Tunja, con un altruismo que raya en la locura, un matrimonio ejemplar que fabrica su propia publicidad y sale a repartirla a diario religiosamente hasta que cae la noche para pintar grafitis de voto en blanco en las piedras de las carreteras. La señora que pinta sobre su barriga en gestación un letrero que dice: Por él votaremos en blanco. Y como ellos, infinitos ejemplos en todo el país. Gente pintando con marcadores sus carteles, señoras finando en una ventana de su casa el logo de voto en blanco.  Todos voluntarios, sin pedir nada a cambio, movidos por un sentimiento y un deseo y la necesidad de trabajar por un país digno. Indignación gratuita, distinta a la que  otros congresistas logran hacer sabiendo que cada mes pueden cobrar un cheque de casi 25 millones, gastos de celular, vivienda y tiquetes para desplazarse a sus regiones, cinco primas al año, más camionetas pagas por nosotros para movilizarse. La gran diferencia es que muchos promueven indignación, hace años, con dinero de sus casas, de la comida, de los servicios públicos que a veces muchos dejan de pagar por hacer una pancarta. Los desplazamientos a las distintas ciudades corren por su cuenta. Lo que dejan de producir por salir a repartir volantes nadie se los repondrá jamás. La publicidad es hecha por cada simpatizante sin preguntar cuánto va a ganar. Saben que la ganancia es un país digno y justo para sus hijos, nietos, biznietos y generaciones que nunca conoceremos antes de morir.

Por eso nos molesta el acomodo y la incoherencia con la que algunos como el senador Robledo actúan. Hoy es el más acérrimo enemigo del voto en blanco pero en abril de 2013 fue quien encabezó junto con su partido el Polo Democrático, la campaña por el voto en blanco durante las elecciones atípicas en el Huila. Y les fue bien, ganaron en 7 municipios y la votación rondó el 39%. Entonces cuál es el miedo. ¿Por qué el voto en blanco en algunas ocasiones es bueno y en otras es malo? Maniqueísmo que hace daño y le resta credibilidad.

Lo mismo pasa con sus denuncias de corrupción. Muy buenas y se las agradecemos pero cuando su partido, el Polo Democrático con su alcalde mayor Samuel Moreno estaban robando, de la manera más ruin, a Bogotá, nunca inició una investigación, no se le conocen cartas de advertencia, hubo un silencio cómplice de él y de todos los miembros de su partido. Cero autocrítica. Claro, les daba miedo perder la Alcaldía de Bogotá y su poder clientelista. Tanto que ni el comité de ética se atrevió a tocarlo hasta que llegó la pírrica sanción de tres meses impuesta por el procurador.

Entonces, cuál es la incoherencia, senador Robledo. Persigue usted el voto en blanco como si fuéramos corruptos y lacras de la sociedad pero no dice nada ante corruptos como Samuel Moreno. ¿Por qué nos echa a sus votantes encima por ejercer nuestro derecho a la protesta pacífica con el pretexto de la debacle de las minorías? El umbral del 3% no es culpa del voto en blanco. Esa norma es fruto de una reforma que ustedes mismos aprobaron. Dejen de usar ese sofisma porque, con o sin voto en blanco, los grupos minoritarios que no alcancen los 450.000 votos que se tienen estimados van a quedar por fuera. Esa ley no la aprobó la ciudadanía, la aprobaron ustedes los congresistas. Además, el Gobierno les propuso unirse para bajar el umbral del 3 al 2% y ustedes los del Polo no apoyaron esa iniciativa.
Somos sociedad civil, sin aspiraciones políticas ni económicas que ustedes deberían estar defendiendo y aplaudiendo como demócratas que son. Ciudadanos cansados de la corrupción de las mayorías del Congreso y también de lo poco que ustedes han hecho en esa corporación, no porque no quieran, sabemos que voluntad les sobra, sino porque no los dejan. O. ¿cuántos proyectos de ley le han aprobado al senador Robledo en los 12 años que completa en el Congreso y que pronto serán 16? ¿Tenemos que esperar a que lleve 20 años en el Congreso para lanzar esta ofensiva contra todos los partidos? ¿Hasta cuándo debemos aplazar la revolución pacífica en las urnas? ¿Hasta que el 95% de congresistas reflexionen, le pidan perdón al país por sus fechorías y decidan apoyar sus iniciativas de cambio y de reformas políticas? Eso nunca va a suceder. Deberían sumarse a esta cruzada ciudadana y dejarlos solos, ayudarnos a quitarles la legitimidad, ponerlos a gobernar sin votos hasta obligarlos a escuchar a la ciudadanía. Igual con o sin ustedes roban, con o sin ustedes abusan, con o sin ustedes se pasan por la faja la Constitución y las leyes.

