martes, 15 de enero de 2013

La educación sexual en Colombia


El caso John Franco, padre de Alison Brigitte


A Raíz de la denuncia penal instaurada por el ICBF contra el padre de Alison Brigitte, la niña raptada y luego devuelta, unos dicen que por la policía y otros que por la acción voluntaria de su secuestradora, y también de una noticia aparecida en el periódico El Tiempo de hoy, según la cual, en dos años hubo 8.664 embarazos en menores de 14 años, urge embarcarnos en una discusión sobre el embarazo prematuro. http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/secuestro-de-bebe-alisson-brigitte-franco-menores-embarazadas-en-colombia_12514401-4

Alcanza a molestar que el ICBF se ensañe  a desintegrar una familia que acaba de ser víctima de un secuestro. Una familia establecida, organizada, conformada por una mujer, una hija y un hombre que, en términos coloquiales, como decían las abuelas, está respondiendo. Y todo porque, claramente, el padre de la niña, John Franco tiene 27 años y la madre de Alison 14, lo que supone que gestó su hijo promediando los 13. A la luz de la ley y de la jurisprudencia de la Corte, una edad en la que Katherine Gallego, la madre de Alison no podía decidir si su relación era consentida o no, luego se debe considerar la existencia de abuso sexual por parte de su esposo.

Bueno que se cumpla la ley, pero la ley no puede ser tan ingenua de fijar un límite a los sentimientos y deseos sexuales de una persona. Uno no puede pedirle a una mujercita que sienta deseos sexuales sólo a partir de los 14 años y un día. Ese efecto biológico de las glándulas endocrinas y las feromonas enviando impulsos y estímulos sexuales, que hizo estragos en nuestras abuelas, muchas de las cuales se casaron a los 13 y a los 14 años, no es susceptible de controlar mediante una jurisprudencia.

Urge entonces, una campaña educativa para evitar, no relaciones sexuales, eso es imposible, no seamos hipócritas, (si hubo casi 9 mil embarazos en dos años quiere decir que hubo decenas de miles de relaciones sexuales prohibidas), sino una campaña educativa convincente y a gran escala para que las niñas traten de empezar su vida sexual a una edad responsable o, cuando menos, aprendan a evitar un embarazo. Una campaña también para que los jóvenes sepan que si se meten con una menor, así sea ella la que tome la iniciativa, como en algunos casos, están violándola no sólo a ella sino también a la ley y que eso acarrea cárcel. Estoy seguro que muchos no lo saben y también que muchos, aún sabiéndolo, no consideran los alcances de la norma en momentos de intimidad cuando apremian sus deseos. Porque todos los organismos son distintos y habrá quienes sientan deseos sexuales a los 13, o 14 años como también los que los sientan a los 18 o nunca. Esto no lo determina una Ley.

Y no es que me oponga a que John vaya a la cárcel. Si cometió estupro ante los ojos de la ley, debe ser castigado. Lo que me aterra es, por un lado, que el ICBF se ensañe contra un joven de 27 años que está al frente de su hogar y de su hija, habiendo tantos que también abusan de la menor pero se van para siempre dejándola embarcada en esa empresa terrible, cual es la de criar un hijo a tan temprana edad y con tan escasos recursos y para quienes la ley no existe, salvo que se ganen el baloto de la popularidad o los 15 minutos de fama que le correspondieron, en este caso, a John, despertando la “rectitud” de algún funcionario ávido de protagonismo.

De otro lado molestan  las desproporciones de nuestra justicia pues, por ese delito, que seguramente John no cometió dentro de su ignorancia e idiosincrasia popular, el joven enfrenta una pena entre 12 y 20 años. Pena cruel y exagerada si se tiene en cuenta que, Paramilitares confesos de las más horribles masacres y mutilaciones múltiples sólo pagan en este momento entre 5 y 8 años en virtud de la ley de justicia y paz y guerrilleros, muchos de ellos autores de crímenes de lesa humanidad, no pagarán un solo día de cárcel en virtud de la ley marco para la paz.  Ni qué decir de corruptos a los que la justicia consiente con penas en su casa o en la calle. O algunos, como Julio Gómez y Emilio Tapia, con los que negocia, casi humillada, su tipo de delito, el monto de la pena o el lugar de reclusión. O como los benefactores de subsidios fraudulentos de  Agro Ingreso Seguro a quienes nunca envió a la cárcel, por ejemplo, los miembros de la familia Dávila.

Pero John es del montón. Para ellos se hizo la ley, y hay que aplicársela toda, para que sirva de escarmiento, por un lado y, por el otro, para demostrar que la nuestra es una justicia severa, seria, valiente.  Así como cuando condenaron al hincha de un equipo de fútbol a 21 años por una puñalada o al ladrón de caldos de gallina, o al joven que tocó las nalgas a una mujer en TransMilenio.  Luego el mensaje subliminal que envía la justicia es el siguiente. Sea muy asesino, sea muy terrorista, robe mucho, soborne mucho y tenga amigos poderosos si quiere que lo saquemos rápido del problema.

De modo que para Alison Brigitte y para su joven madre, recién parida y atormentada por su secuestro de 21 días, John es el jefe del hogar, el que responde, el que consuela, el que les da amor, pero, para la justicia es un violador abominable que hay que mandar a pudrir a una celda de donde, a juzgar por la nula acción resocializadora de las penitenciarías, saldrá convertido en un avezado criminal, graduado con honores en esa universidad del crimen en que están convertidas las cárceles. 

Sé que a los abogados y legalistas esta entrada les caerá terriblemente mal y los entiendo, pero a las personas de sentido común les hará cuestionarse sobre si las leyes pueden más que la naturaleza humana. 

Para ponerme en los zapatos de la justicia, también imagino el escenario en que no se ponga un tope al inicio de las relaciones sexuales y me aterra pensar que pueda pasar legalmente lo que está pasando hoy en miles de escenarios clandestinos: Niñas de 10 y 11 años embarazadas. !Qué horror! Y no sólo por el embarazo lo que supone niños criando niños, sino también las enfermedades y carcelazos que puedan acarrear esos actos sexuales prematuros.

Entonces sólo hay un camino: Más educación y más acción del Estado en la formación de padres de familia empoderados de la educación sexual de sus hijos. Qué tal una materia obligatoria en los colegios que se llame: !O usas condón o te jodes!