viernes, 16 de diciembre de 2011

El Jet Set de la corrupción

Primera cara de la moneda: Un hombre roba un cubo de caldo de gallina y enfrenta una pena de dos a seis años. Un hombre toca las nalgas a una mujer en Transmilenio y es condenado a 4 años de prisión. Un joven roba un celular y es condenado a 8 años de prisión. Un señor paga con un billete de 50 mil pesos falso, y recibe 8 años de condena. Un hincha de Santafé apuñala a un hincha de Millonarios y es condenado a 21 años de Prisión por tentativa de homicidio. Un borrachín se pasa un semáforo en rojo y atropella de muerte a dos transeúntes y por ello recibe 16 años de cárcel.


Muy bien por esas condenas. Que los pasajeros aprendan a respetar a las mujeres, que los ladrones y falsificadores sepan que habrá mano dura para sus actos delictivos, que los fanáticos entiendan que el fútbol es un deporte y no un motivo para agredir al contrario y que los borrachines entiendan que al volante son asesinos en potencia acabando con la vida de inocentes. Viva la justicia y vivan esos jueces que por televisión aparecieron sacando pecho frunciendo el seño en señal de bravura y vociferando que “el que la hace la paga” y que “nuestra justicia está para aplicarse”.

La otra cara de la moneda: Alias el Tigre, y otros 30 mil paramilitares, confiesan haber participado en masacres, como la de El Salado y otras más, donde murieron miles de personas, algunas descuartizadas, algunas impúberes, otras en estado de embarazo y todas en estado de indefensión. Por ello reciben el beneficio de la “Ley de Justicia y Paz” lo que supone para estos angelitos, penas de entre 5 y 8 años.  Los Primos Nule, multimillonarios contratistas, corruptos a morir, que según la contraloría subscribieron más de 2.000 contratos con el Estado en 10 años (Sólo imaginen la forma en que los ganaron) y que acabaron con media ciudad tragándose los anticipos y abandonando las obras, haciendo incurrir al Distrito y a otras entidades territoriales en sobre costos multimillonarios son condenados a 7 años de prisión. Andrés Felipe Arias, ex ministro de Justicia, regala miles de millones de pesos a una lista de multimillonarios hacendados y terratenientes con la macabra intención de que estos le devuelvan una parte del obsequio para su campaña presidencial. Por todos los delitos que cometió en el ilícito y aunque está pendiente de juicio, se presagia una condena de máximo 6 años y una feliz reclusión en la suite de un batallón. Samuel Moreno, alcalde de Bogotá, a quien un millón de personas elegimos con la esperanza de mejorar nuestra ciudad, se la entrega a los corruptos y, según la fiscalía, se embolsilla 15 mil millones de pesos para él y para su hermano Iván y también recibe como sitio de reclusión una confortable habitación en un conjunto de viviendas militares.

Por no mencionar el caso de docenas de congresistas que han participado en masacres, desplazamientos forzados, desapariciones, robos al erario y cuyas condenas en promedio no sobrepasan los 6 años, en condiciones de comodidad inusuales en cualquier régimen carcelario del mundo y con permisos extramuros cada que les venga en gana o cuando logren certificar, con trampas, horas de estudio y de trabajo dentro del "penal". Y qué decir de aquellos que aparecen en escándalos todo el tiempo, viven y respiran en función de sacar provecho del erario como los Dávila, y nunca ven una tarjeta, ni siquiera amarilla de la justicia.

¿En qué se diferencian las dos caras de la moneda? En que los primeros, la cara de la moneda, son pobres, no tienen amigos en la Fiscalía y en las Cortes. No tienen cómo hacer favores, no influyen para nada en el transcurrir de la vida política. No tienen plata para sobornar. No tienen quién los defienda. No son amigos de expresidentes ni de periodistas ni saben secretos de quienes los juzgan. Son los famosos “excluidos”. Por eso les aplican, y así debe ser, todo el peso de la ley. Estos no recibieron educación suficiente ni necesaria y para ellos, seguramente no hubo nunca una oportunidad de empleo digna. Y seguramente, cuando fueron a estudiar a la universidad los mandaron a gestionar un préstamo con intereses al ICETEX y no lo lograron por falta de fiadores. Ellos no conocen de principios de oportunidad, habeas corpus, ni tienen dinero para pagar bufetes de abogados. Son los verdaderos "Don nadies"