Si no estamos en lo cierto, a todos los candidatos éticos les preguntaría ¿Por qué no pudieron detener los ocho debates de ese engendro jurídico de impunidad llamado “Reforma de la justicia”? La respuesta es una sola: ¡Porque no pueden! ¡No tienen la fuerza! ¡No los dejan! ¡Los aplastan las mayorías corruptas del Congreso! ¿Entonces por qué se opone con tanto ahínco a que el pueblo aplaste con votos limpios a esas minorías que en el Congreso son mayorías y que los aplastan a ustedes con tanta facilidad? Si de verdad aman a su país y trabajan por él, como dicen en sus entrevistas, no deberían poner palos a las ruedas de una revolución de esta magnitud.

El llamado entonces, para que promuevan ideas y no desperdicien sus campañas atajando una revolución que no tiene punto de retorno. El pueblo está decidido a sacudirse de 200 años de indiferencia, 200 años de miedo, 200 años de pereza, 200 años de abusos de poder y saqueos a los dineros de la educación, la salud y el bienestar de los colombianos. Está el pueblo en su derecho de hacerlo. Está usando el pueblo su derecho a no creer y a temer un nuevo engaño. No vamos a seguir esperando a que ustedes logren hacer los cambios que anhelamos y necesitamos con urgencia. No otra vez.  Un triunfo del voto en blanco nos acercará a esas reformas y quizá las fuerce dramáticamente. Porque con un triunfo del voto en blanco en el bolsillo, la ciudadanía se volcará a la plaza a hacer respetar ese resultado y exigirá convertirlo en reformas.


Finalmente, para no caer en la misma práctica antidemocrática, respetamos mucho sus candidaturas y conocemos sus buenas intenciones, avaladas por acciones valientes, responsables y éticas del pasado. Tienen todo el derecho a ser elegidos y lo serán, no me cabe duda. No deberían dudar de su trabajo previo. De modo que si los lectores ven en ustedes un voto inteligente y responsable, no dudarán en marcarlo. De lo contrario, seguirán construyendo este discurso de inconformidad con la creatividad que requieren las grandes revoluciones. De modo pues, que sí hay por quién votar: Están ustedes, están los corruptos y está el Voto en Blanco. Esa es la postura democrática que todos deberíamos adoptar.

viernes, 14 de febrero de 2014

CARTA ABIERTA A TODOS LOS CANDIDATOS


CARTA ABIERTA A TODOS LOS CANDIDATOS

La Fundación Manos Limpias promotora de la campaña Colombia Vota en Blanco, los invita a reflexionar sobre los siguientes puntos:

1.La reelección presidencial en un país carcomido por el clientelismo y la corrupción, no es una figura democrática justa y equitativa que de garantías a otras opciones democráticas.

2. Con las serias denuncias sobre entrega de nuestras entidades públicas a decenas de candidatos que apoyan la reelección, se le está jugando sucio al país, a la transparencia y a todas sus campañas. Ustedes están en una vergonzosa desigualdad y desventaja frente a la candidatura  del Presidente Juan Manuel Santos.

3. Según denuncias de los medios, sus campañas estuvieron o están chuzadas por los organismos de inteligencia del Estado. Por menos, un presidente de los Estados Unidos dimitió en 1.974 (Richard Nixon, caso Watergate). Aquí se limitan a cortar cabezas de mandos medios militares para apaciguar los ánimos.

4. Si quieren aspirar en unas elecciones justas y equitativas, sin tener que enfrentar la poderosa y aceitada maquinaria oficial, los invitamos a retirar o a no inscribir sus campañas, ganar a Santos con el Voto en Blanco en la primera vuelta y repetir las elecciones con sus candidaturas en una segunda instancia como lo contempla la ley.

Esperamos reflexionen sobre estos puntos con la calma necesaria que amerita el momento histórico y demos una lección contundente al abuso de poder por parte de todos los gobierno de turno.

