NEGAR LA TRIBUTARIA ES CRIMINAL

Por Gustavo Bolívar Moreno

Negar la tributaria en el país más desigual del continente es un crimen. Hay cifras que no deberían dejarnos dormir. Cifras que deberían taladrar la conciencia. Pero en Colombia nos hemos acostumbrado a vivir con lo intolerable. El planeta entero está atrapado en una brutal concentración de riqueza: el 1 % más rico posee casi la mitad de todo lo que existe, mientras miles de millones sobreviven en la pobreza.

Pero si la desigualdad global es brutal, Colombia es su caricatura más descarnada. Somos ese laboratorio perfecto donde las élites económicas, políticas y mediáticas han experimentado por décadas sus recetas, una tras otra, con quirúrgica precisión para conservar privilegios. El resultado es el país que todos conocemos y padecemos: uno de los tres más desiguales del planeta, según (PNUD, 2025) con un coeficiente de 54,8 en el índice Gini, lo que nos mantiene, merecidamente, en la cima de la vergüenza mundial y obviamente continental donde países más pobres como Haití, Honduras o Bolivia son menos desiguales.

Esto nos convierte en un país donde superar la pobreza, según la OCDE requiere de once generaciones; un país donde la riqueza no solo está mal repartida, sino blindada jurídica y políticamente. Nada de esto es casualidad. Es diseño.

Décadas de gobiernos de derecha construyeron un modelo hecho a la medida de las élites económicas: leyes a la carta, exenciones fiscales para los más poderosos, una estructura tributaria que recauda poco, mal y casi siempre de los mismos, la clase media, y lo que es peor, gracias a Gaviria y a Uribe, el país a donde los pobres con sus cotizaciones obligatorias a pensión triplicaron el capital de los más poderosos quienes se apoderaron, con la ayuda de aquellos, de los fondos de pensión que hoy tienen cerca de 500 billones para invertir en lo que les de la gana. Y quieren mantener el privilegio. 

¿Acaso creen que la férrea y casi criminal oposición de la Corte Constitucional a la Reforma Pensional que les merma los ingresos a los Fondos, surge de una postura técnica o que las demandas de Paloma Valencia contra esa reforma son porque la Cámara no debatió suficientemente el articulado? No me hagan dar risa. Imaginen lo que pueden comprar con una caja de 500 billones de pesos. Nada más estén pendientes de quién les financiará sus futuras campañas y hablamos.

Además, para seguir blindando sus ingresos obscenos, ponen sus medios a sembrar narrativas. Una de ellas que el Gobierno se va a gastar el ahorro de los obreros, cosas que no toca la Reforma en ningún artículo. O que en Colombia se pagan muchos impuestos y que por eso las empresas se van a ir en masa. Mentiras. Colombia, dentro de la OCDE, es el país que menos tributa en relación con su PIB. Mientras en los países de la OCDE el promedio de tributación bordea el 34% del PIB, en Colombia apenas llega a alrededor del 19%. Sin embargo, los medios (para eso los compraron las élites que quieren conservar privilegios exenciones y bajos niveles de tributación) nos enquistan la idea de que en Colombia se pagan muchos impuestos. No es verdad. Somos los que menos tributamos porque tenemos una clase política que nunca gobernó para el país sino para sus patrones. Y esto no lo digo en sentido metafórico. Lo digo literal: buena parte de las reformas tributarias, pensionales y laborales de las últimas décadas fueron redactadas o influenciadas por técnicos, abogados y congresistas financiados por las élites económicas. Y hasta redactadas por ellos.

El Congreso, financiado por los mismos grupos económicos que se benefician del sistema, aprobó una tras otras, reformas tributarias escritas por tecnócratas al servicio de los grandes gremios, protegió exenciones para monopolios, y se aseguró de que los impuestos nunca tocaran la cúspide del poder.

El resultado: una desigualdad que no es un defecto del sistema, sino su combustible.


La ruptura del guion

En medio de esa inercia histórica llegó un gobierno que no venía arrodillado ante nadie: el Gobierno de Gustavo Petro. No un gobierno perfecto, pero sí uno que se atrevió a tocar lo intocable: la raíz de la desigualdad.