En cambio los segundos, el sello de la moneda, son los consentidos de un Estado diseñado y administrado por corruptos. Son los amigos de los amigos, los poderosos, los acaudalados, los recomendados por, los elegidos, los que mandan, los dueños del poder, los amigos de los periodistas y directores de medios que desde sus editoriales muchas veces los defienden y ensalzan. Son los egresados de las mejores y más costosas universidades del país y el exterior. Son el Jet Set de la corrupción. Los inmunes, los que reciben el principio de oportunidad que no es otra cosa que una siniestra puerta abierta a los delincuentes principiantes para que gasten una carta de impunidad que les regala el garitero. Esta recua de delincuentes de cuello blanco son los causantes de toda, escuchen bien, toda nuestra violencia. Ellos se roban el presupuesto nacional, los recursos de la educación, los recursos de la salud, los recursos de la vivienda pobre y los recursos destinados a generar empleo. Sin embargo, como ellos hacen las leyes y las diseñan a su medida para delinquir con el menor riesgo jurídico. Ellos, jamás reciben todo el peso de la ley como sí lo reciben los, también asquerosos delincuentes, que no pertenecen a este selecto club de hampones disfrazados de “decentes equivocados” o juzgados injustamente por haber interpretado mal una norma de contratación.

Son irrisorias las penas que reciben los privilegiados, los consentidos de la justicia, sin contar con el régimen de rebaja de penas que habitan en nuestros códigos y que se constituyen en nuestra gran vergüenza. En términos prácticos, una condena de 14 años como la de los Nule se convierte fácilmente en 4. ¿Cómo? Por cada 3 días de trabajo les rebajan uno de condena. Por cada 3 días de estudio les rebajan otro de condena. Por confesar les rebajan una sexta parte de la condena. Por delatar a otros les rebajan otra parte de la condena. Por solicitar el adelantamiento de juicio les rebajan otra sexta parte de la condena y así sucesivamente hasta llegar a los 36 meses de prisión cuando todas, todas las penas se vuelven excarcelables. ¿Así o más vergonzoso?

Luego el mensaje de la justicia es claro. Si quiere penas cortas, robe pero robe en billones y engrase las manos de sus amigos, de jueces, fiscales, procuradores, periodistas, compre testigos, compre certificados de estudio y de trabajo dentro de las prisiones. Si quiere penas cortas mate pero mate miles. Si mata miles puede arrodillar al Estado y a los presidentes ávidos de mostrar resultados ante la prensa. Porque si roba poquito, o mata o apuñala a una sola persona estará en riesgo de que los jueces, nuestros valientes jueces de la República les apliquen penas ejemplares para acallar las críticas sobre su laxitud.

Y ni qué hablar de la politización de la justicia, es decir de los fallos proferidos de acuerdo con el sesgo político e ideológico de los jueces. Todo producto de la polarización a la que nos sometieron los líderes de las facciones de extrema derecha y extrema izquierda que para infortunio del país han hecho carrera entre quienes no cuentan con criterio propio y se prestan como escuderos de gestiones y filosofías radicales que acrecientan el odio entre los colombianos.

Finalmente, la nula e inexistente separación de poderes. Con la Reforma de la Justicia aprobada el 15 de Junio, estos poderes están más unidos que nunca y son más solidarios que nunca. ¿Con qué autoridad moral van a juzgar las altas cortes a los Congresistas que les dieron la gabela de devengar, en promedio más de 2.000 millones en cuatro años más de magistratura?  Porque nada más dañino que un Congreso comprando a sus jueces con estas prebendas. 

Para destacar, la desaparición de la Comisión de acusaciones compuesta por Congresistas investigando a sus mismos congresistas. Añoraremos a esa Corte Suprema de Justicia, independiente que tiene a 60 miembros en la cárcel y a 160 investigados por corrupción, masacres y otros delitos. Los añoraremos porque a partir de la aprobación de la Reforma a la Justicia los Congresistas estarán blindados ante la justicia y ante los que imparten justicia. Apague y vámonos, habrán completado, estos cuestionados padres de la patria su gran obra maestra, cual es la de, asegurarse la impunidad a sus delitos. Porque los hechos están demostrando que se eligen para delinquir, muy pocos, porque los hay, para trabajar por el país.

Por todo esto, por tener una justicia primero inoperante (nuestros niveles de impunidad rondan el 85%) segundo laxa, tercero selectiva, cuarto politizada, quinto arrodillada y sexto inestable en las penas, es que robar paga, matar paga, delinquir paga. Sólo cuando tengamos una justicia respetable, los delincuentes, los de cuello blanco, los de poncho, los de botas pantaneras y los de cachucha pandeada, empezaran a respetar las leyes y de paso empezarán a respetarnos a nosotros, los hasta hoy, espectadores mudos de todo lo malo que sucede en el país.

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