Un triunfo del voto en blanco sería un mandato ciudadano contra la figura de la reelección Presidencial.

domingo, 2 de febrero de 2014

POR QUÉ UN CONGRESO UNICAMERAL

POR QUÉ UN CONGRESO UNICAMERAL

Desde que aparecieron las redes sociales se vienen escuchando voces, cada vez menos aisladas, sobre la conveniencia de implementar en Colombia un congreso unicameral, es decir, eliminar la Cámara de Representantes o el Senado para rebajar, dramáticamente el número de congresistas, funcionarios desprestigiados que la gente asocia con corrupción, clientelismo, ausentismo, viajes inútiles, venta de votos al ejecutivo, privilegios exagerados, sueldos infames, maromas para favorecer a grupos económicos y multinacionales, y hasta con el crimen.

Hoy les expondré ocho razones por las que Colombia y su constituyente primario, o sea ustedes, que son los Jefes, los que mandan, deberían ir considerando la posibilidad de adoptar para nuestra democracia un sistema legislativo unicameral.

Primero. 117 de 185 naciones con parlamento se rigen bajo el sistema unicameral. En América lo tienen Perú, Ecuador, Venezuela, Costa Rica, Panamá, Honduras, el Salvador y la mayoría de países centro americanos con excepción de República Dominicana. Puerto Rico tenía una Asamblea Legislativa bicameral pero mediante un referendo realizado el 10 de julio de 2005, el pueblo votó a favor de un Congreso Unicameral. Procesos similares pusieron fin al sistema bicameral en Dinamarca en 1953, en Suecia en 1969, en Grecia en 1.975 y en Portugal en 1976. Pero el parlamento unicameral más fuerte, potente y prestigioso del mundo es el Inglés. La Cámara de los Comunes en Inglaterra es un buen ejemplo de cómo se puede legislar en un país con respetabilidad y eficiencia. Además de estos países Europeos, lugares donde prevalecen los derechos humanos, niveles bajos de violencia y corrupción y un excelente nivel de vida en sus habitantes, se rigen bajo el sistema unicameral buena parte de los países africanos y asiáticos.

Segundo. La existencia de dos cámaras hace lenta la expedición de leyes porque las dos cámaras se dedican a duplicar funciones cuando el problema de la reflexión, estudio y maduración de los proyectos se puede suplir con un doble debate en la misma Cámara. Así se hace en los países que han adoptado este sistema.

Tercero. Aunque este argumento debería ser el menos trascendental, porque con el mismo criterio tendríamos que reducir el número de magistrados y otros funcionarios, les mostraré las cifras de lo que significa el ahorro de dinero para el Estado si llegáramos a adoptar un Congreso Unicameral: Según estudios de la Fundación Manos Limpias, cada congresista, entre sueldo, prestaciones, vacaciones, alrededor de cinco primas anuales,  carros blindados, gasolina, escoltas con sus salarios y prestaciones, pensión millonaria, sede con internet, luz, agua y teléfono, 600 salarios mínimos al año de libre contratación para sus asesores, dotación de Ipad, computadores e implementos de oficina, cuentas de celular ilimitadas, 2 tiquetes aéreos semanales, vivienda, salud, alimentación dentro de las sesiones y plenarias, el precio que les paga la Registraduría por reposición de votos, sin contar el detrimento que le causan al estado cuando legislan para mafias y grupos económicos, le cuesta al Estado alrededor de mil novecientos cincuenta millones de pesos al año, es decir, 7.800 millones de pesos durante su cuatrenio. Esta cifra, multiplicada por 268 congresistas, nos arroja una cifra astronómica de 2.090.400.000.000 (Dos billones noventa mil cuatrocientos millones de pesos). Un mundo exagerado de dinero para unos personajes que solo trabajan 3 días a la semana, 12 días al mes, 8 meses al año.

Si tuviéramos un Congreso de 72 miembros, el ahorro sería de un 70% de esa cifra, es decir nos costaría 627.120.000.000 y nos ahorraríamos 1.463.280.000.000 (un billón cuatrocientos sesenta y tres mil doscientos ochenta millones) Dinero suficiente para condonar las deudas a los estudiantes pobres que un día tuvieron que ir al ICETEX con dos fiadores a que les prestaran dinero con intereses bancarios para poder estudiar. Sobraría para costear la universidad a 100 mil estudiantes, regalar otras 40 mil casas a las víctimas de la violencia o para dignificar la salud durante ese cuatrenio al que se refiere este ahorro. Si el Congreso fuera de 100 miembros, el ahorro sería de 63%, es decir, 1 billón, 316.952 millones.