Y lo hizo con hechos:

1. Más de 700.000 hectáreas de tierra entregadas a campesinos. En un país donde la desigualdad nació en la tierra, redistribuirla no es simbólico: es revolucionario. Por primera vez en décadas se tocó la estructura agraria que mantiene la pobreza rural intacta. El índice Gini de tierras era más grosero aún, antes de Gustavo Petro. Da hasta vergüenza escibirlo: 0,89. Es decir, el 1.1% de las personas era dueña del 100% de la tierra productiva.

2. Un bono pensional medio decente pero tres veces mayor al que se paga actualmente, para más de 3 millones de adultos mayores en extrema pobreza. En un país que condenó a sus viejos a rebuscar hasta el último aliento, este bono significa dignidad, alimento, reconocimiento. Impacto directo en la reducción del Gini.

3. Tres años de aumentos consecutivos del salario mínimo real que se ha elevado en 37,6% en tres años y que, con el 10% anunciado para 2026, puede significar que casi la mitad de lo que gana un trabajador desde hace décadas, fue logrado en el primer cuatrienio de un gobierno progresista.

Durante décadas se nos repitió que “la economía no lo resistía”. Resultó que lo que no resistían eran los privilegios: por primera vez, el ingreso de los trabajadores creció más que la inflación, moviendo la base de la pirámide hacia arriba, disparando el consumo y enriqueciendo aún más a los empresarios. Nada de esto es asistencialismo, es justicia social, es reparación histórica.

¿Puede bajar el Gini? Sí. Pero hay que pelearlo.

Si Colombia sigue este camino —tierra distribuida, pensiones dignas, alza del salario real, tributación progresiva, educación gratuita— podrá romper por fin el círculo vicioso que la mantiene entre los países más desiguales del mundo. Pero para eso debe enfrentar el obstáculo que siempre ha frenado los cambios: el poder político de quienes se benefician del statu quo. Es decir, continuar con el gobierno del cambio, ganar las elecciones de 2026.

Y aquí aparece la pregunta que no podemos evitar:

¿Por qué, si somos el tercer país más desigual del planeta, el Congreso se niega a aprobar la reforma tributaria del Gobierno Petro, que ni siquiera es para gastarla durante este gobierno?

La respuesta es tan simple como incómoda: porque transformar la tributación colombiana es, literalmente, tocar los bolsillos de quienes financian la política colombiana, y porque no les interesa que Petro entregue el gobierno con una cifra de déficit fiscal más baja. De nuevo el cálculo político prima sobre el interés general.

Los congresistas que hoy se oponen a una reforma progresiva no votan en nombre del interés general: votan en nombre de las empresas y familias que han pagado sus campañas durante décadas. Votan por los gremios que reciben exenciones millonarias. Votan por los mismos monopolios que cada año deducen de impuestos lo que deberían aportar a la nación.

Para dejarlo claro: buena parte del Congreso colombiano le debe su curul a quienes serían los más afectados por una reforma tributaria progresiva. Es el conflicto de interés más grande —y más tolerado— del país.

A esto se suma un hecho gravísimo:

la única reforma tributaria que Petro logró aprobar fue mutilada por la Corte Constitucional, que tumbó el artículo que impedía a las multinacionales petroleras y mineras deducir las regalías del impuesto de renta. Otro triunfo de los poderosos.

El efecto de esa decisión fue devastador:

Las grandes compañías siguieron descontando regalías como si fueran un gasto operativo, reduciendo al mínimo lo que deben pagarle al país. Implica que sus enormes pasivos ambientales y laborales deben ser asumidos por municipios que quedan arrasados después de ser explotados durante décadas.

Es decir: la misma justicia que debía proteger el interés público terminó reforzando el interés privado. Es una constante.

Con ese precedente, ¿qué hace ahora el Congreso?

Lo que siempre ha hecho: atrincherarse del lado del privilegio. Negarse a discutir seriamente una tributación progresiva. Bloquear cualquier intento por hacer que quienes más tienen aporten proporcionalmente más. Defender, bajo el argumento de estabilidad económica o excesivo gasto del ejecutivo, un modelo que solo garantiza estabilidad para los de arriba.