Cuarto. Dado que menos políticos pueden acceder a una curul dentro de un Congreso pequeño, se puede cualificar la nómina exigiendo mayores requisitos a los aspirantes. Es una aberración, por ejemplo, que para ser Congresista en Colombia, no se exija ni siquiera el título de Bachiller. Junto con el de Guatemala, tenemos el único Congreso de América que no exige título profesional a sus legisladores. Esto redunda, claramente, en la mala calidad de las leyes. A un Congreso pequeño deberían llegar personas muy preparadas y muy capacitadas pues su tarea es, nada más y nada menos, que la de hacer las leyes que afectarán, en nuestro caso a 47 millones de personas. Más del 70% de los actuales 268 congresistas pasan por las cuatro legislaturas sin siquiera presentar una sola ley. Y ya vieron lo que nos cuesta.

Quinto. En nuestra idiosincrasia corrupta y teniendo en cuenta que con un Congreso Unicameral no se va a eliminar la corrupción, el Gobierno de turno tendría que entregar menos entidades a los pícaros que le hagan esa exigencia a cambio de sus votos. Ya vimos como en el llamado “Computador de Palacio” figuran varias decenas de parlamentarios a quienes les adjudicaron grandes partidas y entidades oficiales enteras, con licencia para hacer y deshacer (léase, saquear, quitar y poner)

Sexto. Al existir una sola cámara, los ciudadanos podemos ejercer un mejor y más eficiente control social sobre esas pocas cabezas parlamentarias. Podemos obtener mejor información de sus declaraciones de renta, de sus proyectos, de sus ausencias, de sus desmanes. Les puedo nombrar 200 congresistas ya mismo de los que ustedes nunca han escuchado hablar. Sencillamente porque van a cobrar su exorbitante salario, a ver qué negocio jugoso sacan, a ver cómo venden sus votos o los cambian por notarías o empresas del Estado, o en el mejor de los casos, a vegetar.

Séptimo. El Voto de las minorías, muchas de ellas con circunscripciones especiales como las negritudes y los indígenas, tendría un valor real mayor del que tiene en el sistema bicameral. Imaginen que en un Congreso de 72 miembros ellos tengan 8 curules. Estaríamos hablando de un 11.5% de las mismas. Distinto al actual sistema donde no representan ni el 0,5% de los votos.

Octavo. Se le quita poder de chantaje a los Partidos Políticos. Ya el Presidente de turno no deberá lidiar con casi tres centenares de personajes con distintos intereses sino con esos pocos que, ojalá, el pueblo tenga la inteligencia de elegir.

Obviamente, para implementar este sistema, se requiere de un acto legislativo que jamás, ni en sueños, aprobará el Congreso de la República. Por ellos incrementarían esa cifra a 400 legisladores, para que cupieran en ese recinto sagrado sus familiares y testaferros. Significa esto que solo durante un proceso constituyente se podría adoptar este sistema. Si lo llegara a haber, algo muy probable por la crisis institucional por la que pasamos, el proceso de paz de la Habana o una mayoría arrasadora de votos en blanco durante las presentes elecciones, habrá candidatos que adopten este discurso. Está en sus manos apoyarlos o no.

También aparecerán los detractores al sistema unicameral y, desde ya, les digo quienes son: Aquellos políticos que han hecho de esta actividad un negocio. Aquellos políticos que no tienen título profesional. Aquellos ambiciosos de poder que saben que se les reducen las posibilidades de llegar al Congreso. Los Partidos Políticos que verían reducidas sus arcas por cuanto la Registraduría debería pagar menos votos.

Y para los que lleguen a pensar que 72 miembros son muy pocos, les recuerdo que la actual Constitución, que consta de 366 artículos, fue diseñada, discutida y aprobada por 72 Constituyentes en un lapso de 6 meses. Eso sí, bien trabajaditos.

Y si nos ponemos a pensar el Estado, en serio, como el ente que tiene la obligación de generar progreso y bienestar a sus habitantes (léase, educación gratuita y de calidad, Salud digna, empleos bien remunerados y seguridad ciudadana, entre otros), en próximas columnas les puedo demostrar que, con el fortalecimiento de los municipios, también sobran todas las gobernaciones  y asambleas departamentales con su corrupción ineficiencia y oneroso costo. Dinero con el cual podemos fortalecer esas deficiencias que nos hacen cada vez un país rico para los ricos pero atrasado y sin oportunidades para los pobres.