La razón es simple:

Colombia no cambiará su estructura tributaria mientras la política sea propiedad privada de quienes viven de esa desigualdad. No es casualidad que aquí un multimillonario pague, proporcionalmente menos impuestos que un asalariado de clase media. No es casualidad que ese mismo ultrarico pague el mismo IVA del 19% cuando compra una lavadora que el 19% que paga un pobre por la misma lavadora y a cuotas con intereses de usura que le cobra el mismo poderoso cuando es dueño del banco. No es casualidad que la tierra —esa herida abierta desde la Colonia— siga concentrada como en tiempos de La Encomienda. No es casualidad que las grandes empresas tengan beneficios tributarios que equivalen a varias reformas sociales. Según el ministerio de Hacienda hay 266 exenciones tributarias.

Colombia no es desigual por accidente. Es desigual porque así fue diseñada. Esto nos lleva a concluir que la desigualdad es un proyecto político de la derecha para mantener en pobreza e ignorancia a las masas que las enriquecen. Pero llegó el contra peso porque ahora la equidad se vuelve también y por fin, en un proyecto político que apenas empieza.

El Gobierno Petro es el primero en décadas que intenta invertir esa ecuación. Y por eso recibe la resistencia feroz de quienes llevan siglos mandando.

La pregunta no es si Colombia puede bajar el Gini. Claro que puede. La pregunta es si los que viven de la desigualdad lo permiten y quienes la sufren vuelven a elegirlos o reventarán las cadenas para construir un país donde todos quepan. Por eso resulta muy importante saber si el pueblo se puede sacudir de la manipulación mediática y recobra la fuerza para imponerse nuevamente. Porque la equidad —como la justicia— no cae del cielo. Se conquista. Se defiende. Se pelea en las calles… Y este es el momento de pelearla nuevamente en las urnas. !El momento de volver a ganar!

 


Comentarios

  1. Vamos con toda, vencer o morir

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    1. Interesante amigo Bolivar,si fuese mas resumido sacaría unas cinco mil copias para dárselas a los viejitos poco letrados en 3 anillos de pobreza en Cartagena: Mandela,el Pozon, Obama Herrera..(sarabanda)..un mercado de compra de votos a 40 mil...y VICENTE BLEL LO SABE.

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    2. Es buena idea eso de ponerlo en un lenguaje más legible para la gente. Por qué no te le mides a hacerlo. Se justifica plenamente.

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  2. Amelia Mantilla Narvaez7 de diciembre de 2025 a las 16:40

    Para agradecerle sr Bolívar M. Muy buena síntesis de una realidad en Colombia.

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  3. La ausencia de una democracia en Colombia desde hace más de 25 años, instaurada por partidos políticos tradicionales, es óbice para disminuir los niveles de desigualdad social; Debido a que estás clases políticas s solo han contribuido a llenar sus propias árcas a través de la corrupción. Generando más pobreza a través de sus reformas laborales. Tributarias, a la salud. Pensionsles y hasta la propia reforma a la justicia donde les dan casa por carcel a los corruptos de cuello blanco

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  4. Dar claridad del presente y acudir al pasado para comprender lo sucedido, nos permite tener más y mejores argumentos. Avanzar, resistir y persistir. Gracias

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  5. Muy buena reflexión, pero los pensionados de los fondos privados que fueron engañados con falsas promesas de rentabilidad q permitirían pensiones dignas no ven ninguna acción del gobierno que los proteja, ejemplo de ello fueron los aumentos miserables en las pensiones de 2025, entonces queda la sensacion que en épocas electorales todos hablan de desigualdad, pero finalmente nadie hace nada. ojalá se vean cambio futuros que permitan alcanzar mayor igualdad en este bello país, permeado por la corrupción de quienes ostentan el poder, de cuya práctica se salvan unos pocos, que de verdad quieren el bien de la comunidad por encima de intereses personales. Felicidades y adelante con su proyecto político sin de enviar el rumbo.

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    1. Tanta carreta insulsa, barata y muy poco cierta para decirle a Colombia que la solución a todos sus problemas económicos consiste simplemente en que los ricos paguen IVA, impuestos y demás, pero los "pobres" NO
      Tampoco explica Gustavito como diablos lo haría sin causar un tremendo despelote fiscal.
      Hablar es fácil. Hacerlo es otra cosa.

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  7. Gracias, muy buen resumen. He escrito un texto sobre el mismo tema, pero me alegra que Gustavo Bolívar logre comunicarlo en un lenguaje más sencillo que el que yo uso como economista.

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  8. Gracias Orlando. Tu eres economista y yo comunicador. Buen complemento

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